domingo 8 de noviembre de 2009

ME PUBLICAN!


La historia fue así. Hace un tiempo, me llegó un mail de la Editorial Raíz Alternativa invitándome a participar de un concurso sobre narrativa.

Decidí enviar tres cuentos, el día límite en el que cerraba la fecha de participación. Pues bien, hace pocos días, desde la misma editorial, me enviaron a mi casilla el siguiente correo:

Estimado Escritor/a Uriarte, Germán:

"Me dirijo a ud. con sumo agrado, a fin de comunicarle que nuestro jurado ha preseleccionado sus obras (NELY - MILKWAUKEE - ARBITRARIEDAD) para que sean incluidas en la XXXIX antología «Latinoamérica Escribe».

De un total de 415 participantes, ud. ha sido preseleccionado por considerarlo nosotros entre los 105 mejores autores. El propósito que nos lleva a realizar esta labor, es dar a conocer a los nuevos poetas y narradores, valiosos artistas que generalmente se pierden en el anonimato.

La tirada del libro será de aproximadamente 2050 ejemplares y la posibilidad de distribuirse en bibliotecas y entidades de bien público, Talleres literarios, Encuentros culturales, Envíos postales a escritores de anteriores certámenes; entregas en Casas de Provincias, Donaciones a Escuelas, etc...”

Así que voy a ser traspasado a papel, junto a otros escritores sudacas -como yo-. Me corresponden 8 páginas de la obra en cuestión, que sale a principios de abril del 2010.

En fin, como diría Cerati en alguna entrega de los Premios Gardel: "A todos los que les hice creer la ilusión de que soy bueno. Los engañé."

Pero ahora ya es tarde. La cagada ya está hecha. Voy a ser publicado por primera vez. Pierdo mi virginidad literaria días antes de cumplir 25 años. Y estoy contento por eso.

Muy contento por eso.

Bueno, en realidad… no tanto. Sólo lo normal.

Les confieso algo. En momentos como este, suelo decir algunas frases genuinas que tiran clichés verborrágicos de índole demagógicas. Por ejemplo, digo cosas como "Los quiero mucho".

Pero a la brevedad, vuelvo a caer en la trampa de la honestidad brutal que desemboca en el sincericidio. Así que… en realidad, no los quiero tanto.

Pero les estoy eternamente agradecido.

El autor.

domingo 1 de noviembre de 2009

CASAS, BURTON Y EDWARD BLOOM


Qué querés para tu vida, es una buena pregunta para hacerse justo a tiempo. En realidad, la retórica toma esa forma cuando las decisiones importantes corren por tu propia cuenta. Antes, la misma incertidumbre se escondía bajo formas más sutiles.

Recuerdo la etapa de mi jardín como si fuera ayer. El 907 en la intersección de Rodríguez Peña y Lavalle. El olor a tilo y la arena en las zapatillas. Mis compañeros y yo en ronda, y las maestras preguntándonos qué queríamos ser cuando fuéramos grandes. Recuerdo también la mayoría de las respuestas girando entre policía, bombero o la profesión que ejercieran nuestros respectivos padres de turno.

A mí, designar que quería para mi vida siempre me dejó pensando. Debe ser por la antipatía a las profesiones comunes o por la ausencia de mi viejo, al que nunca tuve como referencia en nada.

Después salía de ahí y estaba ella, mi abuela, impecable, para cruzar la calle y llevarme a su casa hasta las 9 de la noche. Supongo que eso de cortarme solo y apelar a la independencia lo mamé ahí, forzado por la rutina de mi infancia, que puede traducirse de la siguiente manera: me levantaba a las 7 y como mi vieja tenía que trabajar me dejaba en la casa de mis abuelos, de 13 a 17 iba al jardín, y de ahí, vuelta a la casa de mis abuelos, hasta que se hicieran las 9 de la noche y me pasaran a buscar para volver a casa. Al otro día, símil. Lo que variaba era el clima.

Así que, como quien no quiere la cosa, empecé a ejercer el autismo a temprana edad. Siempre forcé la imaginación porque al estar rodeado de dos personas lo suficientemente grandes como para jugar conmigo, tenía que mantener la cabeza ocupada en algo. Se sabe, el medio condiciona a la especie.

Hace poco, releí Ensayos Bonsái, y es asombroso como no dejo de mimetizarme con algunas de las cosas que Casas escribe de los tiempos en que con sus amigos de Boedo, se pasaban las horas tratando de comprender el mundo en el que vivirían. Y dice Kaspar Houses: “rápidamente, de este lado del río, nos pusimos de parte de los locos, los delirantes, aquellos de quienes se contaban historias fantásticas que nosotros repetíamos porque, entre otras cosas, no queríamos ser como nuestros padres”. Amén.

En fin, una sugestiva aproximación a nuestro objeto de estudio, podría llegar a arrojar esta primera conclusión:: la importancia de lo que queremos para nuestra vida se metamorfosea en una decisión importante, cuando la pregunta pasa de la plebe a la propia conciencia. Es decir, del plural de la tercera persona al singular de la primera.

Pero gastemos otra bala en el flashback. A veces, ese mundo alucinatorio -pero más prometedor que el real- se desprendía de los dibujitos que consumía en las meriendas, otras, eran situaciones forzadas. Lo cierto es que en esos letargos virtuales empecé a responder la pregunta de lo que quería para mi vida.

En “El Gran Pez” de Tim Burton, el personaje central, Edward Bloom –interpretado en diferentes momentos de su vida por Ewan McGregor y Albert Finney- recibe la visita de su hijo, que llega desde Francia para pasar junto a él, los últimos días de su vida. Billy Crudup –el hijo en sí- reniega de la forma de interpelación que su padre eligió para su vida con él. Es decir, no le cree ninguna de las fábulas que éste le cuenta, hasta que empieza a descubrir que las mismas no eran productos de la imaginación de su progenitor, si no la realidad en sí.

La película tiene mucho que ver con la vida del propio director. De chico, Burton vivía en un pueblo chato de California, llamado Burbank. Para evitar empezar a cocinarse a fuego lento por la vorágine californiana, Tim construyó mundos paralelos con historias fantásticas que se destacaban, precisamente, por su completo y total desinterés por el realismo.

Comentario al margen: es igualmente de llamativo como el ser humano se identifica con las manifestaciones artísticas, que a posteriori creen que representan un aspecto –o varios- de su personalidad. Yo me acabo de dar cuenta que soy Burtoniano a full. Que me importa un bledo el realismo.

Pero volvamos a la película. Para mí, el verdadero acierto de “El Gran Pez” es la delgada línea roja que separa a lo real de lo ficticio. La realidad es mucho más compleja que la ficción, dijo alguna vez, Sherlock Holmes. Y a esa afirmación, Burton le encuentra el punto G.

Y alega Burton sobre estas cuestiones: “Lo que es real y lo que no es real, especialmente cuando vas a los recuerdos y a las historias de la infancia, es muy difuso”. Letal.

Hace un tiempo, tuve la suerte de entrevistar a Casas y me confirmó en persona algo que una vez leí en Ensayos Bonsái, bajo la forma de un viejo adagio oriental. Dijo el Spleen de Boedo: “Me di cuenta que no necesito tener muchas cosas, que tenés que liberarte de los apegos, eso te mata. Me di cuenta que aprendí a vivir con lo esencial”.

A mí, eso me pareció notable porque me di cuenta que el tipo piensa y vive como escribe y eso no es común a todos los escritores. En ese sentido, Casas –a pesar que sostenga que no tiene imaginación- también es Burtoniano, no porque le importe un bledo el realismo, sino porque es alguien que en sus obras, siempre está buscando la voz extraña para esgrimir el imperio de los sentidos sobre el estado de las cosas, sin traicionar su filosofía de vida al narrar. Es congruente en teoría y práctica.

Pero volviendo a Burton, en una nota que dio para Clarin en el año 2004, el periodista le preguntó cómo analizaba que, viniendo de un ambiente tan convencional, su imaginación sea tan extravagante. “La única manera en que puedo analizarlo es que uno busca lo que no tiene en la vida. Si crecés es un ambiente suburbano, cuadrado y aislado, te interesan cosas más oscuras como una reacción contra eso”.

Creo que este ensayo podría acoplársele a otro que publiqué hace poco, titulado “There´s a place”. Quizás más adelante escriba la sucesión de éste sólo para cumplir algún deber metafísico de condensar una trilogía. No lo sé aun.

Lo que sí sé, es que decidí empezar a regirme por el principio Burtoniano. Consignar lo que quiero para mi vida sigue siendo una deuda retórica, pero si sé lo que no quiero. Por ende, he aquí la conclusión de todo esto: voy a dejar este trabajo neurótico lleno de garcas y monitores para empezar a vivir de manera más congruente con lo que narro. Como Casas, como Burton*.

Supongo que en algún lugar del mundo del cine, Edward Bloom consentirá el fallo.

*Pretender alcanzar alguna de sus obras es pedir mucho.

lunes 19 de octubre de 2009

GANADOR


Ah si si, las de Woody Allen, todas. Aunque las últimas te digo son medias bodrios, ¿viste? ¿Notaste eso? Scoop y Match Point, sobre todo. No, no. A Vicky Cristina Barcelona no la vi. Me la contaron muy por arriba, pero no más. La voy a ver, entonces. Si vos me la recomendás.

¿Así que sos de Escorpio? Bravo Escorpio, eh. Las Escorpianas más todavía, jaja. Son cosas que se dicen. Yo la verdad es que no creo en eso de la astronomía. ¿Cómo? Ah, si, si, astrología, perdón. Que bruto. Siempre me confundo esas profesiones. Debe ser por la cerveza y la hora.

¿Te trajeron el daiquiri?

Eh… Que música de mierda acá en este boliche. Yo soy más de ir a bares, viste. Ahí te pasan otra cosa, me gusta mucho uno que queda por Gorriti y Cabrera. Ah, tenés razón, esas son paralelas. Bueno, por ahí, por ahí. Vos me entendés.

Perdón… ¿Tenés Face? ¿Cómo no tenés Face? Naaaah, tenés que hacerte uno ya. Yo me reencontré con un montón de gente que hace tiempo no veía. ¿Cómo? Perdoname no te escucho. Es la música de mierda esta. “Acercate un poquito, Salomé” ¿Vos lo podés creer? Sólo a este Chayanne se le ocurre hacer un tema tan pelotudo.

Decime. Ah… ¿Si me hablo seguido con la gente que reencontré en el Face? No, la verdad que no, pero están ahí, viste. Vos sabés que los tenés entre tus amigos. Qué sé yo, están, están.

No, no. No trabajo. Por ahora no está en mis planes. Quiero disfrutar de este momento tan especial. ¿Por qué especial? Qué sé yo, tengo 28 años, toda una vida por delante, viste. ¿Vos cuanto? ¿22? Mira vos, 22 para 23, jaja. Chiste, chiste. ¿No va a ser para 27, no?

A ver, aguanta que tengo un mensajito. No sé quién es el desubicado que me manda mensajes a esta hora, deben ser mis amigos que están en otro lugar y quieren que vaya. Ah, no, de Claro, mirá. Que si cargo mañana duplico el crédito. De una, sabes cómo voy mañana. ¿Vos qué compañía tenés? Estas promociones hay que aprovechar porque después estos hijos de puta te cagan. No hay que fiarse.

¿Cel tenes, vos? No me lo diste todavía, eh. Después tengo para mandarte unas fotos mías en Bariloche que son tremendas, haciendo snowboard estoy. Te morís. Y tengo otras que son más privadas, que son sólo para gente especial, si queres te las puedo mandar también.

Ah, si si. Me gusta leer. De vez en cuando. ¿Qué leo? Borges, Borges. No hay otro, como él. Bestiario que librazo. Hijo de puta ese Borges.

¿Y vos? ¿En qué andas? ¿Sola? ¿De novio? Ah si, si. Me siento totalmente identificado con lo que me contás. Cuesta tanto encontrar a alguien que comparta lo mismo que uno. Esa persona con la que sólo te entendés mirándote a los ojos y las palabras quedan de más. Además de eso, que te cuide, que piense en vos como nadie pensó antes. Cómo no estar de acuerdo con lo que decís. Aparte, hay tanto garca dando vuelta. Gente que juega con los sentimientos de uno, viste. Uno nunca sabe. Por eso, viste, a veces tengo tanto miedo de conocer gente nueva que realmente quiera comprometerse con uno, que quiera también tus problemas y a la vez te deje ser libre. Mirá, te juro que me agarra una cosaaaa. Qué se yo.

Che, ¿querés otro daiquiri?.

Ah ya te vas, ok. ¿Che y vivís sola o con tus viejos? ¿Yo? Yo solo. Tengo un departamentito acá tres, cuatro cuadras. Metros más, metros menos.

Y si, está bravo para alquilar, pero yo con el negocio que atienden mis viejos me la banco, eh. Va, va. Igual te digo, que ya ni un techo para vivir se puede tener.

Dura la realidad. Este sistema capitalista que te lleva al consumo, generando polarización de la riqueza entre muchos que tienen poco y pocos que tienen mucho… yo veo a los pibes en la calle y te juro que me muero. Qué futuro les espera, por Dios. ¿Que vacía toda esta realidad, no? Gente que se empuja en desorden hacia un laberinto obtuso de realidades mecánicas y sin sentido.

Y Tinelli... Tinelli que no para de llenar la pantallas de minas en bolas y puterío. Yo me pregunto, la gente que lo mira, ¿en qué piensa? ¿Y la Alfano y Alé? Yo no sé cómo pueden ventilar así sus realidades.

Qué va a ser… Hay gente a la que le da el cuero para todo.

Bueno, en fin… ¿Garchamos?

martes 13 de octubre de 2009

THERE´S A PLACE


“Hay un lugar al que puedo ir
cuando estoy bajoneado, cuando estoy triste
y es mi mente
y allí no hay tiempo
cuando estoy solo”.

The Beatles (Lennon-Mc Cartney)

Miro desde la ventana de mi trabajo, con una resaca marginal, los ecos de un recital en Plaza San Martín. Desde hace un tiempo, sueño con las ganas de viajar y de tan sólo ratonearme con la idea, se me hace agua la boca y se dibuja un gesto cómplice. Viajar. Dejar de trabajar para gente asquerosamente responsable y nerviosa, que pretende tener en el diámetro de sus ojos, esa métrica aceitada por una elongación del radio eficaz de sus retinas, que le permita ver todos los movimientos que hacen las personas que tienen a su cargo. Una omnisciencia mecánica y empalagante.

Sábado estupendo en La Plata. Una luz trascendental y una temperatura que susurra los 20 grados. Diez televisores y un audio saturan -puertas adentro- el micro ecosistema de una oficina gigante en algún rincón de esta casa enorme, condenado a habitar hasta las ocho de la noche todos los fines de semana.

Las ventanas fueron hechas para eso, pienso. Para blindar con un vidrio los lugares que se reservan el derecho de admisión. Una mirada más esperanzadora, podría argumentar que se pueden abrir para pasar a formar parte de esa dimensión que se añora, pero no es esta la mirada que acostumbro a tener los días en que la gente descansa y yo cumplo horarios. Afuera, el sol le inclina el cuerpo a los instantes para ejercer su porción de patria potestad que detenta en la primavera, y adentro, un videograph de TN reza que en el senado las cámaras empresarias pidieron cambios al proyecto de Ley de Medios K. Por cierto, yo la apoyo.

Ya hay pocas cosas que –por estos días- asalten la capacidad de sorpresa de las personas. Por eso, supongo, que la calle está cada día más llena de locos y de gente que vive inmersa en otra realidad que no sea esta que prefieren vivir otros, destinada a morir en la eyaculación precoz de un futuro hipotecado por servir a gente de poder, o por padecerla.

Yo estoy acá. Encerrado, ahora, en tiempo y forma, con luz artificial de focos de bajo consumo y con ese sol radiante y redondo detrás de estos marcos de madera.

Si hay algo de lo que estoy seguro es que no quiero esto para mi vida, me digo. No tengo ganas de traicionar al superhéroe que quise ser de niño, cuando corría por el patio de la casa de mis abuelos, sin preocupación alguna. Feliz. Sin nada, sin todo. Con mucho.

Por eso debe ser que vivo resignificando las cosas, volviendo al pasado o creyendo que estoy de viaje. Porque no quiero este presente de oficina y ruido de impresora, saturado de información, leyendo la cablera de Telam y escuchando lo que dicen del gobernador por Radio 10. Yo quiero escribir. Y punto.

También quiero viajar. Aunque con el sueldo atrasado no se pueda ir a ningún lado. Quiero estar bien lejos. Frente a algo imponente. Con ruido de mar. Con ruido a nada. Con este sol hijo de puta y esquivo. Con lluvia. Viajando. Por eso cierro los ojos y que TN fluya o que Boca pierda sin ideas, como pierde frente a Estudiantes. No me importa.

Yo ahora estoy en otro lado, en otro tiempo mejor a este, riéndome del status quo del caos, sin marcas, sin fantasmas. Con una brisa que genera un escalofrío cómplice. Con arena en mis pies, con barro en las manos. Sin nada que hacer y todo por delante.
En ese patio, en esa casa, con esa pelota, con la angustia de Fela por ver que el balón pasa tan cerca de las rosas. Volviendo de la panadería con mi abuelo. Abrazándome con todos, porque definí cruzado. Soy el 9 del barrio, el héroe de la manzana 3 del Santa Teresa. ¿Entendiste?

En otras coordenadas. Vaciando ese kiosco del barrio Balbín, empachándome de chocolate con maní., Chonik creo que se llamaba. Inmortal. Viendo un Gráfico viejo, cerrando los ojos e imaginándome ahí, donde ahora está el Beto Márcico. Incansable. Viendo a mi mamá preocupada. Yo no tengo preocupaciones. A lo sumo que el terrome no dicte que tengo que contar en la escondida, porque voy a sufrir como nunca para encontrar a esta manada de pibes en toda esta hectárea de cemento.

Sin preocupaciones de minas. No me fijo en las minas, soy chico para eso. O mejor, no. Ahora soy más grande. Estoy con vos. Enamorado, hiper enamorado. Ultra enamorado. Mega archi hiper enamorado. Sin celulares por medio. Sin mierda. No existe la mierda, no existen las preocupaciones. No existe la guita que puedas ganar. Vos y yo y el efecto invernadero que se está cargando el mundo.

Me chupa un huevo, que la rubia tarada almuerce la agendita con cara de habitué y venere gente de saco y corbata. No me importa. Cada segundo para mí es egoísmo puro. Planeemos una vida juntos, mejor dos, mejor tres. Jubilémonos juntos. Paguemos el monotributo a tiempo. Te levanto con el desayuno. Me levantas con el diario. Vámonos de vacaciones a San Luis, a Tandil, a todo o nada. Dos nenas. Dos pibes. Uno y uno. El labrador en el patio ¿Cerramos trato?

Wait a minute. Mejor vuelvo a Ushuaia. Lejos de todo. Cerca de nada. A conocerme otro rato. A ponerme en el frezzer hasta nuevo aviso. A volver más flaco de lo que soy. Consumido por los vicios. A escribir crónicas. A que el rosarino cuente anécdotas en la mesa 13 de Dublín. A que el negro muestre los tatuajes y Moni hable de lesbianismo. A yugarla.

¿Y Bolivia por qué no?

Ya me dijiste lo que quería escuchar. Voy a seguir cerrando los ojos. Descansar la vista y activar la mente. El sol no afloja y la temperatura apela al fade out. Un leve viento hace crujir las maderas del marco de esa ventana y las cortinas se sacuden la modorra. Ahora ese ritmo se descomprime, y desde un handy, una voz -entre neurótica y compulsiva- grita ¿Che, Germán, te acordaste de mandar la gacetilla?

domingo 4 de octubre de 2009

ELEMENTAL, MI QUERIDO WATSON


Estimado Co-equiper:

Releyendo a Nietzsche, descubrí que la mera existencia de fenómenos morales no persisten en el tiempo por sí solos; si no que dependen de los juicios propios, de todo aquello que internamente, juzguemos correcto o no.

Supongo que luego de tal afirmación, sabrá entender que ya no le debo más disculpas.

Saludos cordiales.

Sherlock

martes 29 de septiembre de 2009

UTOPÍA Y REALIDAD


A la gente de Utópica le debo un par de gracias, este post y los artilugios prismáticos como banners y gadgets que figuran en este blog...

La psicodelia y el desconcierto se unen en dos cabezas (una femenina y otra masculina) para procrear la dinámica de lo impensado.

A falta de letras, buena es la gente que puede apelar a su ingenio y realizan obras de caridad en semanas de letargo improductivo. Han puesto su inventiva para mis caprichos y eso ya es mucho decir.

Pueden ver más de Estudio Utópica haciendo click acá. Pero aviso de antemano que no voy a pagar los platos rotos de la abstinencia...

Ellos sólos les dan el dulce y yo lo probé... No obstante, recomiendo la adicción.

Letra chica: Mirar con moderación, prohibido el consumo para gente de estilo conservador.

miércoles 23 de septiembre de 2009

NELY


Ahora que lo pienso bien, Nely, lo nuestro fue sacado de un cuento policial. No un policial negro. Un policial, policial. Uno clásico, para distinguir.

Necesitábamos de esa metanarración que condense a la narración ausente que todo protagonista de policial requiere de forma imperiosa cuando se encuentra con un cuerpo lleno de sangre a sus pies. ¿Te diste cuenta de eso, Nely? Es que pasamos tantas cosas juntos. ¿Cómo olvidarlas?

No, para. No pongas esa cara. No fue mi intención recordar el crimen de tu viejo, Nely. A lo mejor no fue la mejor de las metáforas, lo reconozco. De hecho no la fue. Vos sabes, igual, que podes contar conmigo.

En fin, tenía ganas de verte y justo te vengo a encontrar acá, en este bar, a esta hora. Y pensar que casi nunca miro para adentro de los bares, menos en una ciudad tan grande como esta. Lo que es la vida, ¿no? A veces creo que el destino es inevitable, Nely. Que por más que uno se esmere en torcerlo, el hijo de puta es incorruptible y te lleva de los pelos hacia donde quiere.

Y eso que yo me había desengañado, eh. Que después de lo nuestro, de ese desgaste de siete años de convivencia y pareja –y casi hijos- nunca más iba a tener ganas de estar con vos. Pero mirame ahora, Nely. Y mirate a vos también, por qué no me vas a decir que a vos no te pasa lo mismo. Se nos nota a la legua, Nely, que no podemos estar sin estar juntos. Juntos, Nely. Como ayer. Hoy como ayer. Vos y yo. Un sólo corazón. Un sólo techo. Tu perro y mi gato obligados a llevarse bien, Nely. ¿Y eso por qué, Nely? Porque nos amamos. Nos a-ma-mos. Tres sílabas, Nely. Tres silabas y un sentimiento.

Te juro, Nely. Se me comprime el pecho. Pensar que pensé que no eras para mí. Que boludo, Nely. O peor aún. Que casi le doy bola a la teoría de ese psicólogo que figura en el libro de Bañez, ¿Cómo se llamaba? Morán, Morán, ahí me acordé el apellido ¿Vos podés creer, Nely? Afirmaba que el mundo estaba dividido en homosexuales y lesbianas, nada más. Y que la heterosexualidad era una anomalía legitimada en función del fraude bíblico. Pero mirá que turro este tipo. Ni matrícula debería tener.

¿Qué pasa? Y sí ¿No lo podes creer, no? Por eso esa cara, claro. Nunca pensaste que yo me iba abrir de esta forma con vos. Y vos que siempre me decías que era muy callado, que nunca te regalaba flores, que no te decía que te amaba y qué se yo cuántas cosas más. Pero cambié, Nely, cambié.

Y es más. Creo tener la respuesta a todo lo que nos pasó, Nely. Mirá, escuchate esta, eh. Yo creo que fuimos como una manada de puerco espines, Nely, que se apretujan en días de invierno para protegerse del frío extremo con el calor de sus cuerpos, sin darnos cuenta, Nely, que al mismo tiempo nos estábamos lastimando con nuestras propias espinas, lo que hizo que nos alejáramos de nuevo, claro está. Y cuando volvimos a necesitar de nuestro calor, Nely, nos volvió a pasar lo mismo, Nely. Así durante siete años, Nely.

Pero tranqui, Nely, tranqui porque falta lo mejor. Falta que encontremos una distancia conveniente, Nely, dentro de la cual podamos soportarnos de una mejor manera para ambos, Nely. ¿Entendes como es la cosa, Nely? Yo te canto la justa, Nely.

¿Qué de dónde saqué eso? Es que estoy leyendo a Schopenhauer, Nely. ¿Viste que cambié? Es más, tiré todas las Hombre que tenía en el revistero del baño de casa, Nely ¿Te acordás? Las Playboy no, Nely, eh. Esas se las regalé a mi hermano. Pooobre…

Que desubicado de mi parte, no te pregunté si querías tomar algo, Nely. Perdoname. ¿Querés tomar algo, Nely? Con confianza, eh. Sabes que vos y yo, eh. ¿No, Nely? ¿Sabes o no sabes? Sabes, Nely, yo sé que sabes. Un café, mozo.

Estas como anonadada, Nely. Te impacté, yo te conozco, eh. ¿Es por el aire? Ya sé, no me digas nada, querés qué le diga qué bajen el aire. No te me vas a desmayar acá, Nely. Yo entiendo que la emoción es fuerte y que cosas como estas no se escuchan todos los días, pero bueno, para todo hay una primera vez, ¿no? Estas taaaan linda, Nely.

Veo que me querés decir algo, Nely. Decime, Nely ¿Qué, qué Nely? Perdoname pero no te escuché bien. ¿Cómo Nely? ¿Qué decís? Dale, Nely no jodas. Siempre con un chistecito para descomprimir la situación. Sos Nely, eh. No cambias más.

¿Que, qué Nely? ¿Cómo qué estás saliendo con alguien, Nely? Pero hace muy poco que rompimos, Nely ¿Cómo me vas a decir eso, Nely? ¿Y quién es se puede saber?
¡¿Eh?! ¿Con ese estás saliendo, Nely? ¿Con el hijo del carnicero, Nely? ¿Me estás cargando? ¿Qué tiene ese qué no tenga yo? ¿Me querés decir? No, si vos sos de las que no hay, Nely. Es como para darte un premio.

¿Cómo? ¿Qué me vaya por qué está viniendo para acá? ¿Me estás echando, Nely? ¿Pero, te volviste loca? Ya se que vos no me llamaste, Nely, pero yo te encontré acá. No es justo, Nely

¿Qué quién soy yo, para decirte lo que es justo, Nely? Tu pareja, Nelly. Bueno si, tu ex. Pero, Nely. Por favor, Nely, ya estas grande. ¿Qué necesidad de hacer esta escena? ¿Me querés decir, eh?

¿Qué, qué Nely? Mirá, si hay algo que no soy yo, Nely, es mal perdedor, eso nunca ¿Pero sabes qué, Nely? ¿Sabes una cosa, Nely? Vos no me echas a mi, Nely. Me voy yo, porque quiero. Y al café que te lo pagué el hijo del carnicero, ¿sabes?.

Son todas turras…

viernes 18 de septiembre de 2009

CHANCE


Los gallegos de Bitacoras.com me han invitado a participar del concurso Bitacoras2009 donde se eligen los mejores blogs de habla hispana de este año.

Esta es la quinta edición de dicho certámen y la primera vez que participo en algo así.

Evidentemente, lo acaecido es una demostración más de que la blogósfera se viene abajo. Y -particularmente- una empírica porción de que no sólo nuestro país es generoso.

No obstante -si así lo desean- pueden hacer click en el primer gadget que ven a su derecha y apoyar esta iniciativa. Aviso de antemano, que para votar hay que registrarse y dicho trámite implica ciertas buriocracias que a mí me molestan hacer.

Por ende, visto y considerando que es un garrón hacerlo, voy a aprovechar este momento para decir la frase de cabecera de los buenos perdedores y una mentira que no acaricia autoestima alguno: "Lo importante es competir"

Una vez dicho esto, tengo que reconocer que la invitación me vino como anillo al dedo porque sigo creativamente bloqueado.

Ahora si, después de este pequeño acto de honestidad brutal, me retiro.

Muchas gracias!

Germán.

lunes 7 de septiembre de 2009

ARBITRARIEDAD


La noche del 27 de agosto del 2009, la señora Fridgman, ansiosa por una crisis de nervios surgida como catarata de discusiones existenciales con su marido, tomó la mejor de sus cuchillas y se dirigió a la cocina, para terminar con la obra maestra que había empezado a meditar desde hace unos meses atrás.

Al ingresar, planeó con la mirada ese hermoso caos. Las ollas en el piso, los vidrios rotos, las paredes manchadas, las caras de pánico de su hijo y el perro. Un contexto soñado, para la envidia de Alfred Hitchcock y la posterior molestia del fiscal.

Tenía en su mano un corte profundo y necesitó de una venda para parar la hemorragia. Era la primera vez que llevaba a cabo algo así y la consumación del acto le significó una herida de consideración a lo largo de su palma que casi mutila uno de sus dedos.

Suspiró y con un soplido se corrió el flequillo de la cara, mientras limpió su mano izquierda en el viejo delantal blanco, que debido a las circunstancias imperantes, comenzó a teñirse de rojo. Un rojo intenso.

Sonrió. Estaba satisfecha con el trabajo hecho aunque aun no había terminado. Decidió entonces, culminar con lo empezado porque no quería dejar huellas que comprometan su situación y en minutos más llegaría el fiscal.

Para esto, pidió la colaboración de su hijo y encerró al perro –bastante alterado por la escena- en la pieza contigua.

Entonces era el momento, hundió la cuchilla sobre el cuerpo frío y el líquido rojo y espeso -por la baja temperatura- comenzó a fluir lentamente desde todas las arterias posibles a la hendidura del filo.

Primero presionó con fuerza para atravesar las partes mas duras y luego con oficio para diseccionar los trozos que todavía conservaban cierta esponjosidad. Comprobó que la materia no estaba del todo congelada y eso la molestó porque no resultaba conveniente. Fridgman era perfeccionista y un tanto neurótica. De fondo se oían ladridos.

Repitió el ejercicio con admirable monotonía y precisión, hasta que de esa anatomía original sólo quedaron partes geométricamente imposibles de ensamblar, pero artísticamente dispuestas para caber dentro de diferentes recipientes y limpiar la escena del hecho. Su hijo achinaba la mirada, ponía cara de asco y colocaba delicadamente cada pedazo de materia en su respectivo lugar.

Ambos especularon con la posibilidad de que sería imposible borrar los rastros de lo sucedido.
Así fue. El fiscal llegó cinco minutos después de que la señora Fridgman y su hijo mutilaran por completo la morfología en cuestión. El desorden era incorruptible.

El día era un tanto caluroso y varios vecinos colmaban la puerta de la casa, rodeando a la señora Fridgman que yacía manchada de rojo y llorando con las manos cubriendo su cara.

El fiscal corrió a los vecinos de lugar y les dijo que él se encargaría del tema.

Adentro, su hijo se había encerrado con el perro que seguía ladrando y cuando el hombre comenzó con el interrogatorio en el lugar de los hechos, la señora Fridgman se notaba desencajada. Minutos más tarde, se hizo cargo de lo sucedido.

Afuera, la sensación térmica bajo de forma considerable y los vecinos se fueron esparciendo lentamente.

Fin.

Apéndice:

Uno de los principios que la literatura le ha robado al signo -y a Saussure- es la arbitrariedad. La magia de la historia radica en que el desenlace debe tener la misma ley que une al significante con el significado. Y eso señores, sólo depende de ustedes y de estas opciones:

A: La señora Fridgman acaba de matar a su marido con la complicidad de su hijo. Llora porque -indefectiblemente- luego de confesar el crimen al fiscal, va a ser juzgada y encarcelada.

B: La señora Fridgman ha preparado una exquisita torta helada de frambuesa para su marido, el fiscal. Llora porque entiende que le salió mal y la sorpresa -que buscaba enmendar las discusiones que venían sosteniendo- quedó frustrada.

C: Lo que la arbitrariedad de su mente diga que tiene que interpretar.

sábado 29 de agosto de 2009

HAPPY BIRTHDAY TO YOU!


Lloren chicos lloren, este blog cumple un año. Fue el viernes 28 de agosto, pero se los festejo hoy.

Eternamente gracias, a todos los que de una forma u otra, ayudaron a que esta criatura empiece a mostrar sus primeros colmillos.

Ojalá sean muchos más, los años, las entradas (no en términos de calvicie) y los colmillos.

Como expresé anteriormente, estoy en una crisis de inventiva letal que eclipsa cualquier encadenamiento sintáctico que amerite -por parte del lector- un leve movimiento del sitema motriz, pero eso no significa que deje de lado esta fecha.

Gracias por permitir expresar mi verborragia y aquellas sensaciones empastadas que rebotan en el flipper de la conciencia. Y este gracias comprende tanto a los seres que suelen leer, como aquellos que facilitaron los espasmos simpáticos y puntuales que motivaron a sentar mi culo frente a un monitor para vomitar lo mejor y lo peor de mí.

Voy a seguir flotando en la atmósfera porque aún no creo que sea el momento de aterrizar.

Algunos lo llaman inmadurez, y otros "una leve tendencia esquizoide a evadir problemas cotidianos y crisis existenciales". A mi me gusta decirle "blog".

Y por cierto, Feimann, yo no soy un pelotudo.

Thanks for all!

El autor.

lunes 24 de agosto de 2009

AUTOBOMBO


Desde hace un tiempo -no muy largo- estoy escribiendo para la sección de Cultura del sitio web de noticias PortalBA. (www.portalba.com.ar)

Asi que, quería aprovechar esta ocasión de acefalía creativa para decirles que si entran acá o acá o también acá, y van a la solapa que acusa la leyenda "Cultura" van a poder acceder a otras cosas que he escrito como críticas de discos, libros o películas; entrevistas a músicos o escritores, entre ellos: Fabián Casas, Gillespi o Emilio Fernández Cicco, y diversas crónicas de eventos o sucesos a los que acudí, como la presentación del libro de Ángel Cappa o la cobetura del día en el que se leyó el veredicto de la causa Cromañon, lo que significó sin dudas, la experiencia periodística más fuerte que tuve en lo que va de mi corta carrera.

Como ya saben, los quiero mucho y cualquier puta coincidencia con eso que en la calle llaman "Autobombo", es casualidad en estado puro y a un nivel profundo de ebullición.

Desde ya, muchas gracias.

El autor. O sea, yo.

martes 18 de agosto de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (Última Parte)

Cuevas:

Estoy destrozado. Hace unos días, por la mañana, me levante sólo, un tanto apesadumbrado pero sin motivo alguno –hasta ese momento- aparente.

Para mi extrañeza, una carta –no suya- ocupaba el centro de la mesa ratona del living de mi casa. Por un momento especulé con que sea el ABL o cualquier otro impuesto. Pero para mi asombro, dentro del mismo encontré la siguiente afirmación:

“Me voy. Sé que no es la forma ni el momento correcto para hacerlo, pero hoy más que nunca necesito cambiar de aire y tener la posibilidad de vivir otra vida que no puedo vivir al lado tuyo. Espero que algún día puedas entenderme y quizás otro (en un futuro no muy lejano) perdonarme”. “Fui muy feliz a tu lado, pero debía hacerlo. De otra forma, no me lo hubiese perdonado nunca, ni en esta vida, ni en la que viene”

Hasta siempre, Angélica.

Se fue, Cuevas. Me dejó. No se por quién, por qué cosa o motivo. Sólo hay una certeza: La que era mi mujer se fue. A partir de ese instante, mi vida se ha vuelto un caos.

Le escribo por necesidad y porque el destino nos ha hermanado en la desgracia. Además para retractarme por mi tono elevado en estos intercambios epistolares y porque no, también, -aunque me duela- para darle la razón a sus razonamientos que en otro tiempo supe cuestionar.

Entiendo –hoy más que nunca- que es necesario y vital volver a replantear el punto de partida entre las relaciones de dos seres de sexos opuestos.

Alguna vez, el antropólogo francés Lévi-Strauss dijo que el encuentro de los sexos es el terreno en el que la naturaleza y la cultura se enfrentaron por primera vez y que eso fue el puntapié inicial para el origen de toda cultura sobre la faz de la tierra. Pues bien, no me sorprende que el mundo esté como esté. Las cosas se han hecho mal desde un principio e indefectiblemente ya es muy tarde para volver atrás.

Todo este tiempo en el que he permanecido anestesiado y flotando bajo las hoy miasmas del ecosistema conyugal, no me ha permitido ver con claridad lo que ha estado sobre el tapete del asunto.

Releyendo al sociólogo polaco Zygmun Bauman entendí que de todos los impulsos naturales del ser humano, el deseo sexual ha sido históricamente el más irrefutable, obvia y unívocamente social. Lo padecemos todos y casualmente todos necesitamos de otro para llegar al nirvana. El vértice que se nos escapa es que no todos estamos preparados para afrontar la condena que significa saber que la persona que anteriormente creías única, puede transformarse en el peor de tus enemigos, en el peor de tus verdugos y vas a tener que convivir con la idea de que esa otra mitad que te hacia completo, es la que hoy te condena.

En efecto, hoy no tengo más que rendirme al futuro que alguna vez supo vaticinar. Mi relación vivió fluctuando entre el mejor de los sueños y la peor de las pesadillas con el agregado que nunca podemos advertir cuando se trataba de una y cuando de otra.

Alguna vez, el Heidegger argentino, Ringo Bonavena, dijo que la experiencia era el peine que te da la vida cuando te quedabas calvo. Hoy, la frase reflota con más vitalidad que nunca. Como sostuvo el filósofo alemán, las cosas se nos revelan a la conciencia solamente a través de la frustración que generan cuando las mismas se comportan arruinando lo que se creía que rozaba la perfección.

Angélica y su ex, no han hecho nada inusual, Cuevas, sólo que nosotros las amábamos de una manera tan especial que llegamos a colocar la relación en el escalafón más alto de nuestras prioridades y la satisfacción que esperábamos de las que creíamos nuestras medias naranjas, fue inversamente proporcional al sufrimiento que en la actualidad debemos padecer.

El sexólogo alemán Volkmar Sigusch supo decir que todas las expresiones y metamorfosis de relaciones íntimas en pleno auge llevan consigo la misma máscara de felicidad que en otro tiempo llevó el amor marital y luego el amor libre; y que en cuanto nos acercamos a ella y empezamos a quitar esa máscara, nos encontramos con anhelos insatisfechos, nervios destrozados, amores desengañados, heridas, miedos, soledad, hipocresía, egoísmo y repetición compulsiva. A partir de hoy, yo soy uno más del club.

Quedo a la espera de un guiño de ojo de su parte frente a este presente destructivo y con la expectativa de conformar el ejército nacional de anarquistas del amor, en pos de revindicar aquellos corazones víctimas del parricidio amoroso de mujeres despechadas y sentimentalmente intermitentes. Para que duela menos, cada día más.

A su entera disposición, Watson.

Nota: Creo que es el mejor de los momentos para reafirmar lo que Marx dijo hace mucho tiempo: “la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como parodia”.

Hasta acá llegó mi amor.

martes 11 de agosto de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (9° Parte)


Estimado Watson:

El mundo quiere guerras. Luego de una interminable lista de fracasos amorosos caí en la cuenta de que implícitamente, el amor es la mejor excusa que busca un hombre para emborracharse con el whisky más caro.

También entendí que pretender convencerlo sobre mi postura trágica de eso que llaman amor, aparte de un acto de estupidez, es una herejía digna de hoguera. No soy quien para meterme en la vida ajena y mucho menos indicarle cómo debe pensar. Detesto los fascismos y la unilateralidad de los puntos de vista, así que no pienso continuar una discusión de tintes interminables y totalitarista. Me retiro de la misma.

Prefiero quedarme en mi soledad, con un libro en casa, con un Martini, con mis discos de jazz, con el Mauser en el cajón y sólo salir a respirar las mugres de esta sociedad para satisfacer los bajos instintos.

Llámeme anarquista, budista, talibán, misantropito, blasfemito, políticamente incorrecto, genio o loco, lo que quiera. Si hay algo que aprendí es que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros y que exigirle fidelidad a alguien es coartar su libertad. Y nadie es digno de eso.

Me quedo con los momentos selectos que supe vivir, con las confirmaciones esporádicas de amor, que sólo pueden ser catalogadas así, si son efímeras, porque el amor para siempre no existe. Es causa y es efecto.

Nada es lo que parece, somos almas destrozadas, ocultas tras un infartante escote y una camisa de marca. Mutilados. Desengañados. Hechos un asco. Todos los orgasmos que recogemos forman parte de un cúmulo de vivencias pasajeras y estúpidas para justificar nuestro paso por la tierra bajo un encadenamiento de sucesos viriles y amorfos de emociones sin sentido alguno, más que saciar el instinto animal que todos llevamos dentro.

El amor esta bastardeado, devaluado. El odio es el euro de estos tiempos. La industria armamentista crece a escalas insospechadas. Siempre fue así, pero los ilusos (entre los cuales alguna vez milité) hacen un esfuerzo sobrehumano para que la miseria no se note. Es notable el trabajo que realizan, sólo que la mierda humana es tan grande que nunca alcanzan las acciones que se levanten para taparla.

No obstante, les deseo lo mejor. Ojalá el desengaño los madrugue pasado los 80 años de vida, ojalá se vayan a sus tumbas sin haber conocido la verdad. A veces, conocer y razonar no es tan bueno.

Empiezo a creer que el amor incondicional, el verdadero amor (si es que existe) es aquel que propagan las madres y que es tan fuerte porque en cierta forma es una extensión del egoísmo, de saber que ese hijo que crías estuvo dentro tuyo, que te pertenece de verdad, naturalmente.

Todo lo demás nos es ajeno, la mujer que duerme a nuestro lado, nuestra amante, nuestro perro, la rubia que cruzas cada vez que vas al trabajo, el ejecutivo que nunca te invita a salir, son meras masturbaciones mentales de eyaculación precoz.

Confirmado Watson, por primera vez en este intercambio epistolar le voy a dar la razón, soy anarquista.

No reniego por ello, es la suerte que me tocó. Aquellos que caminan de la mano de sus novias, -entre los cuales estará usted-, seguramente son más felices que yo. No los juzgo. Sólo que los veo como a esos niños que juegan en las plazas, que se ríen en los velorios, que gritan en los hospitales desconociendo el mundo ajeno: siendo cómplices casuales del entorno y futuras víctimas del sistema. Están felices porque todavía no les llegó el tiempo.

Es libre Watson, yo soy libre, su mujer es libre, mi ex es libre, el tipo que se acostó con ella también lo es. El problema es que cada relación deja a cuestas una carga en la conciencia que es muy difícil de sobrellevar y que curiosamente por naturaleza humana -o lo que sea-, nadie quiere alivianar; ni siquiera aquellos que impunemente la dejaron. No obstante, la vida es cíclica, nosotros también hemos dejado el mismo peso sobre otras espaldas, y casualmente, cuando el tiempo o la persona nos demandan pagar por los destrozos ocasionados, sigilosamente agachamos la cabeza y miramos para otro lado.

Basta ya de filosofía, que bastante tengo con la mía.

Lo dejo en paz. Atentamente, “Beto” Cuevas.

Nota: Ahora que lo pienso mejor, este Nietzsche no estaba del todo loco.

Nota 1: Saludos a su mujer.

miércoles 5 de agosto de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (8° Parte)

Cuevas:

Me hartó. Nunca en mi vida he sido testigo de tamaña victimización. Hasta el más ignorante de todos mis alumnos se daría cuenta que proseguir en esa postura, es ya – a esta altura- un esfuerzo sobreactuado que bien debe debilitar su psiquis. Hay una primer cosa que debería saber: el amor jamás le va a pedir perdón.

Por otra parte, la victimización rara vez humaniza a sus victimas. Es decir, que usted no porta, ni puede ostentar autoridad moral para decirle a alguien como vivir sentimientos inexplicables.

Permítame correrme por un momento de la filosofía, para adentrarme en lo que la etnóloga Antonina Zhelazkova supo decir alguna vez: “es usual que una víctima se convierta en un carnicero”.

Al igual que ella, yo no pretendo que las personas puedan reprimir el instinto asesino después de haber sido perjudicados por una determinada situación, pero tampoco creo que por eso, tenga usted que sembrar el terrorismo sentimental. Entiendo si, que deba olvidar su pasado, transportar su humillación, alivianar su dolor y todo lo que quiera, pero hacerlo a cualquier precio, es algo para lo que no logro encontrar justificación alguna.

El ser humano tiende a interpretar los desencadenamientos del mundo de acuerdo a sus experiencias y en este punto tanto usted como yo, somos inimputables. Ahora bien, plantear las relaciones sentimentales entre dos seres humanos como un juego de supervivencia, es un tanto fascista. Con ese criterio, hemos retrocedido a la etapa del darwinismo social y esto es un mero juego en el que triunfan los más aptos. Pues no, la clemencia, la comprensión, la confianza y la compasión también existen y valga la redundancia, son armas y elementos que están dentro del juego con un fin determinado.

Reconstruya su vida Cuevas, es justo y necesario. Dese cien veces más, la cabeza contra la pared, sangre, llore y vuelva a levantarse. De otro modo: ¿para qué vive? He dicho, hasta acá tolero su farsa. No voy a incurrir en ningún otro tipo de agravios, y al mismo tiempo, no voy a permitir que me los propicien. Termine con su autoengaño. Le fue mal y punto. Asista a un psicólogo si quiere pero deje de despotricar contra la primavera y el bienestar amoroso de los demás. No es quien, no tiene autoridad, ni detenta ningún permiso celestial para hacerlo.

Al igual que Knud Lögstrup creo que usted “tiene una opinión demasiado elevada de si mismo para soportar la idea de que ha actuado erróneamente”. En efecto, todas aquellas acciones que usted emprende no tienen otro objetivo que desviar la atención de su propio error para centrarlo en lo desdichosa que ha sido su vida sentimental y lo injusto que es el amor con su persona y así, poder justificar cualquier tipo de aberración contra el sexo opuesto a quien busca despiadadamente culpar de sus padecimientos y tribulaciones.

Para usted siempre es el otro el que ocupa el papel protagónico de este melodrama. Abra los ojos Cuevas, la vida es una sola.

Hay una segunda cosa que debe saber: no es el dueño de la verdad. Usted sólo opina que las cosas son así, pero ese opinar es sólo una porción –distorsionada por cierto- de la realidad. Hay personas -que no puede negar o pasar por alto como si fueran fantasmas- que no comparten su tétrica visión y que por ende prefiere basar sus actitudes en valores diferentes a los que usted maneja y cree que son superiores.

Además, si todos seguiríamos sus consejos, el mundo viviría aislado, en continuo estado bélico con sus pares, y eso Cuevas, atentaría contra lo que alguna vez, uno de sus filósofos preferidos vaticinó.

Sólo por si lo olvida y también -¿por qué? no- a modo de conclusión, fue el mismo Kant quien alguna vez dijo que nuestro planeta es esférico y por lo tanto, tal condición nos obliga como habitantes a vivir para siempre en la proximidad y compañía de otros. Por ende, mantener distancia entre las personas y querer ampliarla -como usted pregona- sería naturalmente imposible y contra las leyes de la naturaleza no se pude.

Atentamente, Watson.

Nota: Recuerde que nadie –por más excepcional y autosuficiente que se crea- puede vivir solo.

Q.E.P.D.

sábado 1 de agosto de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (7º Parte)


Watson:

¡Que perseverancia la suya! Acaban de alcanzarme una carta de su puño y letra que casi olvido leer (pensé que ya se le habían disipado las dudas) y que me dispongo a responder a la brevedad con el único objetivo de que esta batalla (perdida por usted y trámite para mi) finalice de una buena vez por todas, debido a que comienzo a aburrirme y preferiría aprovechar el tiempo en otras cuestiones de mayor jerarquía y urgencia.

Para mi grata sorpresa, vengo yo a enterarme que soy una especie de hijo o alumno, y que ahora, formo parte de un círculo de drogadependientes que se reúne tres veces por semana a unas doce cuadras de casa.

Por suerte, no consumo ningún tipo de Haloperidol que saque por mi, conclusión alguna de las cosas que leo. ¿Qué raro que su entorno cercano no notó estas mutaciones en sus comportamientos?

No obstante, me consuela saber el hecho de que le guste el humor y Groucho Marx, ya que me permite vaticinar que lo que usted deduce y escribe refieren a una facilidad explicita para generar guiones cómicos, que por cierto le sale muy bien y de lejos se nota que tiene usted para la comedia, lo que se dice “pasta”. Lo felicito. Ahora bien, sus definiciones de Hegel son ciertas, pero debe saber de antemano que el método dialéctico al que usted refiere ya fue hecho por mi hace demasiado tiempo atrás y usted no lo supo observar (en la primer carta que le escribí está clarísimo).

Por lo tanto, sigue usted sin aportarme nada nuevo, con lo cual, debería revisar su título de Profesor Catedrático de Filosofía o volver a las bases, enseñando la misma en cualquier escuela primaria de algún pueblito perdido del conurbano bonaerense. Además, su estado conyugal, (falso por cierto), no lo deja ver la otra mitad de las cosas y en consecuencia usted sólo segrega fundamentos y visiones a futuro que empalagan a cualquiera, porque las mismas tienen un sobrepeso considerable de dulzura y melosidad. En otras palabras: da asco.

Una vez dicho esto, sólo me detendré en un punto en particular que delata la ingenuidad que desde hace rato le vengo señalando. A las pruebas me remito: en su carta anterior, usted agradece su ética a Dios y me vislumbra de traje blanco y dando el “sí” en una iglesia católica. Pues bien, sepa de antemano que yo no creo en Dios y mucho menos en la iglesia y que citar a Karl Marx (como usted lo hizo) es un acto de notable contradicción del que hasta el más novato de los profesores se hubiera percatado.

En este sentido, sólo le voy a recordar que al igual que yo, Marx era ateo. Siguiendo esta misma línea, voy a trazar un paralelismo que me parece especial para la ocasión y que usted olvidó tener en cuenta.

El problema suyo es que su vanidad no lo deja ver. Es asombroso su parecido con Feuerbach, aquel discípulo hegeliano que creía que había superado a su maestro. Usted opone frases a frases, usted cree que sabe pero en realidad no sabe, sólo cree.Tengo una mala noticia para usted. Dios no existe y el amor perfecto tampoco. Pensar en la fidelidad eterna es generar en las personas lo que Marx llamó la falsa conciencia y el gran dilema suyo, fue que su conciencia se acostumbró a aceptar las creencias como si fueran razones, por ende, la misma es ideológica y distorsiona las cosas, otorgándole un sentido totalmente contrario al que en esencia tiene.

En conclusión, las relaciones a largo plazo tienden a ser catastróficas y oscuras. El amor es el opio de los pueblos, porque le promete al hombre un estado de perfección sentimental y racional que nunca se lo va a poder dar. Nos adormece bajo ese estúpido concepto primitivo que no podemos distinguir porque experimentamos la anestesia que difunden esas mariposas en la panza y la cursilería.

Razón y sentimiento nunca van de la mano, Watson. A una le gusta lo dulce y la otra es diabética. Son el agua y el aceite.

¿Sabe qué? Al igual que Marx, lo voy a definir como un hombre alienado, porque creo que responde a necesidades creadas por su mujer y no a las suyas en sí. Piense y repiense esto último, Watson, quizás algún día le caiga la ficha, antes de que sea demasiado tarde.
Que la lógica se le deshaga en la boca (o donde sea).

Saludos cordiales, “Beto” Cuevas.

Nota: Una psiquiatra especializada en el tratamiento de pacientes influenciados por drogas de diseño pasará por su casa en la tarde de hoy. Tenga la delicadeza de ser lo mas amable posible con ella, después de todo, esta ahí para ayudarlo a reponerse de su inocultable dependencia de los psicofármacos.

La caligrafía de su puño así lo delata, ha perdido el pulso y tuve que pedir ayuda para poder entender su letra.

No me lo agradezca, es lo menos que podía hacer por usted.

martes 28 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (6º Parte)


Cuevas:

Que extraña su última carta. Cuan contradictoria puede ser la vida y cuantas veces un ser humano puede incurrir en blasfemias irracionales frente a alguien que nunca tomó una postura bélica en esta cuestión y sólo se delimitó a tratar de sacarlo de ese pozo profundo en el que está sumergido.

Me duele tener que soportar filosos intercambios con una persona que creía intelectualmente liberal y abierta a los vientos de la vida; pero que viéndolo a la distancia propaga irracionalidades postradas y conservadoras que piden a gritos la eutanasia.

Usted no lo ve porque no puede. Sufre una especie de catarata cognoscitiva sumado a una interesante aniquilación del yo, que repercute en forma nociva el feedback entre ambos. De manera tal, que estoy en condiciones de afirmar que esta relación epistolar ha entrado en el túnel de la comunicación lineal, en la cual, yo soy el transmisor y usted el receptor. En la que –solo rigiéndonos por términos de superioridad del coeficiente- yo soy su maestro y usted mi alumno. En la que -rigiéndonos por términos de experiencia y capacidad para afrontar situaciones adversas- yo soy su padre y usted mi hijo.

Le suplico ya, tenga al menos la compostura, de sentarse, leer con atención y asimilar hasta donde pueda.

Su modo de justificar a Kant es en cierto punto inteligente. Usted planteó que “sobre esto no quisiera polemizar demasiado”, en un claro signo de desgaste ideológico e inferioridad racional en el debate. En el lunfardo lo llaman “abrir el paraguas a tiempo”. Me alegro que de a poco se empiece a dar cuentas de sus limitaciones.

No obstante, déjeme decirle algo que creo pertinente al contexto, para evitar reacciones fascistas que impulsan sólo un modo de interpretar al amor. Así como usted tiene su ética, yo tengo la mía, muy diferente a la suya (gracias a Dios) y un tanto más sociable, por cierto. Porque como diría Marx, no Karl sino Groucho, “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.

En fin, Cuevas, no todo es blanco o negro, también hay matices, hay grises en el medio. Usted es un extremista y eso es una postura que debe corregir. Se lo digo como su guía espiritual, su norte, usted anda naufragando por los mares oscuros de la no relación, a la deriva. ¿Qué pretende hacer con su vida?, ¿esconder la mugre debajo de la alfombra? Sinceramente se lo digo, me ha despertado una figura paternalista del hijo que nunca tuve (pero que no tardará mucho en llegar), mientras tanto, lo educo a usted.

A mi entender, está negado con la vida porque en estos momentos, está atravesando la segunda de las tres etapas de lo que Hegel definió como método dialéctico.

Veamos… creo que lo que usted está experimentando y que desconoce, es un avance por oposición. Tuvo un primer movimiento: el de enamorarse; pero se chocó con una contradicción: la de no ser correspondido y caer en la conclusión que la persona que usted creía de una manera era de otra.

Ahora bien, entiendo que si sabe abrir las ideas de lo que está viviendo, va a saber encontrar su superación, ya que esta dialéctica de la que me estoy jactando está basada en tres momentos: Tesis, antítesis y síntesis.

Volvamos entonces: usted se enamoró de una persona X, he aquí la tesis de la que Hegel habla, esa es una afirmación. Luego, sufrió un desengaño amoroso, al ver que su novia se acostó con otro y rompió su corazón, he aquí la antítesis, es decir: la negación, el momento en el que usted ahora se encuentra. Pues bien, le tengo una buena noticia, su siguiente paso es la síntesis o sea la negación de esa negación, lo que para el filósofo alemán era la filosofía.

Una vez que entre en esta etapa, indefectiblemente volverá a creer que las relaciones con el sexo opuesto deben sobrepasar la media hora y comenzará a fantasear con la idea católica de “hasta que la muerte los separe”. No se porqué, lo vislumbro de blanco frente al altar.

Sólo a modo de colación y para anticiparme a una posible respuesta suya, le voy a hacer la misma crítica que Marx le hizo a Hegel: “su filosofía es incompleta porque le falta praxis”. Sólo se queda en la teoría y la filosofía le exige algo más, le exige la solución a un problema que es palpable, que usted lo sufre.

Pero eso, Cuevas, sólo depende de sus ganas.

Hasta acá, mis observaciones paternales y educativas. Espero las pueda apropiar. Le vendría muy bien.

Saludos, Watson

Nota: Le adjunto su inscripción al programa de alcohólicos anónimos. Me tomé el heroico atrevimiento de inscribirlo ya que su afición al Martini no le permite caer en la triste realidad de un alcoholismo bastante avanzado para su edad y organismo.
El lunes a las 4 de la tarde tiene usted su primera reunión.

Nota 1: Sí, soy Bilardista

jueves 23 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (5° Parte)

Estimado Watson:

Acabo de recibir su última carta y noté con cierta alevosía y preocupación, que los estupefacientes digeridos por usted en este último lapso de tiempo, han alterado su ya cuestionable capacidad de comprensión de los fenómenos externos de modo irreversible.

¿Está usted enfermo o qué clase de antisemitismo experimenta?

Revindicar a Hume para establecerlo como ejemplo de traumas amorosos, es como usted dijo en su primera carta “pretender que un chapista nos explique la teoría de la relatividad”. Está mordiéndose la cola. Ahora las armas que en un primer momento le servían de batalla, se han vuelto en contra suyo.

Sus argumentos se ahogan en su propio vómito. Perdone mi postura, pero me niego rotundamente a reflexionar sobre tipos que priorizan los sentidos por sobre la razón, porque me parece que rebobinar en la evolución del pensamiento, no tiene -valga la redundancia- sentido alguno.

Además, no puede desprestigiar a la ética porque tamaño despilfarro atentaría contra Kant, que sin lugar a dudas fue el filósofo mas importante para la constitución del ideario de modernidad.

¿Con qué fin Watson? Si podemos comprender por nosotros mismos el mundo y poder progresar en la interpretación de la historia, el amor, la ciencia y lo que usted se imagine.

Pretender volver a concepciones de Hume es asimilar el mundo y sus relaciones en forma errónea, es creer que lo determinante en el acto de conocer las manifestaciones sociales son los objetos y no los sujetos, y eso habla mal de usted como paladín del amor, Watson. Porque de esta forma, está dando lugar a que se tergiverse su reputación dentro de las artes románticas, ya que con facilidad se lo puede acusar de que trata al sexo opuesto como un mero objeto.

Le hago aquí un paréntesis y aprovecho para dejarle un consejo: antes de cantar jaque mate, asegúrese de no descuidar al rey y mucho menos a la reina.

¡Bienvenido al idealismo trascendental! Sinceramente le digo, lo creía mas adelante en la historia. Con lo cual ya puedo vislumbrar otra segunda conclusión de nuestros intercambios epistolares: la convicción acerca del nivel de conocimiento que tiene uno acerca de otra persona es inversamente proporcional a la realidad.

El mundo, Watson, es una representación. Una idea en la mente del sujeto (al igual que las relaciones que un ser humano teje a lo largo de su vida) y todos los giros y las posibles consecuencias que de ellas derivan son lo que para Kant significaban los nouménos, es decir, todo aquello que no se puede conocer y que nos excede. ¿Ve por qué no creo en el amor?

Porque al no tener lógica se nos escapa de las manos, y en consecuencia, tarde o temprano terminamos afectados por las invariantes de las sensaciones que mortifican nuestra sensibilidad. El problema es que una vez que este conglomerado de frustraciones chocan contra uno, no hay ni espacio, ni tiempo que pueda ordenarlas, porque estas sensaciones ya se encargaron anticipadamente de desordenar nuestra capacidad de asimilación anulando toda posibilidad de emitir juicios (al menos de índole positiva). Dicho en otras palabras: nos noquea antes de que empiece la pelea.

Lo anterior, creo que en cierta forma grafica ese abominable panorama invasivo del que tanto le hablé. He aquí mi situación: las cosas me exceden y eso se ha sustantivizado en un descreimiento de toda relación que sobrepase la media hora con el sexo opuesto.

Luego de tamaña experiencia, lo único que le queda a un hombre como yo, es amoldar su estirpe a una ética del deber ser. Una ética deontológica donde intente fundamentar racionalmente las cuestiones de la moral. Es sólo un mecanismo de defensa y sobre esto no quisiera polemizar demasiado ya que tengo miedo a reaccionar de forma indebida.

Sabrá entender mis reservas, sólo expondré que internamente cada uno conoce sus instancias de tensión, que éstas merecen su debido respeto para lograr una autonomía moral que nos permita darnos la propia ley, que es la que va a regir sobre todas aquellas acciones que impulsemos en los distintos ámbitos que frecuentamos, con el único fin de obtener pequeños objetivos que nos hagan creer que flotamos bajo el auge de cierta victoria diaria, para poder ir a dormir con un nivel de tranquilidad aceptable en nuestras conciencias.

Creo que la gente que al pasar frente a una iglesia se persigna siente algo similar a lo que acabo de describir. El amor no es para cualquiera, sabe.

Al igual que Kant, soy un creyente en eso de que todos tenemos una máxima que gobierna el acto de la sensibilidad que antes le nombré, y que esa máxima es nuestro principio del querer. Es el imperativo que me ordena de manera categórica cómo debo obrar. Y en mi caso, ese principio me dice que no vuelva a confiar nunca más en una mujer. ¿Entiende?

Usted es platónico Watson, yo soy realista. No existe ni la democracia, ni la república, ni el amor perfecto. Desengáñese. Las cosas tienen movimiento y usted se está estancando por querer ser el fundamentalista de la utopía en el siglo XXI. El contexto no lo favorece e indefectiblemente termina construyendo castillos de arena.

En este sentido, Aristóteles tenía razón cuando aseguraba que la democracia era algo nefasto porque desembocaba Irremediablemente en la demagogia. Yo creo que al personaje que usted montó, le pasa algo similar pero en el amor.

Pero lo que más me preocupa es que esta ficción se lo devoró por completo y con ello su capacidad de distinguir las cosas, que es mucho más importante que verlas.

Déjele el trabajo de Cupido a Cupido, que por cierto tiene pedido de captura internacional.

Suyo, “Beto” Cuevas.

Nota: El vino es para maricones y gente sin clase.

Nota 1: Creo pertinente que sus citas de Sartre sean dejadas de lado ya que este basó su relación con Simón De Beauvoir en la honestidad y la libertad. Cada uno poseía independencia económica, sentimental y sexual. Nunca se casaron, nunca vivieron juntos y nunca tuvieron hijos.
Como lo ve, una relación inusual ya que ni usted, ni yo, pretende lo mismo en una pareja.

Nota 2: Sí, soy Menottista

Nota 3: Seguramente usted es Bilardista

domingo 19 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (4º Parte)

Cuevas:

Usted es un anarquista. Tenga cuidado con el consumo desmedido de alcohol que creo a esta altura, incrementó considerablemente la propagación de palabras sin sustento teórico y mucho menos, fundamento práctico. En la calle las llaman “boludeces”.

Además, y por otra parte, no quiero imaginar la cara que pondrían estos pensadores al ver con la desfachatez que usted los utiliza para ejemplificar una realidad que nada tiene que ver con lo que ellos conceptualizaron. Le pido un favor: no ponga palabras en la boca de nadie, mucho menos de filósofos de excelente reputación y reconocimiento. De esta manera se ahorraría papelones entre los cenáculos intelectuales que usted frecuenta.

En cuanto a su calificación de la nada como a aquellas aplicaciones que yo le hice sobre su estado, sepa que no puedo evitar esbozar cierto gesto de desagrado con sus principios. Después de todo, le estoy dando una mano que le permita enfrentar semejante panorama y yo no tengo la culpa de ser feliz y correspondido amorosamente.

Aun así, sería poco caballero de mi parte no entender lo triste de su situación y dejarlo sólo y a la deriva con lecturas inapropiadas y parciales de la realidad. Mi estirpe y mi estilo me exigen corregirlo.

Para empezar y no mezclar las cosas, le daré una de los conceptos claves para entender el por qué su novia actuó como actuó. Básicamente, usted no lo ve porque no puede abstraerse de su situación, no puede tomar distancia del hecho que tanto lo perturba y angustia.

La palabra “nada” que usted tomó para descalificar es la respuesta a todo y la que yo voy a tomar como carozo de este asunto. Y si como bien dijo usted “las cosas tienen movimiento”, entonces es indefectible pensar que lo que hoy se sostiene, mañana se deje caer. Por ende, si usted hubiese efectuado una lectura menos combativa de Sartre, se daría cuenta de que entre el tiempo pasado y el presente hay nada y lo que separa a este del futuro, es la misma cosa. O sea, nada por aquí, nada por allá.

Nada me asegura que un jugador compulsivo que prometió no volver a jugar en su vida, mantenga la misma decisión cuando el día de mañana vuelva a pasar por la puerta del casino. Entonces Cuevas, afrontemos la realidad y no la esquivemos, su novia ayer pensaba una cosa y hoy mantiene otra que seguramente mutará en otra con el debido paso del tiempo. No obstante, entiendo su angustia y su desengaño que son inseparables de estos procesos y que llevaran un tiempo considerable en digerir.

Le aconsejo –prudentemente- no mentirse a uno mismo porque de ese modo usted está actuando de mala fe e incurriendo en otros de los errores que Sartre advirtió.

En cuanto a Descartes, voy a tratar de ser lo más puntual y punzante que pueda. Si usted tanto se jactó de pensar para luego existir, si usted afirma a rajatabla que intuye y no deduce como hago yo, si usted capta inmediatamente la realidad cosa que yo parezco no hacer, entonces, debería haber advertido hace tiempo que su novia lo engañaba. Es evidente que usted se dejó guiar por su subjetivismo, y eso Descartes nunca se lo perdonaría. Usted Cuevas, es políticamente incorrecto.

Los sentidos nos engañan Cuevas, a usted se le pasó eso. Pequeño detalle elemental: a Descartes no.

Por otra parte y en pos de abrir su espectro filosófico que parece estar bastante percudido, le recomiendo leer a Hume. Es contradictorio que se lo nombre, porque el tipo confiaba en los sentidos y no así en la razón. Pero créame que es necesario tenerlo en cuenta.

Si lo hubiese hecho, desde mi humilde punto de vista, se habría evitado varios dolores de cabeza, ya que hubiese contemplado la posibilidad de que las impresiones sean más fuertes que las ideas. En consecuencia, usted no habría sido tan impulsivo a la hora de inmiscuirse en relaciones amorosas, porque hubiese tomado el recaudo necesario y actuado con precaución esperando que la idea que usted forjó de su novia sea confirmada por una impresión correspondiente. Hay veces en la que no se puede conocer lo que está más allá de la experiencia, ¿sabe?

Una cosa es tener la impresión de una buena mujer y otra muy diferente es la huella que confirma que eso que uno cree es así. Mi excelente estado matrimonial es el mejor de los ejemplos. Permítame ahora si, degustar el licor de la victoria con un soberbio “Jaque mate”

Lo saluda victorioso y danzante, un superlativo Watson.

Nota: Quizás con un Malbec sus consideraciones cambien por completo.

Nota 1: Métase la ética en el orto.

Nota 2: Seguramente usted es Menottista.

martes 14 de julio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (3° Parte)


Watson:

No es ético. Sus lecturas y las distintas aplicaciones de las mismas rememoran en mi lo que el filósofo francés Jean Paul Sartre describió como la nada. Cuesta entender como alguien en quien uno busca un refugio, se atreve a cuestionar interpretaciones tan incuestionables como las mías. A uno lo invade de inmediato una profunda sensación de desesperanza ante tamaña muestra de egocentrismo. ¿Hasta qué punto piensa seguir con la tortura?

Su problema es que goza de un estable estado conyugal, pero créame que las cosas tienen movimiento. Usted ha perdido el sentido de la orientación en forma notable. De otra forma, ningún ser humano que se jacte de pensante en la faz de la tierra podría sufrir una separación entre razón y realidad tan significativa ante una verdad ocasional indeseada para cualquiera.

Seguramente, también, este siendo motivado a responder de esta forma bajo los efectos de la influencia femenina de su mujer, a quien no conozco, pero tampoco me gustaría hacerlo. Le dejo una advertencia antes de adentrarme en el profundo debate catedrático, -que ante su respuesta- me veo en la obligación de continuar para evitar que conceptos erróneos se propaguen como miasmas hacia el resto del mundo.

Aquí va: tenga cuidado con quien se acuesta. Uno nunca termina de conocer a la persona que duerme a su lado, básicamente, por la sencilla razón de que nunca nadie se termina de conocer a uno mismo, y la vida, es lo suficientemente corta como para querer comprender a más de una persona. Después no diga que nunca le avisé.

En cuanto sus lecturas filosóficas, déjeme decirle que puedo vislumbrar un tipo de razonamiento deductivo bastante familiar al silogismo aristotélico que tanto Descartes criticó. En conclusión, su forma de razonar elimina el conocimiento de raíz, ya que no me agrega nada nuevo. Con lo cual, me empiezo a replantear seriamente que me motivó a escribirle por primera vez. Supongo que el hombre en situaciones desesperantes tiene dos formas de actuar, la primera es reinventándose y la segunda es haciendo cosas estúpidas. Yo sin lugar a dudas, he optado por la segunda.

No obstante, como me gusta finalizar con la cosas que empiezo voy a continuar con el intercambio epistolar hasta que usted caiga en la cuenta que está manejando definiciones inciertas.

Al igual que Descartes, creo que la razón es la cosa mejor distribuida entre los hombres. Todos la tenemos, pero a la vez, todos la ejercitamos de distinta manera. En fin, usted deduce y yo intuyo. Yo capto inmediatamente la realidad, usted sigue pasos y por lo tanto no llega a conclusiones firmes. Recuerde lo siguiente: pienso, luego existo.

Una vez dicho esto, creo que estoy en condiciones de afirmar que esta discusión no tiene más sentido, ya que la historia y el desencadenamiento de los hechos me han dado completamente la razón.

Ahora puede usted, tranquilamente, dedicar su vida a medicarse y a enviudar.

Muchas gracias.

“Beto” Cuevas

Nota: En cuanto a su lectura de Nietzsche, solo me delimitaré a decir que este tipo estaba loco y que, como tal, no puedo ser ni juzgado, ni tenido en cuenta. Sería poco serio.

Nota 1: Le regalaría mis discos de jazz, pero no estaría seguro que pueda usted llegar a comprenderlos.

martes 30 de junio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (2° Parte)

Querido “Beto” Cuevas:

Sepa usted, antes que nada, que mi acefalía epistolar se debe a que he estado ausente de casa este último mes. No es mi intención traerle malos recuerdos pero he pasado las mejores vacaciones de mi vida junto a (valga la redundancia) la mujer de mi vida.

Afortunadamente, un hombre seguro de su suerte no tiene que revisar celulares ajenos, ni llevarse sorpresas ingratas dignas de encuentros extramaritales del tercer tipo. No es mi caso.

Ahora bien, si me disculpa, tengo un par de críticas que hacerle. La primera de ellas es una acción que debe dejar de contemplar. Me refiero al Máuser en su cajón, sabido es que los suicidios son una solución permanente a un problema temporal.

El término “solución permanente” es sin dudas seductor, pero sepa también que ese permanente lleva implícito un sin retorno que deriva en la no existencia. Es decir, usted cesaría de respirar, moriría. Un final trágico sin dudas, sobre todo si tenemos en cuenta que no va a poder completar la lista de personas a asesinar y su ex mujer saldrá impune de tamaño crimen.

Le dejo mi primer mensaje: Transgreda las pautas, muera por su causa.

Con respecto a sus lecturas filosóficas debo advertirle que no son completas, o al menos, son irrisorias.

No se ofenda, pero acusar a Thales de Mileto no sólo es un acto primitivo sino también limitado. Sepa usted que Thales era un filosofo presocrático, es decir, que está pagando los platos rotos alguien que dejo de existir mas o menos 560 años antes de Cristo y usted es de la época de los celulares y la Internet.

Si bien, Thales fue el primero en dar respuestas racionales a los problemas, también es cierto que estos problemas estaban más vinculados con la geometría y no con las tragedias de la vida humana. Por otra parte, cabría destacar que fue más conocido como astrónomo que como filósofo en sí.

Si volvemos a su pensamiento, es de conocimiento público que en el amor no hay lógica, por lo que amoldar un sufrimiento emocional a concepciones derivadas de un genio astronómico sería como pretender que un chapista explicara la teoría de la relatividad.

Es verdad, que al igual que Pitágoras, Thales se preguntaba por la realidad y estaba sorprendido por las regularidades que había en el mundo; pero sepa también que esos pensamientos evolucionaron y se han llegado a mejores conclusiones (sin desmerecer éstas).

Han aparecido hombres como Sócrates, conocido como el maestro por excelencia, un filósofo que creía en el conocimiento de la verdad objetiva e incluso que se ha tenido que pelear con los Sofistas que al contrario de su pensamiento, relativizaban la verdad.

Sino, consulte por Platón que escribió diálogos donde Sócrates (su maestro) hablaba con los sofistas. Un adelantado.

Ni hablemos de Aristóteles, discípulo de Platón hasta que se cansó. Se preguntaba cual era el fin de la vida humana y logró deducir que la realidad estaba confrontada por dos mundos: El sensible, donde todo cambia y el de las ideas donde reina lo inmutable.

Con lo cual, ya le puedo adelantar que quizás por este lado estaría la explicación a lo que le esta pasando. No se alarme, pero el secreto del fracaso en las parejas radica en que después de un determinado tiempo, la mujer quiere que el hombre cambie y el hombre quiere que la mujer no cambie jamás, que vuelva a ser la misma que conoció.

Llamativamente, los resultados son inversamente proporcionales a los que se esperaban, sucede una especie de eclipse porque la mujer es la que cambia y el hombre tiende siempre a ser el mismo.

Con respecto a su apreciación Nietzscheana, sepa que ésta es irrisoria porque la visión que Nietzsche propone no es tan negativa como la suya. Si lo hubiese leído con detenimiento y absteniéndose de los Martinis, se daría cuenta que está manejando conceptos erróneos.

Según Nietzsche, el ser humano está determinado por dos fuerzas regidas por los dioses de la apología: Apolo y Dionisio. Apolo, es el dios de la armonía, del equilibrio, Dionisio, el dios del vino, de la exhuberancia, de lo exótico.

Ambas fuerzas son igualmente importantes, están en nosotros y no debemos negarlas. Por ende, me extraña que creyera en la fidelidad absoluta, sabiendo que las personas conviven con dos personalidades distintas dentro suyo ¿O usted nunca pensó en engañarla? Sepa que si me dice que sólo Apolo rige su conciencia, esto es poco serio.

Por otra parte y volviendo a Nietzsche, éste aboga por sacar la autenticidad, es decir, recuperar la visión dionisiaca para crear lo nuevo, que es la cosa nunca vista, o sea, romper con la monotonía de la historia.

Desde mi humildad, yo creo que eso es lo que usted necesita, componer sus valores, lo que usted quiere para sí. Lo que Nietzsche llamaría un verdadero acto de libertad, Cuevas.

Recuerde que el pastor de Zaratustra logro ver la luz al final del túnel.

Sin más por ahora, y a la espera de buenas noticias le deja sus saludos cordiales, Watson.

Nota: En caso de que decida terminar con su vida, le suplico tenga la atención de regalarme su colección de discos de jazz.

viernes 26 de junio de 2009

ANARQUISTAS DEL AMOR (1° Parte)

Lo que se va a leer a continuación es una anomalía. "Anarquistas del Amor" fue escrito hace tiempo y puede ser muchas cosas, pero -por sobre todas ellas-, busca reflejar la necesidad de las personas por encontrar explicaciones a manifestaciones que -en ocasiones- carecen de lógica.
Dos filósofos catedráticos, (uno de ellos caído en desgracia amorosa y el otro disfrutando de una relación sentimental asentada) discuten acerca de las consecuencias del amor y lo desgajan, analizándolo desde diferentes posturas filosóficas y atravesándolo por distintos filósofos y diversas etapas del pensamiento.
La historia, también deja al desnudo como las personas -por más letradas o ignorantes que sean- son contradictorias por naturaleza humana y utilizan los argumentos que le quedan a mano para ganar cualquier discusión al precio que sea.
El cuento tiene la particularidad de ser escrito en forma de correo epistolar. Diez partes, diez cartas. Esta es la primera de ellas.


1° PARTE

Estimado Watson:

La constante tensión nerviosa que desde hace tiempo me domina, ha llegado a dañar mi aparato psíquico a punto tal de experimentar una aversión al trato humano que mis allegados no han dudado en calificar como misantropía.

Hundido en el más profundo disgusto por ser este el día número quince sin recibir correspondencia suya, me acomodé en el sofá y con un Martíni de por medio me dispuse a leer un poco de filosofía antigua.

Para mi grata sorpresa, creo haber descubierto alguien más que a partir de este momento pasa a formar parte de mi lista de personas a asesinar.

El mismo lleva el nombre de Thales. Usted seguramente se preguntará por qué. Pues bien, la causa es sencilla. Thales fue el primer hombre que dio una respuesta racional a sus preguntas. Esto quiere decir que hasta su aparición los problemas eran atribuidos a los Dioses.

Tal afirmación, me llevó a la conclusión de que las evoluciones en los pensamientos no siempre nos juegan a favor. Ya que por ejemplo, en mi caso, podría atribuir la desvinculación de mi novia a vaya a saber qué Dios y no al tipo que se acostó con ella, o a ella en sí.

Lo sé, es una sensación muy retrograda la mía. Roza la primitivo querer dar tamaño salto hacia atrás en la historia, pero créame que en situaciones desesperantes uno hasta desea no haber nacido. Al menos, me consuela saber que en este mundo también hay otras personas que la están pasando tan mal como yo. Eso es indefectible.

De más está decir, que son sentimientos muy bajos los míos, pero últimamente empiezo a frecuentar mutaciones insospechadas y de las cuales nunca creí que iba a tener que hacerme cargo. “La lista negra” la completa mi novia, mejor dicho ex novia desde el viernes pasado.

No obstante, tantas horas de auto psicoanálisis en la ducha, también me han llevado a retomar concepciones propias de otro filósofo, un tanto más moderno y que hace poco más de cien años murió. Se trata de Nietzsche.

A veces, creo que el amor es la concepción Nietzscheana de la filosofía de la historia, la imagen de la serpiente incrustada en la boca del pastor. Yo se que Nietzsche estaba un poco loco y tuvo notables síntomas de desequilibrio mental, pero dígame si ¿no es verdad que el género humano cae en la insoportable levedad de tener que repetir continuamente el circulo del amor (vicioso por cierto) que lo destruye y retroalimenta?

No hay nada que hacerle, el amor es lo que era la historia para Nietzsche. La idea del eterno retorno, la imagen de la serpiente mordiéndose la cola. Que digan lo que quieran de los aforismos de “Así hablo Zaratustra” pero Nietzsche tiene razón, en la historia no hay evolución posible porque siempre se vuelve a repetir.

A mi entender en el amor pasa lo mismo. Cuando creemos haber encontrado a la mujer ideal, la misma se desvanece en el aire. Y es acá, donde se cristaliza la idea del eterno retorno. Volvemos a besar la lona.

¿Lo ve Watson? Así en la historia como en el amor. Creemos evolucionar pero es un mero espejismo. Tarde o temprano la historia se repite y se seguirá repitiendo.

El tiempo es un círculo, es una sucesión de “ahoras” y la verdad es un problema bastante complejo, por cierto. Todo lo que está por venir ya pasó, por lo tanto no hay novedad ¿entiende? No hay progreso ni en la historia, ni en el amor.

Me encuentro entre la espada y la pared. Yo soy el pastor del que hablaba el sabio Zaratustra. No puedo soportar la idea de la eternidad personificada en la serpiente. Esta idea se me mete en el cuerpo y me ahoga.

Necesito urgente otro Martini.

Ok, sí. Estoy siendo un poco pesimista, pero qué concepción quiere que tenga un académico como yo, luego de ir de vacaciones con su mujer y descubrir revisando su celular que la misma lo engaña con un tipo veinte años mayor.

Créame, estoy muy mal anímicamente y hasta hay tardes en donde miro de reojo el cajón donde guardo el Máuser.

Que la lógica se me deshaga en la boca (o donde sea).

Lo saluda atentamente, un apesadumbrado “Beto” Cuevas.

Nota: Responda antes de que sea demasiado tarde.


Germán Uriarte

viernes 19 de junio de 2009

BUENOS AIRES ESQUINA VIETNAM

El lado B (o A) de Capital que el porteño prefiere ocultar

ÚLTIMA PARTE


Lo peor es acostumbrarse

El lunes 1° de diciembre extrañamente amaneció lloviendo y la temperatura bajó unos cuantos grados en relación a los días anteriores. Tamaña manifestación ambiental me puso –también extrañamente- de buen humor. Mientras desayunaba, el ruido de un papel pasando por debajo de la puerta llamó mi atención. Eran las expensas de mi nuevo hogar.


La necesidad de pagar me alertó que en días mas cobraba mi sueldo y no pude evitar pensar y repensar el dilema moral que significa trabajar de algo que no soporto hacerlo, en un lugar del que no quiero formar parte pero debo pertenecer porque hay que comer. La insatisfacción se deshizo cuando asomé mi cara por la ventana y un pibe de no más de 14 años tiraba de un carro lleno de cartones en dirección a avenida Rivadavia. Recordé la vieja frase de mi madre, un tanto conformista por cierto, de que hay otros que están peores que nosotros.

“La radio pone fuego a la lenta cumbia” dice un tema de uno de los últimos trabajos de Spinetta y yo pienso que la frase fue hecha a la medida de Balvanera. Sobre calle Yrigoyen un bar escupe olor a minutas, y puertas adentro, suena a todo trapo música tropical con ritmo a periferia, mientras se escucha discutir a dos hombres pasados de copas. Son apenas pasadas las tres de la tarde y el agua no es excusa para que la ciudad afloje su ritmo. Amenazo con poner un pie en la calle y la lluvia parece advertirlo y caer con más fuerza, pasa un taxi y no dudo en frenarlo, es mi franco y por más que llueva, necesito despejar mi cabeza frente a una rutina que comienza a ahogarme.

-¿Ves este qué está en la esquina con estos dos? Bueno, estos son pungas. Son de la zona y siempre se juntan acá o sobre La Rioja. Vos ahora no te das cuenta porque sos nuevo pero con el tiempo vas a empezar a fijarte en esto que te digo.

Lo confieso: el hombre no habló sólo o porque sí. Que el tachero dijera lo que dijo, fue producto de mis prejuicios, de lo que veo en la tele, del miedo que consumen mis ojos y mis sentidos, sino, ¿qué otra cosa me podría haber llevado a preguntarle si el barrio es seguro o no? Ninguna. Además, ningún joven de 24 años haría esa pregunta de padres de 50. Pero yo la hice y obtuve como respuesta lo que todo pasajero de taxi quiere escuchar, que sí, que es más inseguro de lo que creo y puedo llegar a imaginar. En fin, lo que leyeron.

-¿Vos sos del interior? Bueno, cuando juntes unos mangos, anda pensando en mudarte. Este barrio es una mierda. Acá la vida vale dos pesos, te linchan por un par de zapatillas sea la hora que sea. Los códigos se perdieron hace rato.

Pagué, me bajé del taxi y la paranoia era un tanto más grande que veinte cuadras atrás. No importa, la gente por estos lados se acostumbra a convivir con eso, con la muerte a la vuelta de la esquina, con la sensación de miedo y con la inseguridad y desconfianza en el que camina delante y detrás de uno. Si no te gusta, te vas.

Dentro de otro ecosistema un tanto mas aristocrático, advertí en un coqueto ascensor de un edificio de Recoleta el identikit de un violador que desde hace unos días merodeaba por la zona. El boceto explicaba detalladamente como procedía el desconocido y finalizaba rogándole a los vecinos del barrio que se cuidaran entre ellos.

De vuelta a casa, caminé. Con un miedo indescriptible, de esos que te hacen apurar cada vez más los pasos, pasé por las esquinas que no debía pasar, sólo me pidieron monedas que no tenía. Llegué a casa y agradecí estar vivo. Frente al espejo confirmé que me estaba transformando en alguien que no quería ser, que CNN estaba ganando la batalla y me estaba convirtiendo en uno más de sus seguidores.

Prendí la tele y con tristeza contemplé como se debatía en la Corte Suprema, un proyecto de ley para bajar la imputabilidad de los menores de edad hasta los 14 años, en delitos graves, pero no me extrañó que así fuera, ni que la sociedad esté de acuerdo con ello. Tampoco me sorprendió que en las calles los afiches de los políticos hicieran tanto hincapié en la inseguridad y propongan crear más cárceles. Después de todo y a esta altura de mi estadía, la vorágine capitalina me había contaminando más de la cuenta.

La calle está dura


- Si es por buscar, mejor que busques lo que nunca perdiste.

A veces pienso que las palabras con la que Martín Caparrós da comienzo a su libro de crónicas “El interior”, le quedaban calzadas al que era por ese entonces mi presente. Para cuando comenzaba a desayunarme con la capital, además de estar leyendo a Caparrós buscaba trabajo como periodista en algún rincón de la ciudad.


Para tal fin, había decidido comenzar con patotear a comunicadores de renombre en las mejores radios de la ciudad. El 151 en Rivadavia y Saavedra me depositaban en dos de ellas, la Rock and Pop y la Metro. No era la mejor manera de hacerlo, pero de alguna forma se tiene que empezar cuando se carece de medios diplomáticos que te acerquen a ello.

Colegiales es un barrio que rara vez sale en la tapa de los diarios. Tiene sus rollos como todo espacio cercado por instituciones, espacios verdes y gente con pulso en las calles, pero acá el clima es más tranquilo y se siente cierto aire a siesta y reposo dominical. Esto, claro está, tomando como referencia a Once. Lo sé, las comparaciones son odiosas.

Un curriculum en la mano y otros escondidos en el morral. La táctica era primitiva: hacer guardia fuera de La Metro y esperar que alguien de renombre salga para abalanzarme sobre él y pedirle una oportunidad. Fernando Peña fue la víctima.

- Fernando, ¿cómo estas?, te quería dejar mi curriculum, soy Comunicador Social y hace poco que llegué a Capital para probar suerte.
- Bueno, damelo y si te necesito, te llamo.
- Mirá, a mi me gustaría aprender y ganar experiencia en esto. No me importa que no me paguen, quiero hacer carrera.
- No. Gratis no. Gratis nunca. Yo si te necesito te llamo, pero gratis no vas a trabajar conmigo.

Peña se sube en la parte trasera del C5 y su chofer arranca por la calle Conde, en dirección a Palermo. A contramano, me dirijo hacia Virrey Conesa y Loreto, a dejar otro curriculum a la productora PPT, mientras pensaba que ya se hacia la hora de volver para Balvanera y tomar la combi hasta Ezeiza.

En la productora me atendió Bárbara, una secretaria de turno. Le dije el mismo speach y me dijo que solían tomar gente pero no en esta etapa del año.
-Igualmente lo dejo junto a los otros y ellos verán si te llaman

“Lo dejo junto a los otros” fue lapidario. En sí misma, la frase no guarda ninguna connotación, pero leyendo entrelíneas, se puede apreciar que ese “los otros”, habla de miles de personas que conviven con la misma angustia, la de no ser nadie en un mundo de gente que no es nadie. La sensación de que Buenos Aires te da todo, menos lo que necesitas.

De vuelta a la parada del 151, sonó mi celular. Sobre la pantalla, figuraba la leyenda “Privado”. Supuse que era muy temprano para recibir el llamado de Peña, pero atendí con cierta esperanza ilusa:

- ¿Germán?
- Si ¿Quién habla?
- ¿Qué tal? Julián del departamento de Recursos Humanos del Duty Free Shop te habla.
- Si, decime.
- Mirá, te quería llamar para evitar que te vengas para acá y te comas el garrón… Vos sabes que con este tema de la crisis tenemos que recortar personal y en situaciones como estas, priorizamos a aquellas personas que tienen mayor tiempo en la empresa. Yo te quería pedir disculpas, pero vamos a tener que prescindir de tus servicios. No es que no estemos conforme con tu trabajo, pero es mala suerte y son los tiempos que nos tocan vivir.
- Entiendo.
- En estos días te va a estar llegando el telegrama de despido y los chicos de Recursos, te van a hacer la liquidación final para que la pases a buscar.
- Ok. (Silencio Stampa)

De vuelta a Balvanera, no recuerdo con exactitud en que pensé. Son esos viajes donde la mente está en blanco y la cabeza se apoya contra algunos de los vidrios.

Cerca de La Rioja y Rivadavia, recordé la frase que decía que Dios estaba en todos lados pero atendía en Capital y no me extrañó que por estos lados cada día haya más ateos, después de todo, yo me había convertido en uno de ellos. Con 40 grados de sensación térmica, aquel mediodía de diciembre, volví a masticar la bronca de saber que las cosas no me estaban saliendo como quería, justo en el momento en que abría la puerta de mi casa y me enteraba que debido a las altas temperaturas y la crisis energética, el Gobierno Nacional me había cortado la luz.

Bienvenido a la gran ciudad.

Germán Uriarte

martes 9 de junio de 2009

BUENOS AIRES ESQUINA VIETNAM

El lado B (o A) de Capital que el porteño prefiere ocultar

2° PARTE

Va a estar bueno Buenos Aires

De chico cuando venía a Capital me pasaba el día mirando los edificios y las autopistas. Siempre me llamaron la atención esas estructuras exageradas y monstruosas que todo niño de pueblo ve por primera vez. De grande, cuando vine a estudiar a La Plata y en alguna escapada de fin de semana me venía para Capital, mi asombro por las mismas cosas seguía vigente. Siempre creí que con Buenos Aires me iba a llevar bien, que entre ambos íbamos a mantener una especie de romance y complicidad. Mas tarde, la realidad me diría que Buenos Aires no se iba a dejar besar

Macarena gira sobre su eje y de cara a un puesto de diarios, revolea su cadera en un claro gesto de invitación sexual, frente a un chofer de la línea Plaza que mordiéndose los labios, levanta sus cejas para alertar al diarero que la joven está infernal. Macarena no llega a los 18 años y está acompañada por otras dos mujeres de su misma nacionalidad: panameña.

Las tres ostentan un mismo objetivo y una forma en común de llegar a él: ofreciendo su cuerpo. En Once el término pedofilia está por venir, es como uno de esos celulares que por Internet anuncian las compañías japonesas de tecnología avanzada pero que al país van a tardar algunos años en llegar. Al menos, eso indica la actitud del policía que con la misma cara avala las observaciones del colectivero.

De las tres, la que más llama mi atención y no por ser pedófilo es Macarena. Hacía ella me dirijo, mientras un séquito de miradas masculinas me miran con cara de envidia, y otro de miradas femeninas, lo hacen con cara de asco. La gente sólo piensa en eso.

En eso también piensa Macarena y sus dos acompañantes que a modo de guardaespaldas me avasallan y la regentean de la mejor manera posible. Como mis intenciones son otras, con cara de decepción las que más tarde me enteraría que eran su madre y su tía se hacen al costado en busca de mejor suerte y recién ahí, la joven se suelta… y no de ropa.

-Estoy en el país desde los ocho años. Vine con mi mamá, mis tías y mis dos hermanas traídas por un hombre que se dedicaba a la trata de personas. Argentina era ante todo la posibilidad de ser alguien, de crecer para volver a nuestro país con dinero para salir adelante.

Once es contradicción por naturaleza. Es la bocanada de aire entre un tumulto de gente con historias forzadas y pasadas que asfixian, pero a la vez puede llegar a ser el Tupper de una sociedad que no termina de desarrollarse. Y que te quedes o no dentro de él, dice muchas cosas. Para algunos, plaza Misserere puede ser el refugio frente a un pasado que no se quiere volver, para otros, en cambio, significa el estancamiento, el caminar con la insatisfacción en la cara de que no se está pasando por un buen momento y que uno merece más de lo que tiene. Pero Buenos Aires no ofrece tiempo para lamentos y en consecuencia la vida sigue, del trabajo a tu casa, o a tu refugio, o a la escalera del subte, si es posible con la panza llena, que te garantiza 24 horas más de vida. Mañana vemos.

-Cuando llegue acá mucho no entendía, era muy pequeña y cuando es así no tenes noción de las cosas, siempre se especula con un mejor futuro para volver a Panamá, pero después empezás a crecer y las cosas que antes creías que ibas a hacer para volver a tu país, se transforman en cosas que haces para comer. Ahí las cosas cambian, y mucho.

El sol partía la tierra de aquel domingo 30 de noviembre y las miradas de su madre y su tía se clavaban sobre mí con un tono desafiante. Me despedí de Macarena y enfilé hacia la calle Catamarca, tenía hambre y a las tres de la tarde tenía que estar en Ezeiza para cumplir con mi jornada laboral.


Acá hay que vender

En cierta forma plaza Misserere y el aeropuerto de Ezeiza se parecen. En ambos se puede encontrar gente de las más variadas nacionalidades, se pueden comprar infinidades de cosas sin tener que abonar el impuesto del producto y hasta se podría decir que en ellos, millones de personas dejan atrás historias pasadas para partir en busca de un mejor futuro. Ahora bien, hay una diferencia que marca a fuego los dos lugares: contrariamente a la gente que camina por Once, la que lo hace por el aeropuerto vive una realidad totalmente distinta y tiene mucho más que las próximas 24 horas aseguradas en su vida.

Llegué a trabajar como vendedor del Duty Free Shop gracias a un amigo que se desempeñaba dentro del departamento de recursos humanos de la empresa. Para cuando ingresé dentro de la misma, mis planes eran permanecer poco más de tres meses como vendedor, para después pasar a integrar un puesto en recursos como encargado de la comunicación interior y poder así, desempeñarme dentro de un área para la cual había estudiado.

Hay algo que por sobre todas las cosas hay que saber hacer para formar parte del plantel del freeshop. La misma es vender. No importa qué, ni cómo, ni a quién. Hay que vender y punto, porque si se vende, se trabaja y si se trabaja, se come y si se come, todos somos felices y no hay tutía.

Miles de portugueses invaden por día los locales del freeshop, también alternan entre ellos, asiáticos, europeos, norteamericanos y algunos personajes famosos de la farándula local, pero la gran mayoría de los turistas provienen de Brasil.

En el aeropuerto todo es escándalo y show. Están las mejores marcas, la mejor seguridad, las mejores promotoras, la alta sociedad, los bajos instintos, los mejores caprichos y los precios en dólares. El paisaje es parecido a esos lugares del mundo que en vísperas de la visita de algún personaje de relevancia mundial -como el Papa o Bush-, limpian y corren la pobreza del lugar hacia algún rincón de la periferia urbana. Para verla, hay que retroceder sobre la Richieri y entrar en Ciudad Evita o desviarse a Monte Grande. Pero si usted quiere apreciar la pobreza, Ezeiza no es el mejor de los casos.

Allá, a veinte metros del sector de la relojería un vendedor y dos pasajeros brasileros se debaten por una camisa italiana de marca, uno de ellos se fastidia porque a la hora de pagar no encuentra su bording pass y pasaporte, mientras Pancho Dotto se enoja porque otro vendedor –que no soy yo- tarda más de un minuto en atenderlo y llevarlo hacia el lugar donde se venden los pañuelos Hermenigildo Zegna, a por lo menos 500 dólares cada uno. Yo hubiese tardado más, pienso, mientras me acomodo el cuello de mi camisa y no puedo evitar esbozar cierto gesto de rechazo ante los desagradables modales que detentan algunos personajes de la clase elitista. Por estos lados la ostentación es cosa de todos los días.

miércoles 3 de junio de 2009

BUENOS AIRES ESQUINA VIETNAM

El lado B (o A) de Capital que el porteño prefiere ocultar

1° PARTE

(La siguiente crónica está basada en hechos reales)


Vine a Buenos Aires, enamorado, destruido, psíquicamente al borde del desborde, a vivir solo y a trabajar de algo de lo que nunca había trabajado: como vendedor en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Crónica de un fin de año agitado en Once, acerca de los riesgos de mudarse a la gran jungla de cemento, con una mochila de sueños y una realidad de pesadillas.

El sábado 22 de noviembre por la mañana esperaba un llamado que me dijera que en una hora -a más tardar-, la camioneta del padre de un amigo vendría a ayudarme para hacer las veces de flete y trasladar así, mis libros y electrodomésticos desde La Plata a Capital Federal. El sábado a esa hora el llamado llegó, pero la noticia era otra: la camioneta había sido robada.

Mis amigos me dicen que soy mufa. En realidad, tal afirmación nunca salió de la boca de mis amigos, si no de la mía propia. Es una especie de superstición que esbocé en una noche de asado y alcohol y que luego de dos o tres hechos infortuitos que protagonicé, ellos no dudaron en colgar de mi frente y cargar sobre mis espaldas, el mote. A mí, -como a todo mufa- el sobrenombre me resbala, aunque debo admitir que en más de una ocasión me lo creí.

Bordeando el psicólogo llegué a la jungla de cemento. Siempre hay un punto en la vida de todo ser humano en donde más allá de que se sea sensible o detractor a los servicios de estos profesionales, uno especula seriamente con la necesidad de ser psicoanalizados.

Mudarse de ciudad no es asunto fácil. Hay dos motivaciones principales que hacen que alguien tome este tipo de decisiones. La primera se debe al coctel explosivo que combina un desengaño amoroso importante y su consecuente hartazgo de la ciudad en la que se convivía; la otra es la posibilidad de un futuro mejor que deviene de una mejor oferta laboral, y la misma, suele traer aparejado –con un poco de suerte- la apertura de un abanico de posibilidades y contactos en el mismo aspecto. Personalmente, estoy encasillado dentro de la segunda opción, con el agravante de saber que en la ciudad de las diagonales, dejaba algo más que un departamento vacío y un trabajo en negro.

Una Ford vieja y despintada con cabina de flete suplantó la Toyota Hilux, que según mi última charla con el damnificado, -quien desde hace una semana mantenía un duelo dialéctico con la aseguradora para que le devuelva la plata de la misma- debería estar desarmada y repartida entre distintos comercios de Warnes.

Sesenta kilómetros separan a La Plata de Capital Federal, pero los contrastes entre una ciudad y otra develan que la corta distancia es inversamente proporcional a la brecha que existe entre el ritmo de vida que cada una de ellas exige.

En Buenos Aires no hay aire, no hay tiempo, no hay monedas y no hay paciencia. El chofer del colectivo tiene mal humor y el del taxi te exige que le pagues con cambio. Buenos Aires te enseña que a la vida hay que zafarla, que no existen los favores, existen las changas. Que Puerto Madero es para Alan Faena, Las Cañitas para los gerentes, San Isidro para los rugbiers y Palermo Hollywood para la nena mimada de papá con plata. Lo demás se divide entre conventillos, cartoneros, pungas, laburantes, pibes de la calle, travestis, bares, hambre y villas. Con todo eso tenía que aprender a convivir si quería sobrevivir y estar más cerca de ser alguien, dentro de una vorágine tendiente a exprimir el poder de volar y soñar entre sus transeúntes.


Hogar, dulce hogar

Rómulo abrió de par en par el portón del edificio para que el flete ingrese dentro del mismo, no sin antes repetirme que por el “favor” tendría que abonar treinta pesos. La esquina de Yrigoyen y Catamarca pasaba oficialmente a ser parte de mi vida. Mudarse es conflictivo por naturaleza. Es empezar de cero en otro lugar, acomodarse a ruidos nuevos en un ambiente nuevo, con el siempre latente bajo instinto que desde algún rincón de nuestra conciencia nos dice que se está tomando una decisión equivocada y que antes se estaba mejor.

Once es un zamba. Decir Once es apodar comercialmente a Balvanera. Decir Balvanera es sinónimo de un barrio atravesado por una multiplicidad de razas latinoamericanas importante. En esta zona, paraguayos, bolivianos, peruanos, y centro americanos se reparten entre cabarets, puestos de ventas ilegales, conventillos, bares, todo por dos pesos, subtes y espacio público. La paz está garantizada mientras nadie se meta con el otro. Eso, equivale a decir que entre bomberos nadie se va a pisar la manguera. Todos son felices si hoy se va a dormir con la panza llena y el corazón anestesiado, porque en Once es muy difícil ver corazones contentos. Todos están acá porque en algún punto de su vida algo no salió como debía salir. Todos llevan sobre su piel alguna cicatriz vigente que con la humedad renace y hace doler hasta los huesos. Se nota en la cara de los que caminan avenida Rivadavia, de los que ríen a fuerza del alcohol, de los que limpian los vidrios en cualquier esquina. Incluso en las caras de aquellos que comieron hoy y después vemos, porque Balvanera es eso, es comer hoy e irte a dormir con la satisfacción de que zafaste, que no te vas a morir, pero que mañana tenés otra 24 horas para confirmar eso. Es poner la otra mejilla a la cachetada del destino que te tocó, pero que no elegiste. El que ve otra cosa, no está en Once.

Pero Balvanera no está sola, tiene su aula magna: la plaza Miserere. Allí, avenida Pueyrredón, Jujuy y Rivadavia se congregan y militan sin ningún tipo de recelo. De noche, los vecinos de la zona recomiendan no cruzarla. Hacerlo, ahora es muy difícil porque desde hace unos meses a esta parte, la plaza está cercada por andamios y maquinarias de construcción que según dicen los carteles de la gestión Macri, están remodelándola. No obstante, eso no es impedimento para que el aula magna pierda su jerarquía, tiene menos lugar pero no por eso, la gente de Once deja de llenarla. En ella conviven desde puestos artesanales, hasta ofertas de sexo y superpanchos. Algún publicista de la Universidad de Palermo podría asignar el siguiente slogan para promover el turismo en Balvanera “Vení, comete el mejor pancho por dos pesos y disfruta del ardiente sexo latinoamericano mientras aprovechas la hiperpromo de 3 remeras Nike por $20”. La frase no sería descabellada por el simple hecho de que acá, todo tiene que ver con todo. Los que la caminan lo saben y están orgullosos de eso. No reniegan de su destino, pero sí, de su pasado.

Para cuando llegué a vivir a una cuadra de la plaza, tenía más dudas que Samantha, pero por sobre todas las cosas tenía una certeza base que contrarrestaba todas esas incertidumbres, y era que necesitaba jugarme las fichas de ser alguien dentro de la gran ciudad. Y si el precio de hacerlo, era salir moral y psíquicamente destruido, eso, no iba a ser impedimento para que diera mi cabeza contra la pared una y otra vez. Creer en eso no es una asignación del destino, es una filosofía de vida.

martes 26 de mayo de 2009

HACHE DOS O


Sobre la mesa quedó un vaso con agua hasta la mitad. Fue la mejor de las parodias que el capricho de los acontecimientos nos podía dejar al alcance de la mano. La paradoja de lo que nunca pudimos terminar, un vaso con agua hasta la mitad. Así de simple y de absurdo.

Vos me dijiste que no sabías y yo entendí todo. Yo te pregunté que harías vos en mi lugar y te juro que tendrías que haber estado enfrente tuyo para ver tu cara de situación.

La última cena fue la de los silencios. Cada tanto algún suspiro y a las perdidas, algún ruidito a celular, del mío, porque el tuyo supongo, debería estar en silencio. Nota al margen: otra paradoja: la del silencio, pero más superficial y tecnológica. Después ardimos y simulamos alguna mueca de sana parsimonia mental, similar a la que teníamos por agosto. Que alguien bendiga a agosto, porque yo en Dios no creo y en julio mucho menos.

Hay cosas de las cuales supuse que nunca me iba a poder deshacer, entre ellas, el viejo de la bolsa, todo lo que convive debajo de mi cama y tu sombra que más de una vez me hizo hablar sólo. Lo demás, supongo que puede ser acomodable conforme a las circunstancias, la sensación térmica y el abominable tiempo de descuento que nos hace soñar con la impronta de que en el último tiro, nos vamos a transformar en el más mejor de los apostadores dentro de la epopeya de dudosa reputación que nos ofrece nuestro futuro inmediato e imperfecto.

Jugala que es gratis. ¿Hiciste los deberes? ¿Rezaste antes de dormir? Amén.
Siempre me atormentó la idea de saber que el vaso de agua se pudiera terminar y hasta hay días donde esquivo el comedor para evitar ver lo que no quiero ver: que no tenga más agua.

Hoy llovía y lo confieso: no tenía muchas ganas de respirar. Repasé con sumo cuidado y sumo pontífice todas las cosas que alteraron el orden irrisorio de lo que nunca tendría que haber pasado o presente, y creeme que no había forma de reordenar con criterio alguno el amasijo de pensamientos y sucesos indigeribles, pero después –a la brevedad-, caí en la cuenta de que el orden de los factores no altera el producto, que a esta altura, supongo, es causa y efecto de mi imaginación ¿o de la tuya?

¿Dónde dejé los antidepresivos?

En todo eso pensaba cuando advertí que se me hacía tarde para llegar al lugar que tenía que llegar y en el cual, -casualmente-, no me esperaba nadie. Y fue ahí, en ese momento, que cerré la puerta y dejé las llaves adentro, sobre la misma mesa donde seguía el mismo vaso con agua hasta la mitad.

¿Y ahora qué hago, Juan Carlos?

Me olvide de preguntarte la pregunta del párrafo aparte:

¿Cómo anda tu amiguito, el baterista? ¿Y ese otro, el modelito de boxer que se resiste al paso del tiempo? ¡Contra la naturaleza no, eh!

La costa no fue hecha para noche de bodas y tus ojos siempre tuvieron la particularidad de mirar desde lejos. Lo peor de las ecuaciones es sacar el resultado.

¿Adivina qué?

Sin que hables lo entiendo igual.

¿Dónde escuché eso?

El Halopidol, Abrí la boca y subí la lengua

No soy yo, doctora. Es la acidez ¿o el ácido? Como sea, necesito un vaso de agua.

¿Te lo vas a terminar? ¿Así como así?

Es hora de levantarse querido.
Lo peor del gerundio es conjugarlo en singular

Basta, te dije.

¿De qué te reís?

Una última dejame hacer, antes de que te vayas, decime una cosa:

La vida… ¿para dónde queda?

Supongo que me quedé otra vez hablando
solo.

martes 12 de mayo de 2009

PANICO Y LOCURA HACIA EL SUR

(Cómo abusar de la mala suerte y no morir en el intento)

ÚLTIMA PARTE


“Lo peor ya pasó”

Las energías estaban renovadas. Al igual que todos, pensaba que nuestra mala suerte se había acabado. Al igual que todos, me equivoque. 300 kilómetros más adelante y faltando sólo 30 para Piedrabuena, al salir de una curva que habíamos tomado a una velocidad poco prudente, se bloquearon las dos ruedas traseras.

La camioneta empezó a perder el control y terminamos contra la banquina. El accidente no colmó las tapas de los diarios regionales y algún recuadro de Clarín porque justo en ese momento no venía nadie de frente. Nos volvimos a mirar entre todos, nos preguntamos si estábamos bien, puteamos, nos bajamos de la camioneta, volvimos a putear, revisamos la camioneta (también puteando), y mi primo y el flaco detectaron el problema (o creyeron detectarlo). La cuestión era que las ruedas no giraban, estaban bloqueadas.

La historia se volvió a repetir. Otra vez esas miradas sobre mí, otra vez la misma misión con diferente horario. La historia de nunca acabar. La sensación de incertidumbre, parecida a la de estar demorado en la comisaría.

Esta vez, fue otro camionero el que me levantó, llevaba arena, un camión cargado de arena al que no le funcionaba al embrague; manejarlo, todo un arte. “Yo me llamo Daniel” se presentó, el tipo aparentaba unos 50 años y una vida entera arriba del camión. Salimos con rumbo a Tres Cerros, una localidad a 250 kilómetros. En el transcurso hablamos de mi desgracia y aun así no pude desahogarme, maldije una y otra vez, la suerte estaba echada... a la basura.

El camionero me dijo algo muy inteligente, me advirtió de mi rumbo errado del cual ni él, ni yo hasta ese momento nos habíamos percatado.

- En realidad, pibe, vos tenés que ir para el otro lado

Tenía razón. Me iba a ahorrar tiempo, plata y mala sangre. Ir para el otro lado significaba seguir hasta Obreria, un lugar en donde sólo hay hombres trabajando. A todo esto, a Obrería ya lo habíamos pasado. La preocupación se remitía a una duda: no sabíamos si había algún auxilio ahí y ni siquiera sabíamos si había teléfono, los celulares no tenían señal, estaba en una especie de triangulo de las bermudas patagónico.

Obrería es un pequeño terreno donde la gente se dedica a trabajar con las rutas argentinas, subsidiado por Kirchner, que dicho sea de paso, tiene media Patagonia en su bolsillo o en la cartera de su mujer. Vaya a saber uno dónde.

Daniel me volvió a dejar en la ruta a 40 kilómetros de donde nos habíamos quedado y a unos 30 de Obreria. De nuevo mi pulgar y yo estábamos a la deriva, hicimos nuestro trabajo y a los cinco minutos otro camionero me levantó. Carlos se llamaba y era de Ushuaia, tenía 24 años, dos hijos y se dirigía a Obrería. También charlamos aunque esta vez me contó de sus problemas familiares; fui su psicólogo de cabecera por el lapso del viaje. Al igual que la mayoría de la gente joven, había escapado para Ushuaia en busca de un futuro. Era de Lomas de Zamora, no pudo estudiar, y tuvo que optar entre dos caminos: robar para comer o trabajar para vivir. Optó por el segundo.

Carlos tiene aspecto de barrabrava; los prejuicios dirían que pertenece a la Guarda Imperial o a la celda 24 de Devoto u Olmos, si prefieren. Desde ya, nada que ver, el flaco iba con Ricardo Arjona al mango, me tuve que comer el cd entero, mientras movía la cabeza asintiendo a los problemas de su vida y metía algún bocadillo cuando la situación lo permitía. Entre el debe y el haber llegamos a Obrería, nos dimos la mano, me deseó suerte y yo hice lo mismo con él.


Esto ya lo viví.

En Obrería volví a contar lo desgraciado del viaje por decimoquinta vez en el día. Allí, un guardia de seguridad se apiadó de mi y me dejó entrar para que vaya en busca de Ortiz, y que éste llame a una grúa. Así hice, fui hasta la oficina de Ortiz, golpeé la puerta, lloré la carta y me llamó a una grúa que venía desde Piedrabuena.

Agradecí el buen trato que me dieron y me puse a hacer dedo para recorrer los últimos 10 kilómetros que me separaban de la accidentada camioneta.

Nuevamente, otra Ford fue la que acudió en mi ayuda; un hombre gordo, de pelo largo, barba al mejor estilo Botafogo, gorra y unos Ray Bans sobre sus ojos, me acercaron a destino. El hombre tenía por apodo “Rulo” y era correntino, había venido al sur de joven y lo hizo para escaparse de su familia, de la que no tenía los mejores recuerdos.

- Cuando las cosas en tu casa no van bien, te tenés que tomar el palo. La decisión es difícil pero otra no queda, si querés ser alguien. El sur te da esa posibilidad. Acá tenés que bancar el clima y la distancia pero sos alguien, tenes laburo y podes formar tu propia familia. A eso, yo no lo cambio por nada.

Tuve que subir en la cúpula porque los asientos estaban ocupados. Llegué sano y salvo, me di la mano con él y con los demás. Volví a agradecer e hice una reverencia.
A continuación, esperamos por dos horas a que llegara el auxilio que nos lleve a Piedrabuena. La grúa llegó, el hombre se llamaba José. Como la camioneta no movía tuvo que hacer uso del gato hidráulico; como la camioneta era muy pesada, el gato hidráulico se rompió.

Después de una larga lucha la camioneta se pudo cargar, yo no sé todavía cómo, más bien creo que son algunos de esos fenómenos sobrenaturales que suceden muy de vez en cuando y en los que uno elige creer y no hacer tantas preguntas, después de todo, ese día habíamos visto todo, o mejor dicho, casi todo.
Cerca de las 10 de la noche, llegamos a Piedrabuena. La camioneta quedó varada ahí, en busca de algún valiente que la repare. Nosotros tuvimos que pasar la noche en una hostería y al otro día resolver la situación de la camioneta, que a esta altura, ya había entrado en coma farmacológico. El desgaste mental y físico era grande, insoportable y pedimos una habitación. Nos dieron la 13, como no podía ser de otra manera.
Caímos tendidos sobre las dos camas, el tercer acompañante decidió tomarse el primer micro a Río Gallegos (decisión muy acertada por cierto).

A las 9 de la mañana del martes ya estábamos en las calles del pueblito en busca de un auxilio para la camioneta. Hacia frío, algo así como 6 grados, el viento estaba intratable, mi primo y yo de muy mal humor. Queríamos llegar a Ushuaia como sea.
Mi primo enloqueció y quería tomarse un vuelo desde Río Gallegos hasta Ushuaia. Yo asentí. Llamamos a Aerolíneas pero no había vuelo hasta fines de enero. Optamos por tomarnos un micro en el mismo sentido, pero no había pasajes.

Las cosas empeoraron otra vez.

El mecánico del pueblo, que en un principio nos había dicho que nos arreglaba la camioneta, después acusó un viaje a Río Negro por un mes y se deshizo del compromiso. La situación era la siguiente: sin camioneta, sin nadie que la arregle, sin lugar donde dejarla, sin pasajes a Ushuaia, sin pasajes a Río Gallegos y varados en Piedrabuena. Los instantes eran eternos.
Entre tanta vorágine, el sur se había vuelto algo utópico, inalcanzable. De nuevo en la hostería, miré a mi primo en busca de encontrar algún significado del sur para nosotros. Roncaba como un caballo. Afuera, el viento se hizo protagonista y comencé a experimentar un neurótico desvelo.
Esa noche, entre las sábanas de la habitación 13 no pude dormir, ni responder la pregunta que me había llevado hasta ahí. Estábamos cansados e imaginar un futuro a esa altura y con esos resultados, era algo incierto.

Resignado, mordí la almohada, contuve la bronca y agradecí no haber tenido la idea de viajar en avión.

Lentamente, entendí que hay cosas que nunca vamos a entender y dudas con la que vamos a tener que convivir por el resto de nuestras vidas.

Ayer, hoy y siempre. ¿Qué hay allá abajo?

La curiosidad mató al gato.

domingo 3 de mayo de 2009

PANICO Y LOCURA HACIA EL SUR

(Cómo abusar de la mala suerte y no morir en el intento)

2° PARTE


Palpitando la debacle.

Cuando las cosas empiezan a salir mal lo primero que hace un hombre es maldecir; lo segundo puede variar entre dos opciones: arreglar lo que sale mal o cruzarse de brazos; lo tercero es buscar culpables, atribuir esa mala suerte a algún Dios o en su defecto a alguien al que se le deposita el mote de “mufa”.
Es causa y es efecto.

Para cuando nuestra suerte empezó a cambiar, comencé a sospechar de aquella tercera persona que nos acompañaba. Mi primo lo absolvió y en cambio atribuyó su mala suerte a los festejos de año nuevo, cuando en Avellaneda, a su casa vino a brindar un tipo que le dio la mano y le dijo: “¿hola, que tal? Soy el tipo con mas mala suerte del mundo”. Yo cada vez más me acerco a esa teoría.

El domingo comenzaba sus últimos suspiros cuando Chubut nos dio la bienvenida. Ingresar a Chubut significa mantener una conducta vial mucho mas perspicaz que la que se venía teniendo hasta ese momento.

En primer lugar, porque la noche así lo obligaba; en segundo porque las rutas se asemejan a una especie de Pac-man, donde hay que pensar dos veces (o tres) antes de elegir cada movimiento.

La temperatura ambiente había cambiado y en ese sentido Chubut se encarga de hacerlo saber. El frío seco exige calefacción y mantener la cabeza ocupada. Un cartel me aportó mas información aun: “Bienvenidos a Chubut, capital del viento”

Que la gente corra al bajar de sus autos o se apriete el pecho hasta que con éxito logre volver a entrar en un clima agradable, no es casualidad o parte de un ritual. El frío cala hondo y sólo basta cinco segundos para imaginar lo que debe ser el viento a mediados de julio e indefectiblemente agradecer la seguridad de no tener que soportarlo en un futuro.

Paramos a cenar en la entrada de Comodoro, en una estación de servicio que víctima del capitalismo, amplía sus instalaciones para poner un restaurante de comidas rápidas. Ellos, víctimas, nosotros, cómplices. Ambos, uno.

Milanesas a la napolitana con papas fritas, un manjar. Luego la cafeína necesaria para mantenernos despiertos y calientes por el resto del trayecto.

Un sobre de café me lo advirtió:
“Es el destino quien da las cartas. Pero el hombre quien las juega”

Obvio, pensé. Ayer, hoy y siempre.

Próxima parada: Santa Cruz.

En el ojo del huracán.

Eran las 6 de la mañana cuando entrábamos en Santa Cruz. La madrugada conservaba los mismos protagonistas que horas atrás en Comodoro Rivadavia: el frío y el viento. El calendario había decidido dar vuelta una página, era lunes y la rutina laboral resurgía entre las cenizas del fin de semana.

Caleta Olivia fue el primer pueblo que nos salió al cruce. Algo así como 36.000 personas agrupadas en torno al Mar Argentino y mantenidas a base de la producción más importante de toda la Patagonia: El petróleo.

Hicimos una parada en busca de recargar combustible. Por estos lados, el petróleo cotiza diferente de la gran capital. La gente no especula con el GNC, no es necesario. Lo que por otros lados abunda, por estos escasea, lo mismo sucede a la inversa.

Continuamos camino por una ruta un tanto más peligrosa que las anteriores. La llanura empieza a exigir maniobras extra large y pone en guardia a todos los que la transitan. En el sur, las páginas de policiales pierden en delitos lo que ganan en accidentes.

Cerca de las 9 de la mañana y cien kilómetros delante de Caleta, lo premeditado hizo efecto; para ese entonces mi hábitat natural eran los asientos traseros. La camioneta se llenó de humo y nadie fumaba, en consecuencia, no era buena señal. Tuvimos que frenar, no quedaba otra.

Tener que frenar al costado de la ruta en el medio de Santa Cruz, es en un comienzo desesperante. No sólo porque no suele haber mucho tránsito, sino porque también, los celulares pierden señal y uno se encuentra en una extraña sensación de no saber que va a pasar. El futuro se encuentra ahora en puntos suspensivos.

Nos bajamos de la camioneta y ahí estábamos los tres, con la misma cara de Cambiasso frente a Alemania después de haber errado el último penal. El pueblo más cercano es Puerto San Julián, algo así como 60 Km. de distancia. En momentos como éste, se recomienda no perder la tranquilidad. ¿Qué hacer?

Maldecir sería poco inteligente, es necesario porque de esta manera uno despotrica contra su suerte, pero no nos lleva más allá. No nos da una solución. No quedaba otra que pedir ayuda y yo era el encargado de conseguirla. Lo advertí en sus miradas.

Mi misión no era del todo sencilla, digamos que se podría resumir en dos partes: Hacer dedo y conseguir un electricista y una grúa para llevar la camioneta a arreglar. La primera de las partes se resolvió en forma sencilla, a los dos minutos estaba arriba de un camión; el dueño se llamaba Juan, venía de Bahía Blanca y trabajaba para una famosa marca de cerveza; llevaba 1200 cajones.

Ser copiloto de un camionero no es tarea fácil. Implica por sobre todas las cosas: escuchar, analizar y decir algo inteligente acerca de su situación. Un camionero necesita por sobre todas las cosas hablar y que acepten sus reglas. El camión es su segunda casa, la primera es el acoplado.

Los kilómetros pasaron uno a uno, y así fuimos hablando de nuestras vidas, de repente Juan saca un compact, lo pone y ante mis oídos los alaridos de Leo Mattioli atentan cual fundamentalista talibán frente a las torres, lo que sigue es una sucesión de temas a todo volumen acompañado de tarareos incipientes por parte del camionero.

- ¿Te gusta Leo Mattioli?
- Me encanta. Mentí. Qué otra cosa podría hacer.

Llegamos a Puerto San Julián, me despedí de Juan, nos dimos la mano y le agradecí por todo, acto seguido me encontraba en una ciudad que desconocía de pies a cabeza y caminando en busca de un electricista.

Puerto San Julián trasciende entre bulevares, estaciones de servicios y Mar Argentino. Luego de media hora por fin di con mi objetivo. Me di cuenta porque un cartel escrito a mano me lo dijo.
Me presenté y conté mi problema. El tipo frente a mi, era gordo y vestía alpargatas negras, jogging un tanto descolorido y una musculosa del año 1986 con varias heridas de guerra. La situación no era la mejor. Luego de escuchar mi novela me dijo que había que hacer traer la camioneta para que la pueda ver (eso no era ninguna novedad) lo novedoso era que no había grúa porque la única grúa del pueblo estaba haciendo otro trabajo.

- No te preocupes que yo tengo unos amigos que te la pueden traer, me dijo,

El hombre en cuestión saca un Nokia 1100 y llama a sus amigos. En veinte minutos se hace presente en el lugar una camioneta Ford roja, con dos hombres dentro de ella; bajan y dicen

- ¿Quién es el de la camioneta?

Mi vida pasó por delante de mis ojos, no obstante, tomé coraje y levanté la mano; acto seguido, me encontraba dentro del vehículo para recorrer los 60 Km. de vuelta en busca de nuestra camioneta, mi ubicación era la siguiente: al medio de los dos.

Para romper el hielo, se me ocurre preguntar por sus nombres, primero me dirijo al conductor

- ¿Cómo se llama?
- ¿Io? me dice, io el Luí.

El hombre vestía alpargatas, boina de campo y aparentaba unos 50 años. Después me dirigí a mi acompañante.

- “Yo me llamo Saturnino” adujo.

Saturnino tenia fácil 7 tatuajes en cada brazo; uno de ellos era la parca, otro un corazón con cadenas, otro un escudo de la fuerza aérea con la leyenda “Satu”, los demás variaban en términos de concepto. Lo único que sé, es que ninguno tenía que ver con ninguno; el más llamativo lo vi en sus nudillos, decía también “Satu” en clara alusión al diminutivo de su nombre. Mi segunda pregunta fue la siguiente:

- ¿Qué modelo es la chata?
- Modelo 82 contestó.

La respuesta quedó zumbando en mis oídos por un lapso de tiempo poco saludable. Continuamos nuestro camino. Faltaban escasos 15 kilólemtros para llegar a destino, cuando “Satu” abre la oxidada cajonera, me mira y saca un cuchillo; yo lo miro con cara de haber chupado un limón; el cuchillo pasa frente a mis ojos, desciende y se introduce dentro del pasacassete con el objetivo de arreglarlo. Luego sonríe, me mira y dice:

- siempre se traba esta mierda.

Yo sonreí, mientras por dentro un interminable suspiro recorría mi tórax. Al fin llegamos: la cara de mi primo cuando caí con los dos paisanos fue la misma que puso Nora Dalmasso antes de morir.

Me anticipé a todos y se los presenté, intercambiaron miradas, a mi me dirigieron una bastante fuerte, de esas que te dicen “¿a quién trajiste?”. Hice un guiño de ojos, levante el pulgar y repetí dos veces

-“está todo bajo control, vos confíá en mi”.

Obviamente, yo no estaba seguro de lo que decía pero otra no me quedaba. Unimos la camioneta con una lanza, que es algo así como un fierro que mantiene cierta distancia entre una y otra. Una vez consolidados los dos polos, partimos hacia Puerto San Julián; allí esperaba el electricista de aires bizarros.

Pero todo no iba a ser tan fácil, no cuando la mala suerte es la regla y no la excepción. En el transcurso, la camioneta que nos tiraba empezó a propiciar unos ruidos raros, la causa de ellos: una válvula floja en su motor. Tuvimos que parar. Maldiciones de por medio, el paisano trepó a la parte delantera del vehículo y después de media hora pudo arreglar el problema. “Satu”, cual discípulo del Luí (no Luis) observaba atentamente.

Yo me quise hacer el langa y tiré un chiste que no fue muy bien tomado por la multitud, no recuerdo cuál era. Opté por irme a recostar a los asientos traseros y terminar de leer el libro de Woody Allen. Volvimos al camino y esta vez logramos llegar a destino.

Una vez allí, el electricista revisó de pe a pa la camioneta. Nosotros esperábamos sentados en el cordón el final del arreglo. Mi primo no dejaba de agarrarse la cabeza pensando en el futro de la camioneta y en el de su bolsillo. Yo tenía frío y el otro flaco hablaba por teléfono. Después de dos horas, la camioneta se arregló y salimos para Ushuaia, alrededor de las 13 del lunes.

martes 21 de abril de 2009

PANICO Y LOCURA HACIA EL SUR

(Como abusar de la mala suerte y no morir en el intento)
1° PARTE
La siguiente crónica está basada en hechos reales. Forma parte de un viaje que hice en el año 2007 a la ciudad de Ushuaia en Tierra del Fuego. Decidí dividirla en tres partes porque es muy larga y acá esta la primera de ellas.


Un buen día descubrí que a lo largo de toda mi vida, hubo una sola pregunta que nunca pude evadir, una pregunta que me persiguió a sol y sombra, una duda que escaló en lo más profundo de mi curiosidad. Ayer, hoy y siempre. ¿Qué hay allá abajo?

Desde aquel inocente miedo sobre lo que pudiera habitar debajo de la cama, hasta la insoportable necesidad de recurrir a los instintos mas bajos o por qué no, también, la intolerable sensación de haber tocado fondo.
Todo en la vida parece guardar relación con lo que está debajo.

Hay intrínseca una necesidad de la gente por escapar de la profundidad. Las almas que han actuado en forma considerada en la tierra, reciben su recompensa ascendiendo al cielo; las almas cuyo desempeño fue magro en la vida, reciben su castigo en las profundidades de Lucifer.
Incluso en los juegos más infantiles como la rayuela, el cielo significa la victoria, en oposición a la tierra que simboliza el comienzo del juego y por ende el objeto del que hay que alejarse, porque quedarse ahí abajo es malo, dicho en otras palabras, nos transformamos en perdedores. Ni hablemos del trabajo, ya sabemos todo lo que significa ascender en una empresa.

Geográficamente suele ocurrir lo mismo. En Italia, por ejemplo, las ciudades del norte como Milán o Génova son las más poderosas y por ende habitadas por las clases altas dentro de la sociedad. En cambio, las ciudades del sur como Nápoles, están emparentadas con las clases bajas, con la gente que se gana el pan con el sudor de su frente. Algo similar ocurre con los países, los ubicados al norte son los más ricos y los que someten a través de sus imperios a las naciones pobres o subdesarrolladas del sur. No hace falta dar nombres. Ayer, hoy y siempre.

Argentina parece ser la excepción de la regla, cuando la gente esta cansada de ser la misma dentro de la misma sociedad o asfixiada por un tupper, no huye hacia el norte, se refugia en el sur.

El género humano argentino suele atribuirle mística a lo que esta debajo. Para algunos funciona a modo de divinidad, como si allá abajo se encontrará la solución a todos sus problemas, una especie de paraíso terrenal, sin Dios. Como si estuviera universalmente establecido que al cruzar cierta línea divisoria, o en cierto kilómetro, los problemas desaparecieran o todo se hiciera más fácil. Nos convencemos de eso y en consecuencia la fuerza de gravedad nos chupa hacia el sur. El arte de escapar, encuentra como lugar de cristalización Ushuaia, el fin del mundo (¿cuánto más abajo querías llegar?) Ayer, hoy y siempre.

Por aquel enero mis preocupaciones estaban de franco, será por eso que decidí someterme a responder la única pregunta que nunca pude evadir a lo largo de mi vida: ¿Qué hay allá abajo? La curiosidad mató al gato.

“Todo mal vuelve”

¿Donde escuche eso? lo escuche en la calle, lo leí en un sobrecito de azúcar en un bar y también me lo dijo una ex. Al principio solía reírme de los dichos de la gente, luego comprendí que era un iluso. Ahora, sólo soy escéptico al horóscopo y a Dios.

La mañana del 14 de enero del 2007, estaba tan ansioso por viajar que casi olvido un libro de Woody Allen que había comprado con el objetivo de digerir el viaje y darle rienda suelta a la imaginación. No tenía preocupaciones.

3.600 kilómetros y tres provincias separan a Carlos Casares de Ushuaia, eso significaba algo así como un día y medio de viaje en una 4x4 roja, modelo 94. Lucía intacta, lucía y nada más.

La distancia era todo un desafió para tres personas, sobre todo, si solo dos son las que saben manejar. Saber manejar significa excluir mi persona dentro de esta categoría, por lo cual mis obligaciones se limitaban a cebar mate y sacar temas de conversación en momentos donde la noche y el cansancio comienzan a regir los sentidos y nos seducen con la idea de descansar. Idea que trataríamos de evitar como tres tarados, como si nuestra vida dependiera de llegar cuanto antes al sur. Tres ilusos, convencidos y ansiosos. Una mezcla fatal. La inercia y la falta de una radio hicieron el resto.

El diccionario de la Real Academia Española define a la palabra suerte como el “encadenamiento de sucesos considerados fortuitos o casual”. Aquella mañana de agosto, estaba tan ansioso por viajar que olvide mi dosis de suerte sobre la alacena.

Salimos cerca de las 7 de la mañana, el día se mostraba perfecto para viajar, Besos, abrazos y cuidates. La carnada había sido mordida.

Los primeros trayectos del camino de la ruta 5 se asimilan bastante a escenas de caricatura que se repiten una tras otra. Cientos de kilómetros agobiados por ciudades, y estaciones de servicios en sus entradas. Entre medio de estas, monótonas cosechas de girasol, soja y maíz sacan pecho a los costados del camino. Hectáreas y hectáreas de campo, trazados en forma geométrica, cada uno con su espacio, sin nada que desearle al otro.

Pasamos desapercibidos por Buenos Aires, nos sentíamos inmortales, jóvenes, inmunes, iluminados, capaces de todo. Con ese espíritu nos recibió Río Negro. El éxito del viaje nos iba a seguir dando el dulce por un par de horas y ciudades más…

"Maldición, va a ser un día hermoso".

Río Negro se abre paso a través de un puente. Debajo, el río que da nombre a la provincia yace imponente, algunas veces mas calmo, otras mas violento. En el momento de cruzarlo nos observaba contemplativo, como si tuviera lástima de nosotros.
El día era espectacular, hacia calor y pronto llegaríamos a Las Grutas, quizás la ciudad más turística de Río Negro, al menos en verano. Bordear Las Grutas se convierte en un tramo que combina fastidio y belleza. Tales conjunciones son dignas de vivir porque suceden en pocas oportunidades en la vida. Fastidio por todo lo que significa el recambio de quincena dentro de una ciudad turística. Belleza por saber que estas bordeando el mar y que la tentación es inminente.

Tarde o temprano la propuesta cae como una fruta madura. Es imposible resistir a la tentación de meterse al mar, hice pública mi propuesta y hubo quórum. Mas tarde caí en la cuenta que esa fue la idea mas inteligente que se me ocurrió en este verano.

Acto seguido, mi primo que tiene un grado de inconciencia menor que yo (pero que con eso alcanza), giró a la izquierda y aceptó rotundamente. Imperios de arena, estacionamientos desbordados, guitarras desafinadas, pelotas de fútbol, de voley, de tenis, vendedores, chicas, bikinis.

Hicimos playa por algo así de dos horas, sacamos fotos, y disfrutamos del agua algunos grados mas fría que Mar del Plata. El viaje rozaba la perfección: glamour, playa, Tete sin Giordano, las olas y el viento sucundum, sucundum. Desperdiciamos nuestro último puñado de suerte sin saberlo. A partir de acá, ya nada sería igual.

- ¿Tomamos sol?
- No estaría mal.
- ¿Vos qué opinas?
- Me da lo mismo.
- Sigamos entonces.
- Sigamos.
- ¿Lindas Las Grutas no?
- Hermosas. El día es hermoso también.

martes 7 de abril de 2009

DE ESCAPISMOS Y RESIGNACIONES


¿A qué no saben qué? Últimamente estoy hiper sensible. No sé qué me pasa, pero cualquier cosa que veo por la calle me pone en jaque lagrimal. Cuando estoy así me gusta leer. También me gusta escribir, pero -como señalé en un ensayo anterior- a escribir lo encasillo dentro de aquellas actividades que anestesian un estado de ánimo indeseado.

Si a eso le sumo que hoy llueve, es muy probable que de tener un mauser en el cajón izquierdo de mi placard, el que esté escribiendo acá, sea otra persona y no yo, que podría estar con la cabeza eyaculando sangre por donde se la mire sobre la camilla de cualquier ambulancia del SAME, en dirección al Ramos Mejía. Pero bueno, recapacite un poquito –no mucho- y me dije “mejor me pongo a leer algo y después, si me dan ganas, escribo”.

Leer en mi caso funciona a modo de tregua, a diferencia de la narrativa que según Gabriel Reches “es, a lo sumo, un porrito”. ¿Se entiende? Leer es un escape pero no una terapia como escribir, aunque en el fondo, en el patio del fondo, se toquen y se gusten.

Desde que mi amigo Ignacio vino a mi casa de Balvanera, mi biblioteca se agrandó en forma considerada y con ella las opciones de lectura. Sobre un placard viejo, en la parte superior están los libros de él y sobre la parte inferior están los míos. La biblioteca de Ignacio varía entre lecturas algo más combativas y Hemingway. A Ignacio le gusta Hemingway. También las poesías y Neruda. A Ignacio también le gusta Neruda. Supongo que por eso, tiene facilidad para la poesía, virtud que le envidio porque yo nunca podría escribir una, aunque no me falta nada de lo que Rilke consideraba esencial para escribirlas. Yo también amé, gocé, vi nacer y morir, con la diferencia que lo hice en el siglo XXI, donde se muere por otras causas.

Como decía, ahora llueve mucho, y ando un poco sentimental y por esas cuestiones de la vida, estoy escuchando un poco de Conor Oberst, cuya melodía repunta el estado o lo sumerge mucho más. -A veces, paradójicamente, se necesita ahogar algo para cambiar de aire-. En fin, en su último disco, el líder de Bright Eyes, asegura en una de sus canciones, que el primer viaje a la luna “no fue otra cosa sino el mejor escape de la humanidad”. Oberst fue catalogado desde hace un tiempo por la prensa norteamericana como el “nuevo Dylan” y aunque también afirma que “no hay nada que el camino no pueda curar”, en una especie de contradicción interna, el suicidio continúa siendo un tema recurrente en sus letras.

Mi amigo Ignacio trabaja en un call center, vendiendo seguros de vida a portadores de tarjetas de crédito. Cada vez que llega a casa se replantea el lugar laboral que el sistema en estos momentos le hace. Se rasca la cabeza, se le hinchan los ojos y jura irse cuanto antes de ahí. Tiene talento, sueños y valores. A Conor Oberst le falta mucho para ser como Dylan, pero el presente de Ignacio no tiene nada que envidiarle al tema “La granja de Maggie” que Bob, compuso hace ya unos cuantos años: “Tengo mi cabeza llena de ideas y acá me obligan a lavar el piso”. Letal.

Por suerte, Ignacio tiene sus escapes que no son los suicidios, que no son otra cosa que una salida permanente a un problema temporal. Pero como el ser humano es un complejo sistemas de cromosomas, vicios e historias pendientes difíciles de superar, millones de personas eligieron el adiós eterno para darle un escape a sus problemas. Por ejemplo, el “Malevo” Ferreyra, que de eso entiende, y mucho.

Sino, pregúntenle a los de Crónica que ni lerdos ni perezosos cubrieron su tiro de gracia con una obstinada música trágica, que empujaba a su conciencia suicida, susurrándole al oído “pegatelo ahora ¿qué esperas?, mirando a la cámara 1 por favor”. Carozo y Narizota, estupefactos y valga la redundancia: sin salida, hasta que vino Riverito y se puso a cantar la quiniela a la espera de la placa roja que con música tétrica y la leyenda de “fue primicia de Crónica TV”, anunciara que en breves instantes iban a repetir el “lamentable” episodio. Así estamos, hoy Crónica encabeza la campaña a favor de la pena de muerte en el país, con informes ridículos que alimentan la lipotimia neuronal de Susana, que recluida en Punta del Este, se autodenomina la vocera del pueblo. A CNN se le hace agua la boca.

Pero si hablamos de huir, pero de huir de verdad, Eric Weiss era infalible. Weiss nació un 24 de marzo en la ciudad de Budapest. Fue fuertemente influenciado por un ilusionista francés llamado Jean Eugene Robert-Houdin. Tanto lo fue, que en efecto, Weiss decidió cambiar de piel y autodenominarse “Houdini”. Con él, nacía la leyenda más grande dentro del escapismo. La historia cuenta que Houdini tenía una gran habilidad para escaparse de baúles cerrados con candados, de esposas, de sogas, de chalecos de fuerza, de cadenas y de todo aquello que lo quisiera hermetizar. Para tales proezas, el escapista ocultaba ganzúas, llaves y otras herramientas en los distintos orificios de su cuerpo, y hasta se ha llegado a decir que tragaba algunos elementos y luego los vomitaba. Sea como sea, Houdini marcó tendencia y siempre tuvo una salida al alcance de la mano.

En “El Abrazo partido” de Burman, el padre de Ariel (interpretado por Daniel Hendler) abandona a su familia por un ideal claro: ir a pelear a la guerra, aunque con el correr de la trama hay otra razón que justifica su huida, un engaño por parte de una mujer a la que creía de una forma y resulta ser de otra. En el medio, Ariel busca su lugar en el mundo y Elías (el padre en cuestión) trata de acercarse a él, que permanece obstinado en creer que su papá fue un garca que hizo y deshizo como quiso y ahora aparece en su vida porque si. Sobre el epílogo del film, la madre de Ariel confiesa la verdad que hasta ese momento no se sospechaba y las cosas repentinamente cambian de enfoque. En una de las últimas escenas de la película, Elías mientras toma un café con su hijo en el barrio de Once, dispara algo que dice mas o menos así: “No importa con quien te caguen, puede ser cualquiera, el problema es como seguimos”.

Supongo que en ese entramado de ver como seguimos es donde el ser humano se reinventa día a día. Es ese instante que nos permitimos para ver como se sigue, o no. La resignación, decía Balzac, es un suicidio cotidiano. La procesión va por dentro y los escapes es la exteriorización del resultado de esa procesión.

A veces escaparse es no dar la cara, y otras, escaparse es tener ingenio para resolver una situación indeseada. Poner patas arriba lo que parecía abominable. La acción que el hombre medio levante, lo encasilla en uno u otro lado. La ambigüedad del término en sí misma no es más que la pluralidad de definiciones que puede llevar consigo una palabra determinada. Somos lo que hacemos en el instante que lo hacemos y se dice que el ser humano educa con lo que construye y no con lo que dice. Básicamente, en esto radica la diferencia entre Ferreyra y Houdini y lo mismo puede aplicarse al resto de los mortales.

En fin. ¿En que estaba? Denme un segundo, me voy a tomar un tiempo para rearmar este rompecabezas repleto de imágenes y palabras desordenadas, que entre Dylan, Ferreira, Susana Gimenez, Riverito, Carozo, Narizota y Houdini hay un abismo inseparable y veintisiete galaxias. Mejor, voy a salir disparando para el lado de Ignacio -como hacen muchos-.
Afuera, hoy es un día de lluvia. Dos o tres veces –no recuerdo con exactitud- me asome por la ventana y vi como la gente se destrozaba entre sí. Supuse que Ignacio en otro punto del país debería estar escribiendo.

Y hoy si, hoy tengo ganas de amarrar todas las cosas que tengo y tirarlas por el balcón, de preguntarme ¿por qué no? ¡¿Y si este día le doy vía libre a la angustia y después la paso a buscar?!

Gracias Ignacio, te debo un poco más que este final, que por cierto, ya es tuyo. Es este el día que tengo que ser lo que sea y no lo que soy. Absolutamente. ¿Te suena?

Ahí tenés un caso.


miércoles 25 de marzo de 2009

LA POLIFONÍA PERONISTA



La historia fue así, a mediados del año pasado, Fernando Fisher, proveniente del Partido Justicialista e intendente de la localidad santafesina de Amnstrong, se despachó con la siguiente frase ante 20 mil personas que presenciaban su acto en algún lugar remoto de su pueblo: “Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”.

Fisher tenía toda la intención de citar a un general y en eso no se equivocó. La frase del intendente hubiera cerrado de no ser por un pequeño detalle: le erró de general.
En efecto, Fisher trajo a la memoria la imagen de Leopoldo Fortunato Galtieri, ideólogo de la absurda guerra de Malvinas. Fisher quería citar a Perón, ideólogo del Justicialismo.

No obstante, para fortuna -o desgracia- del errático intendente, Reutemann salió a respaldarlo con otra frase tan inoportuna como la anterior. A propósito, el ex corredor de Formula 1 y actual peronista dijo: “Son esas boludeces que a veces uno comete cuando habla”.
Hay algo, no obstante, que no cierra y que desde hace un tiempo a esta parte, rebota dentro de la incisura intertrágica de mis orejas. Desde la vuelta a la democracia hasta la actualidad todo aquel candidato que se jacte de peronista tiene una impostergable necesidad de citar a Perón donde sea y como sea.
Pareciera que la clave del éxito justicialista radica en decir algo ya dicho con anterioridad por Juan Domingo. Entonces, uno puede vislumbrar a los jefes de de campaña o al asesor de imagen del político peronista diciéndole una especie de tips a tener en cuenta para sus discursos y presentaciones en cámaras, entre las cuales no pueden faltar: “acomodate la corbata, mira fijo al lente, peinate bien y no te olvides de citar a Perón caiga quien caiga y sea como sea”.

Pero para criticar a conciencia, siempre digo que es necesario realizar el análisis del discurso correspondiente, entonces, elegí hoy al azar un político peronista que ocupa el cargo de Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, que hoy es kirchnerista y ayer fue menemista y mañana veremos en que muta. A propósito, estoy hablando de Scioli. Ahí vamos:

“Para acompañar a la presidenta de todos los argentinos, a nuestra compañera Cristina Fernández de Kirchner, en la política de distribución del ingreso, de inclusión social, cómo ya lo dijo el general Perón con su experiencia y su sabiduría “con la ley todo y fuera de la ley nada” y eso es lo que tenemos que respetar, abrazarnos a nuestras instituciones para poder seguir avanzando en paz, en libertad y en democracia”.
Mas adelante, otro extracto de su discurso dice así:

“Tenemos que tener muy claro el mensaje que nos dejó el general Perón: “para un argentino, no hay nada mejor que otro argentino”, y eso más que nunca lo tenemos que repetir y tener claro, que primero está la patria, después el movimiento y después los hombres y hoy la patria requiere esto y por esto estamos aquí”

¿Lo ven? La verborragia peronista, esta ahí, latente. No importa de qué se hable, siempre tiene que aparecer “el General” como sea. ¿Por qué no lo dejan descansar en paz? En lo anteriormente expuesto, díganme: ¿Qué carajo tiene que ver la frase “con la ley todo y fuera de la ley nada” con la inclusión social y la distribución del ingreso? Nada.

Otra cosa. Para el peronista primero está la patria, después el movimiento y por último los hombres, es verdad. ¡Pero, ojo eh! La patria siempre tiene que ser peronista porque sino, no vale.
Entonces, tranquilamente uno se puede imaginar esta situación: a Scioli –o cualquier otro- yendo a comprar un parlante para su equipo de música a cualquier casa de audio y decir: “déme el mejor parlante para mi equipo de música porque yo, al igual que el general Perón “llevo en mis oídos la más maravillosa música que es, para mí, la palabra del pueblo argentino” y rematar con un ¿cuánto sale?”

Scioli aparte de escupir lo primero que le viene a la boca, cita mal a Perón. Porque lo que en su momento dijo este hombre era que “para un peronista, no hay nada mejor que otro peronista”.
Ahora bien, teniendo en cuenta que el peronismo es el movimiento mas heterogéneo de nuestro país, que para un peronista no haya nada mejor que otro peronista, termina resultando un grano en el orto para los peronistas de hoy.
Porque en la actualidad todos se encuadran dentro del peronismo y sólo basta con hacer una breve enumeración de las figuras que se embanderaron tras Perón y se consideraron como peronistas para que salte la ficha. Entre ellos: Luis Abelardo Patti, Aldo Rico, Carlos Saúl Menem, Eduardo Duhalde, Cristina Kirchner, Luis Barrionuevo, Adolfo Rodríguez Saá, Felipe Solá, entre otros. Todos son peronistas, pero a la vez algunos se embanderan como “peronistas Anti K”, otros como peronistas oficialistas, como disidentes y otros donde pueden.

Por suerte, la parodia nos sirve de consuelo para los que no tenemos opciones al emitir el sufragio. Cuando me levanto por la mañana, disfruto de escuchar el programa de Fernando Peña en la Metro. Se llama “El parquímetro”, va de 6 a 10. Cada tanto, Peña encarna uno de los personajes que mas me gusta escucharlo interpretar, el de Rafael Oreste Porelorti, un senador justicialista que pasó por todos los puestos y siempre supo acomodarse y transar con quien sea para permanecer currando en la política. Un verdadero dinosaurio político. Otro que supo condensar como ningún otro la verborragia peronista fue Alfredo Casero en Cha Cha Cha, con su personaje Don Gilberto Manhattan Ruiz, el Ministro de Ahorro Postal o con el célebre sketch de la convención de Batmanes del Mercosur.

Si estuviéramos en otro país, Peña y Casero serían unos exagerados, pero acá, en éste, son adelantados y por eso, muchas veces incomprendidos. Tanto Rafael Oreste Porelorti como Don Gilberto Manhattan Ruiz es el prototipo del político peronista de hoy.

Retomando un poco la polifonía peronista, creo que llegó el momento de recordar algunas de las frases que los discípulos de Juan Domingo nos dejaron para la posteridad. Hay un par que son célebres como la de Eduardo Duhalde diciendo “el que depositó dólares, recibirá dólares” o aquella esgrimida por María Julia Alsogaray: “en mil días vamos a poder tomar agua del riachuelo”. O mejor, ¿por qué no? el hermano de Adolfo Rodríguez Saá denunciando fraude electoral y pidiendo que revisen la mesa numero 86 de Necochea que los daba como ganadores.

Por mi parte, lo mas sensato que le escuche decir a un peronista fue que “en este país hay que dejar de robar por dos años”.

Otra cosa que nunca entendí de la raza peronista es cuando dicen “Hoy es un día peronista” ¿Qué es un día peronista? ¿Un día de sol? ¿Un día nublado? ¿Un día mitad sol y mitad nublado, con ráfagas de calor y de frío? ¿Un día para andar en bermuda? Por ejemplo… Ahora que hace falta que llueva, si llueve ¿es un día peronista? ¿O es un día lluvioso? Ah y para ellos ¿Cuál es el día radical? ¿Tendrá su día la Coalición Cívica y el PRO?

En fin, como diría Reutemann “Son esas boludeces que a veces uno comete cuando habla”. Y el peronista habla mucho.

martes 17 de marzo de 2009

MILWAUKEE

Temprano en la mañana, Gutiérrez le realizó la autopsia a su pasado, crucificado, muerto y sepultado veintisiete abriles atrás.

Acto seguido, se miró al espejo y confirmó con nostalgia la mirada de madera que el reflejo le devolvía. Suspiró, tomó la gillete y cayó en la cuenta que el tiempo le empezaba a pasar factura.

Sólo para justificar lo hecho, recordó la risa, la misma que lo venía madrugando en el último tiempo. La misma que debió soportar en sueños, fiestas, almuerzos y demás protocolos a esta altura disecables.

Como un fantasma atravesó el living y asesinando uno a uno sus pensamientos, se sumergió en el mullido sofá mientras contemplaba por el amplio ventanal una mañana de tintes intolerables.

Sirvió dos copas de su mejor Cabernet, estirando delicadamente su brazo le acercó una de ellas a su mano. Lo tenía reservado para una ocasión especial, sentenció. Ella, absorta y con la mirada perdida, no emitió palabra alguna. Gutiérrez se sentó a su lado y mientras cruzaba las piernas, se tomó unos instantes para apreciar el rojo intenso y los matices violetas. Luego, hundió su nariz en la copa y disfrutó del aroma fino y elegante. En su boca, el vino maduro y los taninos suaves se deshicieron al instante.

- Este es mi juego favorito, ¿cuál es el tuyo? ¿Jugás backgamon?
Trato de imaginar la tapas de los diarios, el acoso mediático y la consecuente condena social. Trató de memorizar el instante exacto y las circunstancias que lo motivaron a tomar la decisión. Recordó con nostalgia los consejos advertidos por González. Gutiérrez lo que vas a hacer es un viaje de ida, pensalo bien. Recordó su abominable respuesta, su expresión decidida, sus misceláneas.

Mientras tanto, ella lo esperaba inmutable, desnuda y con la mirada en un punto fijo. La inercia hizo que de a poco vaya perdiendo su postura.

Antes de que suene la primer sirena, seguía con la copa en la mano pero sin terminar de
desangrarse.

martes 10 de marzo de 2009

LO QUE IMPORTA


Ahora que son tiempos donde la gente mira para arriba para ver si algún misil teledirigido les parte la cabeza y de curas que niegan holocaustos. Ahora que son tiempos de presidentes negros, de liberar Guantánamo y cerrar cárceles ilegales, de Raúl por Fidel, de Kirchner por Kirchner, de Cuba libre y fernet con coca.

Ahora que son tiempos de Israelíes versus Palestinos, de Gaza en el medio, de Hezbolah, de Hamas, de Al Qaeda y terrorismo de Estado, de muros de Marley por muros de Berlín, de secuestro Express, de Bonaerense corrupta y Federal corrompida.

Ahora que hay crisis económica, crisis energética, crisis amorosas, crisis existenciales, crisis agropecuarias, crisis de los 40. Ahora que juntamos plata para Tartagal, que el gobierno puede intervenir el Indec de forma “democrática” y decirnos que la inflación anual es del 7%. Ahora que se ningunea al vicepresidente, que se habla de bajar la imputabilidad de menores y de despenalizar el consumo de marihuana.

Ahora que Susana es formadora de la opinión pública, que ya no se habla de riesgo país, pero que un alfajor me sale cinco pesos; ahora que sigue habiendo desocupación y despidos masivos, ahora que quieren levantar villas y poner mas cárceles.

Ahora que si sabes algo tenés que llamar al 911 y si querés también –aparte- colaborar con De Narváez y su mapa de la inseguridad, porque “saber nos da seguridad”, auque nadie aclaró que tipo de saber.

Ahora que invertir en educación, salud, viviendas públicas y fomentar empleos es perder el tiempo en quimeras. Comentario al margen: ¿Acaso para saber y tener seguridad no hay nada mejor que la educación? ¿Y uno no tiene predisposición a aprender si tiene la panza llena?

Ahora que el dólar se fue por las nubes y el euro por las estrellas. Ahora que el agujero de ozono es irreparable, ahora que hay sequía, tsunamis, inundaciones, temporales, huracanes, deforestaciones y escasez de recursos no renovables.

Ahora que el cáncer y Fabbiani están de moda, que sin triki – triki no hay bam – bam, que sin casco te saco la moto, ahora que mi vecina se operó las lolas.

Ahora que Solari se junta con Calamaro, que Charly está gordo, que Cadillacs y Soda están de vuelta, que géneros musicales están en mutación permanente.

Ahora que son tiempos de argentinos sin Davis, de Davis sin Nadal, de Nadal sin Federer, de Federer sin Grand Slam. De vedettes y futbolistas, de botineras. De Maradona sin Ruggeri, de Ruggeri sin perdón, de A.F.A con Grondona, de Grondona con Bilardo, ¿de Bilardo sin bidón?

Ahora que nos empezamos a olvidar de Cabezas, de López, del caso Skanska, de Antonini Wilson y del grupo Siemens. Ahora que nos invaden los floggers, los emos y esas peleas en el Abasto, ahora que en la costa la juventud está desenfrenada, ¿así dicen, no?

Ahora que el paco suplantó al Ántrax y Pepe Argento a los Benvenuto. Que cada vez mas temprano los pibes se avivan que Papa Noel es un tío gordo y los reyes magos tres boludos de la municipalidad.

Ahora que todo sigue igual de bien y que no hay nada de que preocuparse… a mí de repente, dentro de todo este contexto, ¿no?, me surgió una inquietud impostergable.

Yo me pregunto señora, pero necesito que me sea franca y me diga la verdad y nada mas que la verdad. Sáqueme la duda, si es que puede.

¿No me sabría decir que salió ayer a la cabeza de la provincia?

Desde ya, muchas gracias.

viernes 27 de febrero de 2009

DE SUICIDAS, CARDIÓLOGOS Y ALGUNOS AMORES


En “Motivos para no enamorarse”, Celeste Cid dice un latiguillo que es letal. Sentada frente a Jorge Marrale, -a quien su carrera lo ha premiado con la irrepetible experiencia de besar esa boca-, la princesa dispara: “Tengo cierto sentido trágico de la existencia, que siempre me hace pensar lo peor de todo en cualquier situación”. La frase podría servir para enmarcar cualquier manifestación patológica de la paranoia, pero como en esa escena de la película, los actores debaten sobre las intermitencias sentimentales de Clara -personaje de Celeste- el destino y las circunstancias quisieron que la cita se encasille dentro de los miedos que genera conocer a alguien y acerca de la imposibilidad de cerrar asuntos pendientes.

La peor de las conjugaciones que un morfema flexivo verbal puede hacer, ocurre cuando dentro del predicado, el lugar del sujeto tácito no nos corresponde. Lo anterior es igual a tener que soportar nuestro 11 de septiembre emocional. Aquel terrorismo que derribó el ideal no corrompido con el cual suponíamos que íbamos a comulgar -al menos- por un lapso de tiempo mayor a lo que fue en realidad.

Voy a partir de este precepto para pasar a la solución que la ciencia nos puso al alcance de la mano y que por aquellos caprichosos movimientos del causa y defecto me encontré una tarde de domingo, hurgando por el Clarín. La noticia decía así: “Diseñan un corazón artificial que podría implantarse en el cuerpo en forma permanente”

Para la ciencia y para el prestigioso diario del 8 de febrero pasado, no todo está perdido. El cirujano cardíaco Alain Carpentier creó un nuevo modelo de corazón artificial, una prótesis automatizada que podría implantarse de por vida en aquellas personas que necesitan un trasplante cardíaco. Para instalar este aparato, se deben extraer los ventrículos del paciente y en su lugar se coloca el artefacto, luego se unen las válvulas con las aurículas del damnificado y ya tenés un corazón nuevo de tejidos animales y titanio.

Además, según Clarín, el modelo de Carpentier “sería el primero capaz de determinar y adecuarse a las necesidades de cada paciente gracias a censores electrónicos muy sofisticados empleados en misiles”

Sin duda alguna, lo de Carpentier es quizás el avance médico del año a no ser que en lo que queda de este, se descubra la cura contra el cáncer. Permítanme, no obstante, llevar la contra. No es elegante ni prudente, pero si, justo y necesario.

Este corazón artificial nos va a dar un changüí en el difícil arte de respirar, pero la ingeniosa creación del francés, lleva implícita entrelíneas una contrapropaganda igualmente desesperanzadora. Les tengo malas noticias: El amor es la única de las facetas humanas donde matar al perro no significa que desaparezca la rabia.

Lo de Carpentier, no es otra cosa que el Sildenafil que asegura un mayor flujo de sangre, que por un determinado lapso de tiempo va a asegurar el éxito viril de experimentar la sensación de satisfacer los bajos instintos. Pero, no viene a solucionar el abominable tiempo que nos separa física, temporal y espacialmente de aquellos sucesos pasados, recientes y lejanos que nos madrugan cuando llega la noche. Dicho en otras palabras, es el descuento de un 3 a 0 en contra.

La destreza no promocionable de este tipo de novedades radica en pasar por alto lo que la cabeza coagula sin necesidad del corazón. Y para eso, todavía no se invento ningún chip transferible que pueda sacar del disco rígido personal e inamovible, los momentos que nunca quisimos vivir. ¿Por qué el ser humano al igual que las computadoras no tiene por alguna parte de su cuerpo un botón de reset para apretar en caso de que se quieran borrar de nuestra memoria RAM momentos no deseados?

Está empíricamente comprobado que una vez que el cuore humano deja de funcionar como un relojito, el cerebro puede subsistir sin oxígeno hasta un lapso de cuatro minutos. Luego de esto, no hay vuelta atrás. La inevitable muerte se materializa finalmente como inevitable.

Para lo que todavía no hay subsistencia comprobada, es para cuando la misma operación sucede a la inversa. No hay respiración boca a boca ni electro shock a revoluciones exageradas que resuciten la muerte cerebral.

La desinencia premeditada que se ve, (pero se opta por ignorar), termina siendo el angioma por el cual ninguna obra social va a querer hacerse cargo. El “yo lo sabía” de ayer, es el peor de los combustibles que acelera todo aquello que no se debe hacer, pero se puede. La peor de las hipocresías que nos podemos creer es aquella que gira en torno a querer atribuirle al corazón de los demás, el mismo respeto que pretendemos para el propio. Maldita distopía que promulga San Valentín. No hay caso, post mortem, es mejor arder que desvanecerse. Gracias Kurt. De esa forma, quizás el Apocalipsis tenga sentido.

Después, supongo que las indulgencias y decir todo lo que no se dijo puede ser una especie de anestesia, no obstante, hay que estar psicológicamente preparado para afrontar el momento. Una razón descafeinada no es suficiente para abarcar un corazón etílico. Sola por sus medios, es como la leche en polvo, necesita de otro elemento para que se transforme en tal.

Hay un párrafo que es este y que te quiero dedicar. No es bueno salir a la calle desprevenida, ante tantos ojos que sólo te ven de esa forma, sabelo. Este si, que es un mensaje para vos. Espero llegue a tiempo. Hasta acá me doy el lujo de ser egoísta. Sentite bien que lograste mucho.

El problema de las ciencias duras es que siempre subestimaron a las ciencias sociales. Las tildaron de blandas sin leer el prospecto que advertía los efectos paralelos que las contraindicaciones médicas y clínicas vaticinaban, si se las llegase a descuidar. Con la llegada de la modernidad, lograron igualar a la iglesia y con el correr del tiempo sobrepasarla, pero están cometiendo el mismo error que con ellos cometió la institución eclesiástica. Lo peor de todo es tratar de internalizar que es tarde. Que lo que ayer renovó, mañana cansa. Todo estalla alguna vez.

René Favaloro inventó el by-pass y la máxima condecoración que le dejó este país fue un boliche en Bariloche con ese nombre. El tiro fue directo ahí, al corazón, porque no aceptó ver como le daban vuelta la cara y porque quería dejar un mensaje. No lo entendimos.

Bienvenida sea entonces, la sociedad toda, a la divina comedia del aneurisma cerebral. Después no digan que no les avisé.

Che, me quede pensando algo que me quedó dando vueltas en la cabeza, hasta ahora: ¿Vieron qué linda está Celeste Cid?

miércoles 18 de febrero de 2009

DISCO BABE DISCO


En el dorso del libro “Las intermitencias de la muerte” del portugués Saramago, la sinopsis alega que la obra bien podría terminar tal como empieza: «Al día siguiente no murió nadie». Bien, pues yo podría decir lo mismo de este ensayo, aunque carezca de la lucidez de José. Entonces acá va: Este ensayo bien podría terminar como empieza, porque si hay algo de lo que estoy convencido es que la idea nietzscheana de que la historia se repite y dentro de ella no hay evolución posible, parece ser la base sobre la que se asientan las relaciones y el suicidio en masa que la sociedad adoptó para este nuevo siglo. Así que desde ya les aviso que esto va a terminar como empieza. Por ende, les cagué el final.

Vivimos condenados al eterno retorno. En mi caso en particular, tengo que confesar que soy alguien al que le gusta repetirse en la puta costumbre de dar segundas oportunidades. Miento. Mucho más que eso, he llegado a dar hasta tres o cuatro oportunidades, porque si hay otra cosa de la cual estoy convencido es que el ser humano es contradictorio por naturaleza y por ende propenso a equivocarse una y otra vez y en efecto a repetirse tambíén en el error.
Además, todo sabemos la tan famosa frase “errar es humano y perdonar es divino” y de ahí en adelante todos sus derivados y misceláneas. Supongo que esto, no nos hace ni mejores, ni peores personas, a veces nos hace un tanto predecibles y otras un tanto pelotudos, aunque el juzgamiento puede variar si se tiene en cuenta el resultado que esa repetición acarreó, pero como también se sabe de sobra, con el diario del lunes todos la tenemos mas grande que el domingo.

Pero bueno, no era esto puntualmente a lo que quería apuntar. En fin, como decía, me gusta volver a ver de cerca la posibilidad del error y si es posible -con mucho viento a favor- ver como el mismo se supera o modifica.
Lamentablemente, pocas veces fui testigo de eso, pero como todo buen repetidor y dador de segundas oportunidades, siempre creo que la próxima vez va a ser la última vez que daré esa oportunidad, y a su vez, que la última vez que la di, fue la última vez que salió mal. Si a esto le agregamos que como todo buen soñador, creo que los destinos –como las personas y los lugares- pueden cambiar su esencia y sus cromosomas, el cóctel termina siendo explosivo y la úlcera más grande aún, porque el resultado que de la repetición se espera, es inversamente proporcional al que se obtiene, pero el chiste de la tragedia consiste en creer que eso nunca va a ser así.

Por eso, un buen fin de semana de este verano me fui con mis amigos a Mar del Plata y decidí darle revancha a una idea estereotipada de raíz. Decidí darle una segunda oportunidad a la concepción repulsiva que a lo largo de mi experiencia de bar, le tomé a los boliches bailables.

Para tal fin, fuimos a Sobremonte, un predio con varios metros cuadrados para respirar, pero que luego de las dos de la mañana se vuelve una irrazonable restricción a la libertad personal y pública. Por todo eso, -aunque parezca mentira- la gente paga cincuenta pesos por cabeza más gastos adicionales en bebidas y otras yerbas.

Las paradoja que asegura el éxito de lugares así, radica en que lo que la gente aborrece de la boca para afuera, con el correr de las horas y un poco de alcohol, se termina transformando en el objetivo por el cual va a sacar plata de su bolsillo. En la playa, la gente quiere tranquilidad, en la ciudad la gente se queja de los embotellamientos y la falta de privacidad, si hace calor se quejan porque falta el aire, pero inversamente, la masa elige lugares como Sobremonte para rebalsarlo y después fastidiarse por que no hay un centímetro libre para poder respirar así, algo mas que la cuota de oxígeno que a modo de consumición le toca con la entrada.

Pero hay otra cuestión de fondo que también me llevó ahí, la misma es que desde hace tiempo vengo estudiando el comportamiento de la gente que consume música electrónica. Me asombra como una manada de personas puede soportar por más de tres horas el ritmo incesante de un disco a revoluciones exageradas que se condensa con otro disco a la misma velocidad, y así sucesivamente. Y sinceramente, me rehúso a los que dicen que sólo eso puede ser factible por el consumo de éxtasis.

Esa noche en Sobremonte tocaba un DJ que se hacía llamar Zuker, hasta ahí, el único Zuker que conocía era un delantero croata que la rompió en el mundial del Francia 98 y que estuvo en la despedida de Maradona en la Bombonera.

En fin, rodeado de adolescentes y adultos resignados a resistir el paso del tiempo a cualquier precio, fui testigo de una aglomeración de neuronas que apuntan con el dedo al tipo en cuestión y se muerden los labios simulando un orgasmo. Pequeñas tribus de gente con anteojos de sol -¿Por qué usan anteojos de sol en un boliche a la noche?- manteniendo el mismo paso por horas y horas consecutivas, como pequeños relojes de precisión suiza. La experiencia no me sirvió de nada porque todavía sigo sin entenderlo, no es algo que me pueda llegar a cambiar la vida que logre racionalizarlo o no, pero tampoco es bueno andar con dudas por la vida. En fin, otra vez será.

Antes de que esto acabe quisiera exponer otra cosa que me quedó retumbando en mi cabeza tras mi último paso por un boliche: ¿por qué cada vez más la gente quiere socializarse menos, pero elige lugares de socialización y muchedumbre para hacer todo lo contrario? ¿Será la mejor de las revoluciones a la que se puede aspirar? ¿O estamos ante una nueva contracultura? Personalmente, creo que es el peor de los gataflorismos que aflora después de las dos de la mañana y el tercer trago.

A los jerarcas de Sobremonte no les importa eso, tampoco parece haber registro de algo que sucedió el 30 de diciembre del 2004 en un lugar llamado Cromañon.

A mediados de los 70, en Inglaterra nacieron los Sex Pistols. Su single "God Save the Queen" de 1977 fue calificado como un ataque a la Corona y al nacionalismo británico. Tenían un sentido y una dirección, querían decir algo a los mandatarios ingleses y a la Reina Isabel II, veían a la juventud de su país dormida, comercial y superflua. ¿Acaso no somos eso? La misma juventud que los Sex Pistols vieron en algunas generaciones atrás en el Reino Unido.

No te voy a porfiar más Enrique, la vida es un bar y los bares no son otra cosa que los bosques que le quedan a las ciudades ante tanta peatonal. Son el último lugar en donde todavía existe la aventura posible de que te pase algo distinto, de mantener conversaciones transgresoras con amigos marginales, intelectuales, putas y demás bichos raros.

Voy a volver al principio porque como lo adelanté, “este ensayo bien podría terminar como empieza” y voy a respetar ese mandato solo por la estúpida o radical idea de morir con la filosofía de la repetición a cuestas, pero con la impagable sensación de no haberme traicionado a mi mismo. Después de todo, fui yo quien elegí la manía de repetirme, así que vuelvo al principio que no es otra cosa que este final. Hasta que me den ganas de dar otra segunda oportunidad.

viernes 6 de febrero de 2009

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL CEL




La persona que tiene un celular es un imbecil hasta que demuestre lo contrario. Con esta frase, Fabián Casas enfrasca su recazo contra la tecnología luego de tener la experiencia de pasar por el Personal Fest. El escritor de Boedo mastica la bronca y la apelmaza con dos ensayos –Odio contra la maquina I y Odio contra la maquina II- de su último libro titulado “Ensayos Bonsái”.

Casas traza un paralelismo entre el mingitorio de Duchamp, como el objeto fetiche que resignificó el arte del siglo XX y el aparato celular como la “muestra cabal, la materialización más notable, de la estupidez humana”. En este sentido, el escritor prosigue diciendo que “estar conectado, vivir sin riesgos, imaginarse el mundo como un lugar claro y racional donde queremos habitar, es la distopía que propulsa a las propagandas de telefonía celular”.

Corriendo un poco el eje, el sociólogo polaco, Zygmunt Bauman en su libro “El amor líquido” analiza los tiempos que corren y la forma en que la sociedad trata de amoldarse en ellos. Bauman caracteriza a la actualidad como en constante cambio y a la sociedad actual de “liquida” y propensa a no sostener nada que no sea descartable.

El autor, también traza otro paralelismos, -tan interesante como Casas- pero apelando a la ficción. En efecto, -en su prólogo- recurre al escritor Italo Calvino y mas precisamente a su libro “Las ciudades invisibles” para ejemplificar a los habitantes de Leonia, con el estado actual de los seres humanos que respiramos dentro de este ecosistema: “preocupados por una cosa mientras hablamos de otra”. Bauman propone que el término “relaciones con compromiso” fue sustituido por el término “conectarse” que lleva implícito la exclusión de la obligación que vendría a ser el cuco de estos tiempos. Dicho en palabras del propio Bauman “las conexiones se establecen a demanda, y pueden cortarse a voluntad”.

Ahora que miro de reojo en una revista una escandalosa propaganda de un nuevo modelo de Nokia, creo que es el momento justo de hablar de la sobrecarga de información y la saturación de conexiones que promueven el cáncer de neuronas, ante la atenta mirada de una resaca delimitada de lingüistas que no se horrorizan por la decadencia del lenguaje en la actualidad.

Estamos inmersos en el estereotipo del nunca jamás. La perfección nunca fue tan inalcanzable como lo es ahora. Son tiempos de radiación extra large y de multiplicidad de conexiones. Nos conocemos a través del mensaje de texto, del Messenger, del fotolog. Son tiempos de Facebook, de blog (culpable), de Floggers, de Emos, de abreviar palabras porque hay que ahorrar tiempo para decir otra cosa sin sentido alguno pero hacia otra dirección.

Somos cómplices de lo que tanto temimos, de la insoportable levedad del cel. Depender del celular se ha vuelto un acto tan natural como respirar. A McLuhan el tiro le salió por la culata, la aldea global que vaticinó junto a la utilización del progreso tecnológico como extensiones de nuestro cuerpo biológico que van a desarrollar la vida social en un “tercer entorno”, no es otra cosa que escupir en contra del viento.

Estamos pendientes del celular para saber la hora, para saber si alguien se acordó de nosotros o para cargar crédito el día que nuestra compañía de telefonía nos aconseja hacerlo, porque hasta eso han logrado, manipular indirectamente nuestro bolsillo. Para comprobarlo, sólo basta remontarnos cuatro años atrás, cuando estas maquinas eran sapo de otro pozo y se podía respirar igual.

Ahora sin el celular nos falta una parte del cuerpo, nos falta el despertador, la agenda, el recordatorio de que fulano cumple años tal día -cosa que detesto, porque uno se tiene que acordar de los cumpleaños por el afecto que se le tiene a tal o cual persona y no porque un aparato me dice que tengo que hacerlo- y lo que es peor, ya no alcanza con tener un equipo, sino que la vorágine consumista nos ha hecho creer que es necesario tener el ultimo de esos equipos, con GPS, MP3 y memoria expandible, caso contrario se deshonra a Dios.

Lo que antes era un beneficio: estar comunicados, hoy oculta una contrapropaganda inversamente proporcional en términos de letalidad. Bauman lo puede explicar mejor “El lugar donde uno esté, lo que esté haciendo y la gente que lo rodee es irrelevante”. Así es, las distancias se han achicado pero hemos alejado la experiencia de estar verdaderamente conectados entre nosotros, de mirarnos a los ojos y saber que nos pasa.

Para ser mas gráficos retomemos a Casas y un ejemplo bastante particular que el escritor desentrama: “Estas tratando de meter el bocadillo letal para enamorar a la chica que te gusta y le suena el celular. Es el ex novio, desde Zambia, ¡que se puede comunicar!

O tal vez -¿porque no?- Chris Moss, opinando dentro del libro “Multitudes inteligentes” de Howard Rheingold, que a través de los SMS y la red “la introspección es reemplazada por una interacción frenética y frívola que expone nuestros secretos más profundos al lado de nuestra lista de compras” con lo cual hay algo que es sumamente mas problemático, y es que hemos banalizado las cosas que antes eran sentimentalmente importantes y especiales de decir.

Pero como toda tragicomedia tiene su absurdo exagerado, voy a remitirme a experiencias propias en el tema. El otro día consumía televisión y un aviso comercial asalto mi perplejidad. Decía así: “Manda cornudo al 1100 y enterate si tu pareja te engaña” luego de quince minutos otro anuncio me aconsejaba que si quería ser el alma de las fiestas debía mandar “chiste” al mismo número. En fin: ¿qué nos está pasando?

Y apropósito, esto de pensar en fiestas, me trajo a colación algo que Casas también dijo en uno de sus ensayos: “Sobre el fin del milenio, las personas que tienen aseguradas casa, comida, entradas al cine, ropa y discos viven hostigadas por la idea de que hay una fiesta, una gran fiesta, pero que está siempre sucediendo en otro lado. Les tengo malas noticias, amigos: la fiesta no está en ningún lado”.

Personalmente, creo también que la invención del celular vino a contribuir el balazo a la sien de las relaciones sentimentales en el siglo XXI, pero que a la vez es el hermano menor que la tecnología nos puso al alcance de la mano para cargar las culpas sobre sus espaldas. No hay objeción para cuando alguien te dice “Te mande un mensaje. ¿No te llegó?” Tampoco las hay para cuando nos dicen que tu mensaje llegó tarde.

Entonces ahí voy, a ver si le puedo sacar el número de celular a esa morocha, así después le escribo y si con suerte me responde y le firmo su fotolog, quizás ahí, me acepte como su amigo en Facebook y podamos llevar a delante una relación virtual. De ponerla ni hablemos. O mejor hablemos por Chat, total se lo digo y no doy la cara y así es más liviano y si se ofende le pongo que yo no le escribía, que fue un amigo que estaba de paso en casa y se me metió en el MSN, que es algo así como decir que lo que hice la noche anterior fue porque estaba borracho y de esa forma puedo eximir mi culpa y ser inimputable por la divina gracia de Dios. Que fácil es todo. He aquí el crimen perfecto. Que lindo llevarlo a cabo, pero que nunca me entere que me lo hagan porque ahí si que me voy a enojar mucho y voy a ser la peor de las víctimas y voy a jurar venganza por sobre todas las cosas. Amen.

Una ultima cosa que por no se qué capricho del causa-efecto me llevo a tener otra observación: ¿Se han dado cuenta que desde que se ha puesto de moda mandar mensajes, cada vez más la gente se choca en las calles y tiende a cruzar en rojo?

Creo que tarde o temprano al igual que Sherlock Holmes, caeremos en la cuenta de que la realidad es más compleja que la ficción y que Bauman no estaba tan desacertado cuando nos comparó con los ciudadanos de la Leonia de Calvino: preocupados por una cosa mientras hablamos de otra, conectados, inmersos en la superficialidad del ringtone, mientras la vida nos pasa por delante de los ojos.

Por mi parte, voy a volver al principio y ser tan -o más- prejuiciosos que Casas. Coincido: toda aquella persona que tiene un celular es un imbécil hasta que demuestre lo contrario. Ahora los dejo, porque algo me esta sonando en el bolsillo de mi pantalón.

Estamos enfermos, perdónennos, perdónennos.

martes 27 de enero de 2009

VOS FUMÁ


“Los actos privados de los hombres, en cuanto no ofendan la moral pública o afecten a terceros, están reservados a Dios y exentos de la autoridad de los magistrados”. La cita corresponde al juez cortesano Enrique Petracchi y fue el ley motive que en 1986 declaró inconstitucional la tipificación previa del uso de estupefacientes.

En ese estado flotaba la cuestión del consumo en Argentina, hasta que en 1990, Menem privatizó la cosa volviéndola a penalizar.

Ahora, el gobierno nacional quiere impulsar la despenalización del consumo personal de drogas para que de este modo, el consumidor deje de ser perseguido y ya no se lo encasille en la figura de “delincuente” sino en la de “paciente”.

Para tal fin, en marzo del año pasado, el Ministro del Interior Aníbal Fernández viajó en un estado de estupefacientes, rock, fútbol y sala de ensayo a la cumbre de la ONU que se realizó en la capital austriaca de Viena. Allí, el gobierno nacional oficializó el cambio radical con respecto a la política prohibicionista made in Norteamérica, que venía sosteniendo y respetando a rajatabla en los últimos 30 años. No obstante, puertas adentro, el país se divide entre quienes están a favor de la despenalización y los que están en contra de la misma. La historia de nunca acabar.

La tipificación del consumidor como delincuente -como no podría ser de otra manera-, vino de la mano de Jorge Rafael Videla en 1978, cuando en el “fallo Colavini”, los jueces adujeron que el uso de drogas va mas allá de un mero vicio individual para convertirse, por la posibilidad de su propagación, en un riesgo social que perturba la ética colectiva. Algunos presentes y cercanos al entorno militar dijeron que luego del fallo, Jorge Rafael dijo que los que se drogaron “algo habrán hecho”. Una lastima que no haya pensado lo mismo cuando Massera se tomó dos vasos de whisky y le declaró la guerra a Gran Bretaña, algo que sin lugar a dudas dañó algo más que la ética colectiva en forma irreparable.

Es decir que en nuestro país, en la actualidad, el consumidor es virtualmente peligroso sólo por consumir. Dicho de otro modo, el faso o lo que fuere es el prólogo o la antesala de agarrar un chumbo y salir a robar. Comete esa verdura.

Bush se la come, -a la verdura- y por eso militarizó la cuestión. La joda le salió más de 500 billones de dólares y aún así no pudo parar a los narcos y al negocio del tráfico. No obstante, eso no lo llevó a considerar que su mecanismo fue erróneo. Todo lo contrario, hoy Estados Unidos sigue perfeccionando y justificando a contrapelo intervenciones territoriales y desapariciones de personas por esta causa. Algo habrán hecho.

Les dejo un dato para que lo mastiquen en sus conciencias: La producción de cannabis en el país de Bush vale más que la del trigo y maíz juntas, y Estados Unidos es un país cerealero por excelencia. Comete esa verdura.

No obstante, George no se sonrojó al afirmar e indignarse con distintos países sudamericanos por su política contra las drogas. A mediados de septiembre del año pasado aseguró que el gobierno boliviano había fracasado en sus obligaciones en la lucha contra el narcotráfico y se dio el lujo de designar a Bolivia, Venezuela y Myanmar como países que fallaron ostensiblemente en el último año en cumplir con sus obligaciones dentro del marco de los acuerdos internacionales contra las drogas.

Volviendo al eje de la cuestión, en abril del 2008 el gobierno lanzó una encuesta domiciliaria sobre el consumo de drogas que ofendió a la iglesia, la sociedad y a los consumidores en partes iguales.

La institución eclesiástica puso el grito en el cielo y tildó a la medida como un despropósito porque contenía algunas preguntas “capciosas” entre las cuales se destacan: ¿Consume pasta base, marihuana o cocaína? ¿Ha sentido un deseo tan grande de fumar marihuana que no pudo pensar en nada más? ¿Lo ha hecho a pesar de que no tenía intención? ¿Ha notado que la misma cantidad tiene menos efectos que antes?

A la plebe, en cambio, le ofendió que a la encuesta la haya realizado el INDEC, ya que se especula que la inflación también sea dibujada sobre la marihuana; y a los consumidores les molestó que se obviaran preguntas necesarias como por ejemplo ¿Con qué bajonea luego de fumar? Ya que tamaña omisión los deja desprotegidos post acto y los hace dudar de la posible contención social que quiere brindarles el gobierno. Se sabe: panza llena, corazón contento.

Sea como sea, y a diferencia de lo que conservadores y religiones creen, la sustancia que mayor efecto criminógeno genera es el alcohol. Así lo demuestran la gran cantidad de accidentes viales y violencia doméstica.

Scioli parece no estar de acuerdo con la medida, ya que según el gobernador de la provincia de Buenos Aires cuando se encuentra a alguien con tenencia de drogas no se puede diferenciar si las va a usar como simple consumo personal, si estamos frente a un adicto a recuperar o si va a ser el motor para que cometa cualquier crimen como matar, robar o violar. En esta misma línea de pensamiento, parece estar la ex primera dama y actual senadora nacional por el PJ, Hilda “Chiche” Duhalde, cuando asegura que el consumo quita las inhibiciones y facilita hechos delictivos como los crímenes y hasta los descuartizamientos.

Habría que preguntarse que pasaría si esos pibes no se murieran de hambre y no tendrían que robar para comer. Además el consumo creció considerablemente en aquellos sectores que no se privan de tener las mejores zapatillas, la educación mejor paga y asistir a los boliches mas caros.

Un claro ejemplo de ello, es el aumento del uso de las llamadas drogas de diseño, como el éxtasis y el cristal. Un informe dado a conocer por la oficina de la ONU para las Drogas y el Delito (Onudc) asegura que el consumo mundial de estos estupefacientes ya supera al de la cocaína y la heroína juntos.

En total, la producción mundial por año de estas sustancias es de 500 toneladas y mueve alrededor de 65.000 millones de dólares. En nuestro país alcanza los 5 millones de pesos al mes. La olla se destapó con el triple crimen de General Rodríguez que delató la falta de controles por parte del Estado sobre los peces gordos de la efedrina; aunque en el mundial de Estados Unidos 94 cuando le cortaron las piernas a Diego, se pudo vislumbrar un presagio del flagelo que a posteriori iba a estallar.

Tanto se ha incrementado el negocio de los anfetamínicos que por la Cámara de Diputados de la Provincia ya circula un proyecto de ley presentado por la diputada provincial por la UCR, Cecilia Moreau, que obligaría a los boliches, en lugares cerrados y abiertos, a disponer de dispenser de agua. La iniciativa no tiene como objetivo combatir el tráfico de estas sustancias, pero si cuidar la salud de los que acceden a ellas previniendo la deshidratación de los jóvenes y de paso evitar que los propietarios hagan negocio con la venta del H2o.

Ahora que lo pienso bien, este Cherasny no era tan malo, era un progre liberal de verdad cuando afirmaba que: “a los jóvenes sexo, porro, alcohol y rock and roll”, aunque medio nazi en eso de darle palos a los motochorros.

Sólo por si hace falta aclarar el tema y para sacar algunas consideraciones finales, la ley en nuestro país condena con el mismo peso a aquel que se fuma un porro en una plaza o donde sea, que a un narcotraficante que se enriquece a costillas del negocio ilegal. Éste es el único caso nacional donde la ley es igual para todos.

La constitución es el dealer de la inconstitucionalidad. De este modo nuestra justicia, aparte de ser lenta pierde tiempo buscando un castigo para alguien que deliberadamente se fuma un faso en una esquina o se aspira un gramo de merca en el baño de un bar, mientras los peces gordos reproducen a diestra y siniestra la feria de La Salada a nivel estupefaciente.

Además, según un informe de la Unidad Fiscal de Drogas: el Estado gasta al menos 5.000 pesos cada vez que procesa a una persona que se lo encontró -in fraganti- fumando, y al menos el 80 por ciento de los recursos se depositan hoy en causas judiciales sin sentido, como aquella que se le inició a Calamaro cuando en un recital en la ciudad de La Plata esbozó el famoso “que linda noche para fumarse un porrito”, y el peso de la apología le cayó sobre su espalda.

Para sintetizar la cuestión, nada mejor que las palabras de Keith Richards cuando afirmaba “Nunca tuve problemas con la drogas. Sólo con la policía”.

viernes 16 de enero de 2009

LAS MALAS PALABRAS




Hay palabras con las cuales no puedo convivir. Las escucho y generan en mí, la misma sensibilidad en los dientes que oír el ruido que provocan dos bloques de tergopol frotándose uno con otro: me irritan. Y tan solo basta pensar en ellas, para que un súbito escalofrío recorra a velocidad luz el diámetro de mi tórax.

Es más fuerte que yo, las leo y experimento la vieja sensación vivida por Carlos Alberto García Lange, cuando a los cuatro años de edad escuchó que la guitarra del maestro Eduardo Falú, tenía una cuerda desafinada que perturbaba sus orejas, y descubrió –para sorpresa de propios y ajenos- que tenía oído absoluto. La nota que desafinaba era La. Las palabras que no puedo tolerar dentro de un texto son: prisionera, hechicera y todos sus derivados. Me parecen propias de una letra inspirada en una canción del grupo mejicano Maná y en consecuencia, me empalagan y me dejan zumbando los oídos.

Hay una cuestión de fondo, no obstante, que merece ser desentramada y que surge como causa y efecto de la importación de grupos y solistas que desde América Central invaden el mercado nacional y llenan estadios de futbol, auspiciados bajo la marca de cualquier telefonía celular y la exclusividad para algún canal de aire o cualquier incordiosa FM porteña de hits latinoamericanos.

Es otra de las catástrofes que luego del hambre, la pobreza, la desocupación, la polarización de la riqueza y la explotación del hombre por el hombre nos aportó la globalización. Cuando el gen europeo se entrometió en América Latina nos dejó la matanza indiscriminada de los indios nativos que poblaban este suelo, la esclavitud, millones de pestes, lepra, enfermedades venéreas y hasta caries. Hoy, los efectos póstumos de la guerra fría nos dicen que a todo lo anterior, se le suma la insoportable carga emocional de tener que saber que por el resto de nuestras vidas, vamos a tener que soportar a Chayanne, Arjona y Juanes, entre otras miasmas.

La Proclama insurreccional de la Junta Tuitiva en la ciudad de La Paz del 16 de Julio de 1809 citada por Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, persiste en el siglo XXI con tanta o más fuerza que ayer: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez”.
En efecto, presenciamos la banalización de la cultura y la domesticación de nuestros oídos, cuyo signo más frecuente y evidente es la impostergable necesidad de convivir con el televisor de fondo postrado en Muchmusic o el tarareo inconsciente de algún estribillo nefasto. Eso, claro está, hasta la hora que llegue Bailando por un Sueño o El Muro de Marley.

Estamos frente al apocalipsis del rock con un sentido y una dirección. Atrás quedaron las discusiones entre Los redonditos de Ricota y Soda Stereo, en cuanto a la forma de encarar las letras en la construcción de una cultura rock que se encontraba frente a la reapertura democrática, atrás quedó Gieco huyendo despavorido de la persecución militar, atrás quedó la acidez de Solari y Charly se está recuperando en la quinta de Palito Ortega en Lujan.

Pero para juzgar, es necesario que tengamos un acercamiento más acorde a nuestro objeto de estudio. Elegí hoy, por ejemplo, una letra al azar de Ricardo Arjona y me propuse llevar adelante un pseudo análisis de su discurso. La canción se llama “De vez en mes”. Observemos:

“De vez en mes con tu acuarela,
Pintas jirones de ciruelas,
Que van a dar hasta el colchón”
La letra más adelante continúa de esta forma:
“De vez en mes un detergente,
Se roba el arte intermitente,
De tu vientre y su creación”


El autor apela al ciclo menstrual femenino con un coctel peligroso de sustantivos y sintagmas bastante particular. Sabido es que el 90 % del publico de Arjona se construye del sexo femenino y del 10 % restante, un 7% son hombres en vías de declaración hacia alguna mujer o con ganas de; y el 3% que sobra se reparten entre homosexuales y bisexuales. No me juzguen, soy tan creíble como el Indec.

Ahora bien, tamaña conjugación de palabras me parece un exceso de melosidad por demás empalagante del cual, hasta la más feminista de todas sus groupies debería repudiar. La mayoría del sexo femenino está creído que cualquier estrofa de Arjona es una epopeya de artilugios prismáticos incomparables, que reivindican la figura de la mujer. Ricardo lo sabe muy bien y en consecuencia explota su morfología y con ella, su impunidad. Mujeres: les están tomando el pelo. Es necesario ponerle un freno a todo esto porque no se sabe hasta donde, este tipo de personas pueden llegar en un futuro.

Pasemos a algo menos implícito pero igualmente horroroso. El ejemplo de Mana es imperdible:

“¡Ay! Qué bonitos ojos,
¡Ay! Qué bonita boca,
Es una hechicera
Una seductora
Es una hechicera
Una seductora
¡Ay! Qué bonitos ojos
¡Ay! Qué bonita boca
¡Ay! Soy su prisionero
Y me reviento en deseo”.

Los mejicanos, en cambio, emplean al abuso de la onomatopeya y a la incesante repetición de las palabras “seductora”, “hechicera” y “prisionero” y ya está: ahí sale despedido el hit.
Acerca de esto, solo tengo para decir que cualquier puto parecido con Pomelo, el personaje estrella de rock que Capusotto encarna en su programa, es mera coincidencia. Comentarios huelgan. Hay veces en las que es mejor no decir nada y otras en la que ya no hay más nada para decir. Creo estar frente a ese tipo de situación. Al igual que la Jelinek, lo dejo a tu criterio.

Resignado, volví a olfatear una serie de libros apilados que tengo en la pieza y para fortuna y sosiego de mi mente, encontré un libro de poesías de Bukowsky que devoré en minutos. A propósito de ello, me pareció interesante citar una de ellas. Se titula “Confesión”:

Esperando la muerte,
Como un gato
que va a saltar sobre
la cama.
Me da tanta pena mi mujer.
Ella verá este cuerpo
blanco, rígido.
Lo zarandeará una vez,
Y luego quizás otra:
Hank!
Hank no responderá.
No es mi muerte lo que
me preocupa, es mi mujer
que se quedará con este
montón de nada.
Quiero que sepa,
sin embargo,
que todas las noches
que he dormido a su lado,
incluso las discusiones
más inútiles.
Siempre fueron
algo espléndido.
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
decir,
Pueden decirse
ahora:
Te amo.


Bukowsky nunca llevó una vida ordenada, nunca encabezó ningún recital o conferencia bajo la exclusividad de algún canal o la promoción de alguna compañía de teléfono celular. Nunca se peinó, nunca se arregló. Fue alcohólico y drogadicto. Se levantó mil veces hecho un asco, nunca supo de horarios y gimnasio, nunca obedeció ninguna regla y además nunca le escribió a la menstruación. Con una lata de cerveza, en diez minutos podía decir lo mismo que Arjona y Mana nos dicen en toda su discografía.

Tarde en la noche, hacía zapping y encontré en Crónica –sí, en Crónica- una conferencia de lingüistas de hace algunos años atrás. Entre una serie de exponentes, estaba el negro Fontanarrosa, quien casualmente al momento de mi exploración televisiva detentaba la palabra. Fontanarrosa pedía una amnistía para las malas palabras y exigía una redefinición de todas aquellas palabras que hasta ese momento se rotulaban como malas. Luego de su exposición, el plenario quedó a sus pies.

Caí en la conclusión de que el negro salió bien parado otra vez. Entonces, obnubilado por la capacidad de exposición de Roberto, me doy cuenta que una leve sonrisa se dibuja en mi cara y que hace cierto lapso de tiempo que no parpadeo. Es eso, me digo. Fontanarrosa tiene razón. Ojala vuelvan los escritores como él y Bukowsky, los escritores sin horarios, sin gimnasio, bocones, despreocupados, caraduras. No esta manga de abstractos que se panfletean en la FM 100, Hit o Disney, promoviendo la liturgia de la banalidad y esperando que la masa abarrote las góndolas de Musimundo comprando su última pedorrada.

Esos escritores al igual que Luca, se iba a tomar una ginebra con gente despierta o cenaba en la mesa de los galanes. Imagino el paraíso como una gran mesa de bar, en la que personajes de este vuelo intelectual y capacidad de observación se hagan cargo de las conferencias de lingüística y llenen las tapas de los diarios. Lo demás puede esperar.

sábado 3 de enero de 2009

ESCRIBA, URIARTE, ESCRIBA

Necesito de estos estados, no hay duda. Para escribir, digo, necesito de estos estados. Aquellos que experimento cuando siento que todas aquellas cosas que mantenían un status quo lineal sufren lo que Isaac Newton definió como ley de gravedad.

No sé que es. Si un refugio, una seguridad, una manía, una puta costumbre, una fetiche canalización. No sé, ni me importa. Me hace bien o al menos eso creo. Porque ahora que empiezo a escribir y vomito todo de repente, noto cierta anestesia mental que me permite dar una amnistía a todas aquellas cosas que me atormentan y me invaden el marote, generando en mí, un brote psíquico con rasgos paranoicos y esquizofrénicos de los cuales con seguridad quiero huir, pero no sé si puedo. Al menos sé que escribo, aunque no sepa bien qué, tengo una certeza: es terapéutico. Mi vecina hace yoga, mi vieja teje, yo escribo.

Para Chuck Palahniuk, la escritura es un acto solitario, lo contrario a lo que su sociedad llama el “sueño americano”. Es dejar que suene el teléfono, que se acumulen los e-mails, hasta que se llegue al límite de la tristeza y en efecto, nos veamos obligados a volver al mundo exterior a relacionarnos con la gente. Creo que en cierta forma me pasa lo mismo. Cuando escribo necesito soledad, necesito aislarme de toda la mierda y ante cualquier eventualidad que me perturbe reacciono como un rottweiler que presiente que su comida está siendo amenazada por alguien ajeno a su entorno. Me desconozco.

Hoy, por ejemplo, me pasa algo bastante particular: acabo de caer en la cuenta de que estoy luchando por una causa perdida y en efecto estoy sufriendo el golpe shockeante que me hace besar la lona y me sitúa en una realidad que tanto temí que iba a pasar y de hecho está pasando. Así, en gerundio, sin pretéritos perfectos o futuros inmediatos, está pasando, ahora, mientras escribo y liquido el último vaso de whisky. Sino, ¿Qué otra causa me puede estar reteniendo a permanecer hasta las cuatro de la mañana frente a un monitor en la madrugada de un domingo con tantos bares abiertos? Absolutamente nada. O mejor dicho, solamente esto que siento y que se está materializando en esto que escribo y que no se en que mutación puede derivar.

Al igual que Descartes, en estas situaciones me propongo evitar la precipitación y al mismo tiempo, actuar con cautela. Pienso, luego existo, porque creo estar ante una verdad y porque sobre todas las cosas necesito distinguir en lugar de ver, para que mis sentidos propensos al engaño por argumentos flojos, no caigan en el subjetivo error de creer que estoy por tomar una decisión equivocada ante abominable panorama invasivo. Es cuestión de tiempo, pienso, y ahora si soy yo el que se vuelca famélico a escribir porque es la anestesia que me impongo cuando estoy atormentado de sentidos, que al igual que los géneros nunca suspenden sus mutaciones y me miran con cara de póker, mordiéndose la lengua, mientras esperan pacientes que caiga rendido a sus pies. Esta vez, no me verán arrodillado. Escribo, luego existo.

A Rafael Cippolini, un ensayista full time, activista patafísico, kamishibaísta y curador intermitente, que hace poco irrumpió en la escena con “Contagiosa Paranoia”, el otro día le leí una declaración en una revista cultural de un diario muy conocido, con la cual también me sentí identificado. La cita era la siguiente: “Cuando vos estás escribiendo un ensayo estas investigando que te pasa con algo a vos. Hay una exploración personal cruzada con una hipótesis”. Luego de eso no puede evitar pensar que Cippolini me había leído la mente. Porque incluso ahora, estoy escribiendo para develar eso que me pasa o al menos tejer conjeturas que me lleven a buen puerto y destraben esta situación de mierda que tengo.

Pensando en la impostergable sensación de tener que afrontar aquello que nunca quise. Tirado en el sofá de casa con una manta y la mirada clavada en el techo, caí en la cuenta de que hay momentos en los que no me soporto a mí mismo. Que el ser humano ante las situaciones de peligro y paranoia se reinventa forzando su exigencia, que desde hace un tiempo me levanto por las mañanas y experimento la misma sensación que Gregorio Samsa en “la Metamorfosis” de Kafka. Que ya no soy yo y que me esperan una chorrera de días nublados.

Solo a modo de conclusión, antes que la nebulosa eclipse la verborragia y entienda que esta nota tiene futuro de autodestrucción en algunos minutos más, y también, -¿por qué no?- como colación de todo lo anterior. Ayer leía dos cuentos de dos escritores que me fascinan y que creo, son de lo mejor que he leído. Uno de ellos se llama “Los pocillos” de Mario Benedetti, el otro es “Carta a una señorita en Paris” de Julio Cortazar. El día que las cosas que creía estables comiencen a sufrir lo que Newton definió como ley de gravedad y el sentimiento opresivo, primero en el pecho y luego atormentante en la mente, me lleve a escribir algo similar, me sentiré realizado en la vida. Supongo, que al igual que Neruda, confesaré que he vivido y solo para parafrasear a Freud diré lo mismo que dijo cuando termino de escribir “La interpretación de los sueños”: “a partir de ahora solo me queda dedicarme a envejecer y a morir”.

Por el momento me quedo así, inmóvil como el naufrago de Hanks sin el señor Wilson, pero en mi sofá. Disfrutando la tormenta.

martes 30 de diciembre de 2008

POR FAVOR, PERDÓN Y GRACIAS


Voy a volver al ruedo, no sin antes pedir perdón. Es justo y necesario que lo haga. ¿A quién? Al que se sienta identificado, a los que me leyeron o a los que creen que esta disculpa les corresponde.

Un breve periodo de reubicación junto a los avatares que una crisis mundial, mas los espasmos derivados de un desengaño amoroso en tiempo y forma, han sido los cómplices de las intermitencias.

No obstante, tanta ausencia puede justificarse. He vuelto, un tanto renovado, con nuevas cosas, con crónicas, con cuentos, con informes y con la entera convicción de que no soy digno de entrar a sus monitores, pero una palabra suya bastara para que me vaya.

Si me mareé fue por devoción. Sabrán disculpar… Show must go on.

Feliz año!

No hagamos un drama de todo esto, reservémoslo para la despedida.
Nota: en breve tendrán noticias.

viernes 26 de septiembre de 2008

LOCA COMO TU MADRE


ADVERTENCIA:
"Si usted esta felizmente casado o conyugalmente completo, por favor absténgase de leer esta nota. El autor, no se hará cargo de los efectos colaterales o de los espasmos que derivan de una perspectiva magra de eso que llaman “amor”. Ante cualquier duda lea el prospecto o consulte a su médico de cabecera".
El autor.


Ayer me puse a pensar acerca de las probabilidades de enamorarse que tiene un hombre a lo largo de su vida. Luego, caí en la conclusión de que nos enamoramos una vez, dos a lo sumo. Las demás, tranquilamente pueden encasillarse como calenturas pasajeras y son derivadas de un buen par de tetas o un culo medianamente admirable.

Deseamos lo que nos es efímero, vemos esas vedettes en la pantalla grande y se nos cae la baba, le juramos mil orgasmos, mil perversiones sexuales, pero todo se desvanece en el aire, por la simple razón de que si la tuviéramos, seguramente tendríamos sexo diez minutos y después dormiríamos dándole la espalda o le pediríamos amablemente que se vaya de nuestra casa.

Seamos sinceros, no soportaríamos un solo monologo de su boca. Imaginen cualquiera de esas rubias taradas contándonos que hoy a la tarde fue de compras. Escalofriante.

Entonces, caemos en la conclusión de que el hombre no quiere ser amado. El hombre quiere que lo escuchen, lo demás es secundario y puede amoldarse. Y que tarde o temprano buscamos una madre en una mujer, una madre con sexo, pero una madre al fin.

Somos los eternos nenes de mamá. Nos guste o no, estamos condenados al edipismo; porque después de todo, ¿qué sería el complejo de Edipo sin nosotros? Nada.

Que se enoje Sartre, pero no solo entre el tiempo pasado y el presente; o el presente y el futuro hay nada. Sino también, hay nada dentro de la cabeza de esa rubia con la que te acostaste ayer y que hoy no queres ver más. (¿Por qué siempre tienen que pagar los platos rotos las rubias?)
Me haré cargo en el mas allá por los perjuicios ocasionados contra la reputación y credibilidad de Jean Paul. Lo indemnizaré, lo invitaré a cenar o le pasearé el perro, no sé. Bienvenido sea. Me importa poco, pero yo creo que su ensayo “El ser y la nada” está al menos incompleto.

Tranquilamente podría titularse “El ser, la nada y la rubia platónica que esta en la barra de un bar y que después no vas a querer ver más” (Habría que sintetizarlo, eso sí.)

Son tiempos difíciles para el amor. La vorágine nos chupa e indefectiblemente terminamos militando en el escepticismo sentimental. En fin, Calamaro, uno de los músicos mas romanticistas que he visto, ha dicho cosas muy coherentes y otras no tanto, pero sin dudas lo mejor que le escuche decir fue que no se puede vivir del amor.

Personalmente, creo que para embanderarse tras una afirmación de este tamaño, primero hay que haber sabido que es el amor. Uno, en esta esfera no es ateo por naturaleza, sino artificialmente. Es decir, que se transforma en anarquista luego de haber tenido un desengaño amoroso importante. Agnóstico no se nace, se hace.

Y aquel que todavía no encontró el amor, lo esta buscando para en todo caso, convertirse después en un fundamentalista taliban en busca de Cupido. Al que en uno de los actos más injustos en la historia de la humanidad nunca demandaron por portación ilegal de armas. Ser su gangster de la guarda, el sueño dorado de papá que se divorció al año de conocer a mamá.

Esto, claro está, descartando a los que son correspondidos amorosamente y militan del otro lado del río. Los que “son felices y comen perdices” (y todos odiamos). Los que cuando se pasen de nuestro lado, le vamos a repetir una y otra vez que nosotros ya sabíamos como iba a terminar con esa loca, que se lo dijimos y que nunca nos quiso escuchar, que tenía várices, además del 100% de la culpa de su calvicie. Es causa y es efecto.

Ok, aceptemos la parte de culpa que nos toca. Solemos vender un producto que no podemos llevar adelante y la construcción teórica es desde la partida: utópica e insostenible. Tampoco esperen flores de los que recibieron palos, sabido es que la rabia nunca murió.

Al igual que Antoine De Saint-Exupéry en el prólogo de El principito, pero a diferencia de que lo hago en el párrafo final, voy a pedir perdón. No a los niños como lo hizo él, sino a aquellos lectores que en la actualidad experimentan flotar en el auge del ecosistema conyugal. A ellos, les pido que sepan disculpar la acidez y el bajo nivel de autocrítica.

Tengo para objetar, no obstante a mi favor, lo mismo que Freud dijo luego de que un limitado público de lectores leyera por primera vez “La interpretación de los sueños” allá por 1900, “reconozco que mis ideas son odiosas y conducen al desánimo”.

Asimismo, prometo -aunque a nadie le importe- otro día hacerme cargo de los muertos que aun respiran en mi placard. Del mismo modo, me comprometo en un futuro no muy lejano (imperfecto quizás), cambiar mi postura trágica de eso que llaman amor.

Hoy no.
Me duele la cabeza.

domingo 14 de septiembre de 2008

EL ROCK NO ES UN TARADO DROGADO

El rock no es un tarado drogado. La cita corresponde a la última entrevista que Luis Alberto Spinetta dio para la revista C del diario Crítica. Spinetta la utilizó para definir el rol que el rock ocupa en la actualidad frente al surgimiento masivo de otros géneros musicales; y los de la revista C, utilizaron la frase para titular la nota.

Humildemente y desde mi punto de vista, creo que la frase sirve también, para enmarcar la concepción que los medios y el común denominador de las personas han adoptado de Charly García.

Más allá de los desbordes de García que -sin lugar a dudas- merecen su debida atención. No puedo evitar infundir cierto esbozo de desagrado frente a la banalización de alguien que marcó a fuego la cultura del rock nacional y redefinió los espacios y las formas de comprender la música y ejecutarla, al menos con veinte años de adelantamiento conceptual.

La semana pasada, leía una nota de contratapa del mismo diario en donde el fundador de Cerdos y Peces, Enrique Symns, aseguraba que el periodismo terrorista se había encargado de convertir a los consumidores de cocaína en depravados peligrosos o en víctimas de una enfermedad mortal.

En este sentido y siguiendo la línea editorial del autor, hay dos personajes que saltan a la vista del entorno nacional y supieron encasillarse dentro de estos parámetros. El primero de ellos es Diego Maradona, quien encarnó el rol del consumidor arrepentido y enfermo. El segundo es Charly García, quien desde el bando opuesto, exteriorizó su adicción y se hizo cargo de los desmanes provocados del consumo reincidente.

Desde el salto a la piscina desde un noveno piso y los destrozos en el hotel Hyatt o Solaz de Mendoza, pasando por la imagen de una cara destrozada tras un show en la trastienda donde el músico pretendía pasar 24 horas tocando, hasta la confirmación del parte médico que lo declaró con un cuadro de neumonía, desnutrido y psicológicamente desbordado, todo parece caer en el embudo facilista de la trituradora de ídolos.

Hace un tiempo a esta parte que García sólo es noticia por sus escándalos. Pero eso no significa que sólo haya echo escándalos, eso significa que la prensa terrorista prioriza hacer foco en ellos y no en la otra parte que produce e intenta generar nuevos espacios. Los medios se volvieron excesivamente dionisiacos con García. Y eso, no es exclusivamente una operación mediática realizada con Charly. La picadora de carne también opera a distintas escalas y con otras personalidades.

No importa la figura, cambia la cara pero no la forma y el ejecutante. Es el mismo periodismo que se agolpó contra la puerta de entrada de la quinta de Maradona en 1994 y después lo crucificó porque este les disparó con un rifle de aire comprimido para que lo dejaran tranquilo.

El periodismo talibán se encarga de mostrar y reforzar el lado monstruoso de las figuras, pero se indigna y se victimiza cuando las mismas actúan de forma monstruosa contra ellos. Bancate ese defecto.

No hace falta profundizar la cuestión para saber de que se habla, la prensa terrorista se regodeó con su imagen boca abajo, maniatado y balbuceante, con secuelas de sangre en los pies y la espalda en junio de este año. Pero la catarsis mediática de García, evoluciona desde hace tiempo. En abril del 2007, una foto de Charly aparecía en la tapa de la revista 7 días y se titulaba “Síndrome Diego”, la bajada de la misma alegaba: “Como el Diez, está arrasado por el alcohol. Se peleó a cuchillazos con su hijo Migue, encerró a 5 prostistutas, les quedó debiendo $10.000 y estuvo internado 48 horas en secreto. A los 56 años, entre el psicótico adolescente y el suicida adulto”.

Para algunos especialistas, García experimenta el síndrome del fade out. Su vida se va apagando, al igual que el recurso que los músicos utilizan cuando no le encuentran un final apropiado a una canción y en consecuencia le bajan el volumen. Para otros, las actitudes de García se generan debido a que la cocaína succionó toda la adrenalina de sus neuronas.

Fue Luca Prodan quien una vez le dijo al mismo Symns las invariantes del consumo desmedido, “la heroína por lo menos te mata, la cocaína te acompaña hasta la muerte.” Eso, es algo con lo que García tendrá que convivir y que es inseparable al personaje. Como también lo es, que los medios siempre hagan foco en los destrozos que ocasiona.

No es la primera vez que García sufre una internación. Hace 14 años, su madre lo recluyó en un manicomio con chaleco de fuerza incluido. El episodio se ganó el repudio del músico con su familia. También sufrió otros encierros, que fueron secretos y que duraron apenas días y no semanas, como aquella otra internación en una clínica de desintoxicación o la actual en el instituto Avril de Almagro, donde valga la redundancia, Maradona se recuperó de su última crisis. Los paralelismos asustan.

¿No te da miedo vivir así? Le preguntaron en el 94 a Charly. A propósito, el artista objetó: “No, me gusta, es parte de la religión. Los que tienen miedo se van antes. Lo que pasa es lo de siempre: si me tiño el pelo o si me interno, soy tapa de los diarios. Si me dieran la mitad de ese espacio cada vez que saco un disco, vendería millones”.

La cita reflota en la actualidad con más vitalidad que nunca. Hoy García tiene un disco sin estrenar y a medio terminar circulando por Internet. La prensa sólo se hizo eco del mismo, como complemento de una pelea entre él y su hijo Migue. Say no more.

Hoy Charly se siente solo, en su última nota dada para la revista Rolling Stone, asegura que las únicas personas que no lo cagaron en la vida fueron las putas, la policía y sus fans.
Lo acusan de coquetear con la muerte. Cuando ésta le llegue, seguramente dirán que fue un genio incomprendido. Para ese entonces, los medios ya habrán saceado sus miasmas y se subirán al vomitivo transe de informes recordatorios y notas en su memoria. En vida nunca lo cuidaron, pero se van a jactar de que sí.

Charly no es un tarado drogado que divierte a la gente, mientras el público medio, desde su sofá, se asusta o se ríe de lo que desata a la salida de un show o puertas adentro en un camarín.

Verte así no es el modo de verlo, esa es la rapsodia de los que decoran el tiempo. Porque como dijo Spinetta para la Inrockuptibles de Agosto: “Si un artista no se respeta a sí mismo, a fondo, se mutila. Y luego no aparecen las alas… Nunca más”.

miércoles 10 de septiembre de 2008

JUSTIFICAR A CUALQUIER PRECIO


Justificar. Acá radica el meollo de la cuestión, en justificar. Cometer un acto y encontrar una causa justa -si es posible noble- que lo haya motivado. Es la clave del éxito. El fino arte de separar a la conciencia de la culpa.

Y así pasan los años y vivimos justificándonos, incluso en los actos más insignificantes. Desde haber robado un caramelo, hasta incurrir en un engaño corruptivo, siempre hay un argumento dispuesto a salvarnos o a morir en el intento.

Por esas cosas del destino, -inexorablemente o no- las justificaciones pasan y quedan los hechos, y son estos los que nos convierten en verdugos y víctimas, en jueces y juzgados, los que determinan que seamos el Lennon de Nixon o el Maradona de Shilton. Pero la vida, es una cadena parecida al Darwinismo social, en efecto, siempre hay un pez más gordo y con intenciones nefastas respirándonos en la nuca. Siempre habrá un Chapman para un Lennon, dispuesto a dispararle cinco veces por la espalda; siempre habrá un Havelange dispuesto a cortarle las piernas a un Maradona. Después vendrán las justificaciones, las condenas, las pruebas, las indulgencias, el humor ácido, la extremaunción o los llantos. Lo cierto es que lo hecho, hecho está.

Y como si con la injusticia no alcanzara, la impunidad se cierne sobre ellos a la hora de su juicio final. Afortunadamente para sus ideologías y sus actos, estamos en el siglo XXI y ya no existen hogueras que consuelen la herejía, con lo cual, Juana de Arco estaría a salvo, a no ser que tenga la misma suerte que Sadam Husein y sea juzgada por un tribunal pro yanqui, siendo condenada a una de las decisiones mas retrogradas en la actualidad: Morir en la horca.

Juan Manuel de Rosas aplaudiría de pie el fallo, mientras un hilo de baba haría equilibrio en su boca, y Esteban Echeverría, tendría al alcance de su mano la oportunidad de llevar a cabo una nueva edición de “El Matadero”, esta vez algo más taquillero, con efectos especiales y latiguillos de índole “Hasta la vista babe”. Ya puedo vislumbrar él titulo: “El Matadero Reload”.

Sofovich se frotaría las manos escatimando con la posibilidad de llevar el proyecto al teatro de revista y repartir los papeles en plena calle Corrientes, entre Florencia de la V y Rolo Puente. Nazarena Vélez abstenerse. Adrián Suar, en cambio, analizaría la posibilidad de una miniserie o un unitario, una vez por semana, al término de “Bailando por un sueño”. La frivolidad al pie del cañón.

Pero lo frívolo es superficial y su justificación muere al apagar la tv. Se desvanece. Para la tranquilidad de Lovecraft, ese mundo lindante pero quizás completamente alucinatorio, es efímero. En consecuencia, volvemos a la realidad, aceitamos los mecanismos que nos permiten vivir, que no son otra cosa que una serie de hechos justificados, de los cuales a la brevedad, se desprenderá su justificación, dejando al desnudo al hecho, que al fin y al cabo, es lo único que importa. Porque lo hecho, hecho está.

Entonces, apelamos al ejercicio de olvidar y luego al de la memoria. Nos sometemos a esta dicotomía, circulamos por sus límites, vamos de un lado a otro. Reposamos en la memoria para acordarnos de viejas buenas etapas y automáticamente, recurrimos al olvido, para tratar de borrar de nuestras mentes aquellas palabras que no queríamos escuchar, en momentos inoportunos y en tiempo y forma equivocada. Es cierto, nos gustaría volver el tiempo atrás, pero lo hecho, hecho está.

Aunque parezca mentira, el mismo sistema también parece regir las leyes que dictan el comportamiento popular.

Jorge Rafael Videla justificó el asesinato de 30.000 personas con tres palabras: “Algo habrán hecho”. La justificación se deshizo en el aire porque nadie podía devolverles la vida a esas 30.000 almas. Lo hecho, hecho está.

En mayo de 1977, un grupo de madres con un pañuelo en la cabeza caminaban en ronda en plena Plaza de Mayo. No jugaban al huevo podrido; pedían por la aparición de sus hijos de los cuales no sabían nada.

Al respecto, el mismo Videla dijo que eran desaparecidos. “No tienen identidad”. “No están”. Toda una novedad por cierto. La argumentación volvió a caer, esta vez por inercia. El hecho sigue en pie, las Madres no se olvidan, hacen memoria, exigen juicio y castigo y lo pueden explicar mejor. Pero lo hecho, hecho está.

Con la misma facilidad, aplaudimos el mundial 78. ¡Y que justificado estaba!, era causa nacional y
nunca habíamos sido campeones de nada. De la misma manera, en 1982 apoyamos la guerra de Malvinas, nos movilizamos, compramos chocolates y tejimos abrigos de lana porque había que morir por la patria. ¿Qué mejor justificación que esa? Ninguna.

En efecto, allá fueron los pibes de dieciocho años, que tenían edad para pelear en una guerra, pero no para casarse. No importa, porque lo hecho, hecho está.

En agosto de este año, el represor Antonio Domingo Bussi declaró ante el tribunal que lo juzga junto a Luciano Benjamín Menéndez por la comisión de delitos de lesa humanidad a partir del secuestro, tortura y desaparición del ex senador provincial Guillermo Vargas Aignasse en 1976.

Para Bussi, la figura del desaparecido es "un arbitrio psicológico" de las organizaciones "terroristas", y además justificó su accionar amparándose en que el país estaba por entonces "en guerra". Como si fuera poco, Bussi se consideró un perseguido político con lo que no sólo justifica sus actos, si no que además se cree víctima. Aunque no piensa lo mismo de las personas que mató, secuestró y torturó. Lo hecho, hecho está.

Hoy Bussi está condenado a prisión perpetua, con la salvedad de que tiene 82 años y el ex jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez -que corre la misma suerte- tiene 81. La justicia les llegó en forma lenta y fraccionada, hubo que esperar más de 30 años. Sus abogados interpelarán para que la prisión sea domiciliaria. Que sea como sea. El orden de los factores no altera el producto porque lo hecho, hecho está.

Ante nuestros ojos, vimos los juicios de la verdad, el exterminio de nuestros mejores ideales, nos fumamos los indultos y las leyes de obediencia debida y punto final. Vimos a las madres marchar en ronda, festejamos sus treinta años. Vimos descolgar los cuadros de la ESMA, fuimos testigos de la justicia lenta y fragmentada y todavía nos preguntamos: ¿dónde está López?

En cada uno de estos casos, cada individuo en particular priorizó un ejercicio sobre el otro, sea el de la memoria o el del olvido. La elección del mecanismo pasa a segundo plano, también las justificaciones de la misma, o el motivo de su pensamiento. Nos gustaría volver el tiempo atrás, pero lo hecho, hecho está.

viernes 5 de septiembre de 2008

LOS DINOSAURIOS


Hay una constante que parece regir el conflicto entre el gobierno y el campo. La misma, circula entre la mutua acusación de no ser democráticos en tiempos de democracia. Si el campo corta la ruta coartando la libre circulación de los argentinos con autos y plata para pagar un pasaje en un micro de línea, el campo es antidemocrático y hace lo que se le canta. Si el gobierno no baja las retenciones impuestas caprichosamente y no se muestra permeable al diálogo, en consecuencia, el gobierno es antidemocrático y por deducción y sentido común, también hace lo que se le canta.

Rousseau tendría para hacerse un festín ante las innumerables redefiniciones que está sufriendo en la actualidad el concepto de democracia. Si viviera, el suizo probablemente diría lo que dijo en su época en el contrato social y que le valió su exilio a Neuchatel. “Sólo la voluntad del pueblo pude constituirse en ley”. Ahora bien, traspasada esta idea a la situación actual del conflicto que respira nuestro país, el problema mayor radicaría en que las facciones enfrentadas entre sí, eligen para representar la porción del pueblo que les favorece, y no al pueblo en su totalidad.

Y como para Rousseau, la voluntad general es indivisible, y por ende, no está en condiciones de ser representada, el intelectual de la revolución francesa tendría que ir a llorarle a Napoleón, porque en este país se muere de hambre; o en su defecto, si sería contemporáneo al siglo XXI, tendría un consuelo un poco más decoroso, algo así como un exilio pago en algún hotel cinco estrellas de Punta del Este, la isla Martin García del siglo XXI.

Pero lamentablemente, en Argentina lo más parecido a Rousseau que tenemos es un barrabrava de River Plate que se llama Adrian, y que está procesado por matar a otro Barrabrava del mismo club, llamado Gonzalo Acro. Es lo que hay, ¿viste?

Para el gobierno, el campo tiene actitudes golpistas. Por ende, el campo quiere voltear un gobierno elegido por la voluntad popular en un acto democrático como el sufragio. Y aparte, como dijo nuestra señora presidenta “a ellos no los eligió nadie”. Resultado: El campo es militar. Para el campo, por el contrario, el gobierno elige caprichosamente sin consultar la voz del pueblo que lo votó, las medidas que va a aplicar sobre el mismo. Deducción: El gobierno es autoritario. En el medio: la gente.

Son anticonstitucionales, fachos, dictadores, nazis, totalitarios, pichones de Hitler y Mussolini. La retórica del conflicto nos empalaga queriéndonos hacer creer que el fantasma de Massera se proyecta sobre el bando opuesto. Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla. Amén.

Cada cual atiende su juego, algunos con cacerolazos y cortes de ruta que resurgen cada vez que a la clase media y alta le tocan el culo, pero nunca cuando desaparece López, o no se les aumenta el básico a los docentes. Otros con De´ Lía que camina por la calle y te pega, parodiando una versión berreta del Street Fighter. Detalle este, que fue observado por nuestro Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y mejoró la versión reclutando a “Acero” Cali para demostrarnos que él la tiene más grande… a la billetera y puede pagar al que la tiene más grande. Ah, y por cierto: ¿de qué lado estará Cali? En el medio: la gente.

Entonces, hay un escalofrío que se nos torna inevitable experimentar y comenzamos a sentir eso de lo que ya fuimos testigos y que el investigador psíquico francés, Émile Boirac, definió como déjà vu o paramnesia. Nos desdoblamos y nos hacemos la incansable pregunta que gira en torno a averiguar si a esto ya lo vivimos o no. Efectivamente, a ésta película ya la vimos. Ayer, hoy y siempre, en el medio: la gente.

Pero no todo está perdido, la filología latinoamericana nos da una mano en la difícil tarea de entender el presente que azota. Como por arte de magia, las cosas que se escribieron ayer parecen conservarse en un vaso formol y estar frescas como una lechuga para metaforizar la realidad de hoy. La literatura es el mejor ejemplo de ello porque a las palabras se las lleva el viento, a las dichas, las escritas, no. Están ahí, solidas, estampadas y no se despegan al primer lavado.

Alguna vez, el guatemalteco Augusto Monterroso escribió: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía allí”. El relato parece un buen ejemplo para delimitar los límites por los cuales circularon históricamente los conflictos en nuestro país. Pase lo que pase, los dinosaurios siempre conviven con nosotros. Nos despertamos y el dinosaurio está allí, vigente, renovado y reticente a la idea de convertirse en fósil. La muerte, el hambre y él, en Argentina nunca pasaron de moda. Nos sirven el desayuno.

El texto breve de Monterroso, además de una metáfora, por momentos fue y de hecho es, un buen intento por escribir el cuento más corto del mundo. Aunque nunca pudo superar a Hemingway, que escribió: “For sale: baby shoes, never worn” acortando en una palabra el esfuerzo, ahora vano, del guatemalteco.

Habría que redefinir esta cuestión de quien tiene la patria potestad de la historia más corta del mundo, porque si mal no recuerdo, Charly en “los dinosaurios” escribió “los dinosaurios van a desaparecer”. Tan sólo cinco palabras. Apabulló de esta manera a “el dinosaurio” de Monterroso y le ganó contundentemente a Hemingway. Cinco palabras le bastaron a García para reflejar la realidad y crear un cuento, aunque tal vez a eso, él, aún no lo sabe. Esa es otra historia.

“Los dinosaurios” de García, salió en plena apertura a la democracia en el disco Clics modernos. De este modo, Charly hacía referencia a aquellas personas que se encargaron de llevar adelante la dictadura militar entre 1976 y 1983. Supongo que a la letra la tendría escrita hace mucho tiempo atrás, pero que por razones obvias nunca pudo publicarla.

Hoy como el ave fénix, la metáfora de García renace en boca de las partes que llevan adelante el conflicto entre el agro y el gobierno, con la diferencia que el dinosaurio que ellos ven, siempre está representado por el bando contrario. De más está decir, que esa no era su intención.

Todos ven un dinosaurio en el oponente, pero los verdaderos dinosaurios, los de García y Monterroso, los que son y no se proyectan, siempre están allí o en su defecto van a desaparecer. Obvio, éstos no se alimentan de los que forman parte de un bando u otro. Éstos, se alimentan de los que están en el medio: de la gente. Ayer, hoy y siempre.

Al fin y al cabo y volviendo un poco a las raíces de todo esto, Rousseau tenía razón. “El hombre ha nacido libre, y por doquiera se halla encadenado”

jueves 28 de agosto de 2008

LA ESPERA


“La espera es un abuso de conciencia para el que espera porque sabe que está esperando y no puede evitar asumir el rol del ausente, imaginando diálogos que nunca se producirán, porque el fastidio de la espera hace evidente que el ausente es posible sólo si lo esperan”.

Adolfo Castello.

La vida es una sucesión de instantes encasillados en la eterna atmósfera de la espera, una de las actividades que con más frecuencias suele realizar el ser humano a lo largo de su vida. Hay tres actos que son involuntarios y exceden al hombre; el primero es respirar, el segundo es esperar, el tercero es ver Futbol de Primera.

Es inevitable. Uno espera para nacer y espera para morir, espera para tomar un taxi, para sacar una entrada o conectarse a Internet. Incluso yo, estoy escribiendo esto para matar el antipático tiempo que me separa de eso que estoy esperando, pero que no sé cuanto mas tendré que esperar para dejar de esperar eso que espero y pasar a esperar otra cosa.

La espera es el fino arte de separar al hombre de la paciencia, la mejor forma de engordar y el principal ley motive de los embarazos en el siglo XXI. Cazate esta Borges, no sólo los espejos y las copulas son abominables, la espera también lo es, porque al igual que los otras dos cosas, reproduce el número de las personas. Retractate.

Pero la espera, no es un simple estado asexual que experimenta el ser humano. Es algo más complejo. Es un organismo pluricelular con sistema nervioso y motricidad propia, que tiene la capacidad de meterse por donde sea en la conciencia de los hombres, perturbando su estado de tranquilidad hasta hacerlo enloquecer de desasosiego o sumergirlo en una dieta de ansiolíticos.

Sea como sea, esperar no es para cualquiera. Hay que estar preparado mentalmente para soportar la aburrida parodia del lapso de una espera. De otra forma, ¿cómo se explica que tengan tanto éxito los chicles y el Rivotril?

Nos cuesta asumir el rol de lo ausente que es posible sólo si lo esperamos o si dependemos de los ansiolíticos. Caso contrario, dejaríamos de esperar eso que dejó de ser ausente para empezar a esperar otra cosa que ocupe ese rol, aunque seguiríamos teniendo la boca pastosa de los ansiolíticos, y en consecuencia, esperaríamos la llegada de otro vicio que se ubique en la jerarquía que a esta altura profanó el Rivotril.

Desde el vuelto del kiosco, hasta un “te quiero”. Todo debe pasar por el peaje de la espera. ¿Cuánto tiempo de nuestras vidas perdemos esperando? ¿Cuántas decisiones estúpidas tomamos mientras esperamos? ¿Cuántas acertadas? ¿Quién nos espera? ¿Qué cosas en nuestras vidas vamos a morir esperando que lleguen? ¿Cuáles no? ¿Qué estas esperando en este preciso instante?

La espera debe ser tema de agenda en la próxima cumbre de la Naciones Unidas. Es una falta de respeto que problemas de esta envergadura y que afectan a millones de personas en común, ni siquiera sean tenidos en cuenta por los principales hombres que rigen los destinos políticos y sociales de la humanidad. Merece la misma importancia que otras cuestiones que ya se han tratado, como la escasez de agua o el terrorismo de Estado. Se necesita con suma urgencia la invención de la teletransportación y el detector de cosas que se esperan en vano, para poder invertir el tiempo en la espera de cosas más palpables.

Por otra parte, ni el capitalismo ni la biblia nos han dado la fórmula para afrontar la espera, y ambiguamente no les tembló el pulso para alimentar la burocracia: el principal desdoblamiento esquizofrénico de la espera y a través del cual se le suele jugar bromas muy pesadas al hombre medio, que está solo y espera. Pregúntenle a Scalabrini Ortiz, o si no, intenten pagar la boleta de luz en el Banco Provincia un viernes a las 11 de la mañana.

Es la causa de la superlatividad de la imaginación, la taza de café vacía, la esperanza de aguardar por lo imposible, la impostura por el mensaje que no se recibe, el teléfono que no suena, la puerta del bar que no se abre, la novedad que nunca sale en el diario. Es la seña de Villari a sus asesinos antes que cometan el crimen, la espalda de cara a sus ejecutores, el instante que se permite y le permiten, la espera de la bala que va a atravesar su cuerpo. La magia en la que estaba, antes de que lo borre la descarga.

Luca Prodan lo sufrió, no sabía lo que quería pero lo quería ya. No soportaba la espera. Quizás acá, tengamos la respuesta de su adicción a la heroína y la ginebra. No lo sabremos. Al menos, le pudo escapar a los ansiolíticos.

Ahora bien, si yo no esperara eso que espero para pasar a esperar otra cosa que nunca va a llegar o que en el mejor de los casos va a saciar mi conciencia por unos instantes, hasta que mi famélica ansiedad de esperar vuelva a atormentar mis sentidos: ¿Qué clase de finalidad tiene nuestro paso por la tierra?

Ahora que lo pienso bien y empiezo a redefinir mi estirpe: Es quizás el rol que ocupa lo ausente lo que le da sentido a la existencia de los que vivimos soportando la espera de lo inesperado. Espero que así sea.